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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

La Palabra en el Ojo - La Argamasa

LA PALABRA POÉTICA Y SUS ESTIGMAS XV
Walt Whitman
¡Adiós, fantasía mía!

¡Adiós, Fantasía mía!
¡Adiós, querida compañera, amor mío!
Me voy, no sé adónde
ni hacia qué azares, ni sé si te volveré a ver jamás.
¡Adiós, pues, Fantasía mía!

Déjame mirar atrás por última vez.
Siento en mí el leve y menguante tic tac del reloj.
Muerte, noche, y pronto se detendrá el latir de mi corazón.

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DE HOMBRES, MUJERES Y OTRAS ESPECIES
Historia de un desencuentro
Victoria_seccinAhí está. Desgarbado y apurado, como siempre. Sacando pecho como si fuera a comerse el mundo pero enteramente vestido de gris. Su vida es gris, su mente es gris, su capacidad para amar, entregarse y tomar decisiones es gris.
¡Cómo amé a este hombre! Un poco lo quiero, aún. O es un dejo de tristeza por lo que podría haber sido y no fue sumado a un toque de lástima y a una pizca de desilusión. La receta perfecta que me dice que hay que terminar con esta historia. Y el balance, además, suma más lágrimas que carcajadas… no cierra.
No puedo comprender aún de dónde sacó el coraje para separarse. Casi dos años esperando me tuvo. Esperando y sufriendo. Jurándome amor eterno pero sin valor siquiera para decirle que salía con los amigos y escaparse conmigo por un rato. Besuqueándome como un adolescente en la plaza más cercana a la oficina y soñando en voz alta con un futuro que ya llegaba… ya llegaba.
Me sonríe y casi, casi se le ilumina la cara. Pero siempre algún asomo de duda, alguna inquietud, algún temor impide que su rostro se vea enteramente feliz. Y yo, que me puedo estar muriendo de dolor o de angustia, pero siempre tengo la carcajada presta. Tan distintos…
Me abraza con amor. Es amor, lo sé. Pero parece que ya no me alcanza. Me mira a los ojos y me cuenta que este viernes empiezan sus vacaciones. “Quince días para disfrutar de mis hijos y para al fin, comenzar a gozar de nuestra historia”, dice. Y me besa mucho. Y me acaricia mientras habla. Y está seguro de su discurso de hombre enamorado y convencido de sus actos.
Lo dejo hacer y hasta me entusiasmo un poco. Sigo siendo apasionada y crédula. Pero en el fondo no le tengo mucha fe. Creo que me esperan quince días de espera junto al teléfono, de vestirme, peinarme, maquillarme para él y que, otra vez, me vuelva a llamar para decirme que no tiene fuerzas, que está deprimido, que los chicos lloran cuando los deja y eso lo mata, que prefiere quedarse solo mirando girar el ventilador de techo y llorando en lugar de buscar mi consuelo. No tengo más ganas. Definitivamente esto se terminó.

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LOS LIBROS Y SUS LÍNEAS OBLÍCUAS XXIII
A la deriva
a_la_derivaEl hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.

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LA PALABRA POÉTICA Y SUS ESTIGMAS XIV
Octavio Paz
La poesía

¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?
Llegas, silenciosa, secreta, armada,
tal los guerreros a una ciudad dormida;
quemas mi lengua con tus labios, pulpo,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia sin fin
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.

El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.

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DE HOMBRES, MUJERES Y OTRAS ESPECIES

De_hombres_mujeres_y_otras_especiesAmores locos

Jorgito era el “loquito” del pueblo.  Con algo más de veinte años y un nacimiento gracias a un parto complicado, tenía una mente de un nene de primaria en un cuerpo de hombre. Era chocante escucharlo hablar entre balbuceante y tartamudo expresar sentimientos y sensaciones algunas veces de niño, otras de hombre.
Provenía de una familia muy humilde, tan humilde que incluso él tenía que trabajar. Todos los días, ni bien amanecía, luego de tomar el mate cocido calentito que le preparaba su mamá, se calzaba su ropa favorita (siempre la misma camiseta desteñida de Boca), se montaba a una desvencijada bicicleta roja y se dirigía al único diario de la ciudad donde retiraba una pila de ejemplares para repartir entre sus clientes.
Invariablemente los vendía a todos. Algunos porque la gente pretendía informarse a través del pasquincito; la mayoría por el afecto que sentían por el joven.

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