Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VI El cuento, su estructura

Consigna T 2 Escriba tres textos breves con los temas más abajo transcriptos. Cíñase exclusivamente al conflicto, no aborde otras instancias narrativas. (Máximo ½ página cada uno)

1. el personaje y su oposición a la sociedad de su tiempo.

2. El personaje consigo mismo.

3. el personaje contra su entorno familiar.


1. El personaje y su oposición a la sociedad de su tiempo:

EL PAREDÓN

La imagen que tiene es la de un alto paredón blanco. De un lado del paredón están “ellos”. Del otro lado está “él” y millones “como él”.

           ¿Quiénes son “ellos”, los de aquel lado del paredón? Son políticos, empresarios, jueces, periodistas famosos, personajes top de la farándula, millonarios históricos, nuevos millonarios, deportistas exitosos, modelos, en definitiva, el segmento ABC1 de una sociedad que la nota cada vez más desigual.

De este lado del blanco paredón está “él”, acompañado por millones de “él”. ¿Quiénes son? Son obreros, empleados, comerciantes, amas de casa, jubilados, desocupados, estudiantes, en fin… los que evidentemente no están en el segmento ABC1.

De aquel lado hay una gran fiesta, se escucha la música estridente, imagina que allí están todos bailando, bebiendo, disfrutando. De su lado, hay poco tiempo y margen para los festejos, todo es muy esforzado y muchas veces sin recompensa.

Recordó las pocas veces que su lado del paredón comenzó a mejorar y con ello lograr -treparse y, en principio, poder mirar un poco del otro lado y así confirmar la teoría de que había una fiesta. Pasó luego que en cuanto existió la posibilidad de poder saltar al lado opuesto y no quedarse solo mirando, no hubo chance. Personal de seguridad, con violentos mazazos los bajaron rápidamente, los devolvieron a su lugar, con sus pares, de dónde el grupo privilegiado piensa que nunca debieron haber salido.

De vuelta con sus pares y en su lado del paredón, reflexionó y se dio cuenta que ellos eran millones y del lado festivo eran apenas unos miles.

Millones desatados serían incontenibles. ¿No sería el momento de tirar abajo el muro?


2. El personaje consigo mismo:

LA DECISIÓN

Volvía en el tren pensando en que no quería ser contador. Odiaba los números casi tanto como a River y dejar la universidad era una decisión tomada, pero qué difícil decírselo a los viejos, ellos soñaban con el título colgado en la habitación.

Agustín y Carmen, una vida llena de sacrificios y privaciones para que nada les faltara ni a él ni a su hermano y donde el estudio fue prioridad por sobre todas las otras cosas.

El viejo, un laburante todoterreno, que además de su trabajo en el Correo había conseguido esa changa los domingos en el club judío para poder terminar la casa. La vieja que también aportaba lo suyo y ayudaba a la prima Ana en la peluquería los sábados. Paga extra, durante muchos años que se utilizó para poder pagar la cuota del Parroquial. De esa forma, ellos estaban convencidos que les estaban dando a su hermano y a él una mejor educación que a la mayoría de los demás chicos del barrio.

Todo les había costado y mucho. Nunca tuvieron auto y las vacaciones familiares no supo de muchos kilómetros recorridos, ni de conocer lugares exóticos. El orgullo de ellos fue tener la casa propia, poder mandarlos al Parroquial y que nada les faltase.

Y así fue. Pero él no cree soportar otro año en Económicas. Está convencido de que su vocación pasa por otro lado: como las letras, el periodismo, la filosofía…, no lo tiene muy claro aún, pero no son los números. Hoy debe decirles que abandona, basta de condicionar su vida por mandamientos ajenos.

Bajó del tren y caminó las diez cuadras hasta su casa, pensando en qué forma anunciarles la noticia, pero sería hoy y ahora, basta de dilatarlo. Cruzó el portón de entrada, atravesó el jardín y como cada atardecer de primavera, bajo el parral, estaban sus padres tomando mate.

Carmen, casi saltando de la silla, le alcanzó un mate al tiempo que lo saludaba con el conocido: —Hola, hijo, ¿cómo te fue hoy?

Con su mejor sonrisa, la abrazó fuerte y respondió sin dudar:  —Fabuloso, viejita, me anoté en tres materias para este cuatrimestre.


3. el personaje contra su entorno familiar:

REGANDO IRA

Después de una semana que desde lo laboral estuvo llena de sinsabores, dedicarse el domingo a limpiar la piscina y regar el jardín lo toma como estar en el paraíso después de haber pasado por las cercanías del infierno. Ni siquiera la visita de sus suegros para almorzar podrían sacarlo de su tarea, que la sentía mentalmente muy relajante.

Tarareando la música que sonaba en la radio, estaba en esa plena tarea al aire libre.  Así que, aprovechando el agua de filtrado que salía con potencia de la bomba, direccionó la manguera para hacer rebotar el agua contra la pared medianera y que esta cayera, en forma de cascada artificial, sobre las plantas y flores del prolijo cantero.

De golpe, rompiendo esa calma, escucha la voz aguda de su suegra que, gritando por encima de la música, imperativamente le espetó: —Andrés, con la potencia que sale el agua vas a romper las plantas.

—Tranquila, Sara, ¿no ve? El agua pega contra la pared y riega el suelo perfecto, sin potencia —fue su tranquila respuesta.

—¡El agua sale muy fuerte, vas a arruinar las flores que están hermosas! —fue la respuesta de Sara, nuevamente gritando, sin siquiera mirar la forma en que caía el agua.

—Sara, ¿no me escuchó? El agua pega contra la pared y riega el suelo perfectamente, sin romper nada —levantando él ahora el tono de voz.

—¡Hija, tu marido te va a arruinar todo el cantero con la fuerza del agua de la pileta! —vociferó su suegra, pero cambiando ahora drásticamente de interlocutor.

Y si hablamos de agua, esa fue la gota que derramó el vaso. Sin esperar alguna reacción o palabra de su mujer, un Andrés rojo de ira tiró la manguera al piso y dirigiendo una furiosa mirada a su suegra le contestó rugiendo:

—¡Sara, esta es mi casa, mi jardín, mi agua, mi cantero y riego como se me canta!  Si no le gusta, pueden tranquilamente con Tito ir a almorzar a otro lado —para tomar nuevamente la manguera y seguir con la tarea que había quedado abruptamente trunca.

—Al final, ¿tengo que pensar que por suerte mañana es lunes? —terminó su ataque de ira, dirigiendo el parlamento ahora a Katia, su mujer.

Su almuerzo fue soñado, con Katia, tomando un buen Malbec y escuchando su música preferida.

 


Consigna T 5 A partir de los datos del inicio que se transcribe, organice una trama y escriba un relato. (Máximo 1 pág.).


El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez.

El coronel volvió a abrirse paso, sin mirar a nadie, aturdido por los aplausos y los gritos, y salió a la calle con el gallo bajo el brazo.  Todo el pueblo -la gente de abajo- salió a verlo pasar seguido por los niños de la escuela. Un negro gigantesco trepado en una mesa y con una culebra enrollada en el cuello vendía medicinas sin licencia en una esquina de la plaza. De regreso del puerto un grupo numeroso se había detenido a escuchar su pregón. Pero cuando pasó el coronel con el gallo la atención se desplazó hacia él. Nunca había sido tan largo el camino de su casa.

Raro es este lugar perdido en medio de la nada. Tiene una vida como detenida en el tiempo, lleno de gente mediocre, que transforma en mediocre al pulso de lo que es el pueblo.

Por ello, cualquier situación apenas diferente a la monotonía diaria, convulsiona a esa masa pueblerina, cansina, campechana y sin grandes ambiciones.

Tanto es así que un negro, con una culebra en el cuello, vociferando medicinas milagrosas es un acontecimiento que nadie se querría perder, pero parece que ahora todo cambió, al aparecer el único y famoso coronel del lugar con su gallo, que es mucho más famoso que él. Y el coronel avanza con la mirada perdida, caminando hacia la nada y sin soltar el gallo, sabiendo que esa masa que ahora lo seguía lo hacía pensando más en el animal que en él.

Era sabido que, siendo un campeón de riña, vencedor de los gallos más enjundiosos de ese pueblo y los alrededores cuya fama llegó incluso a la capital, todos querrían ver al “Malandra”.

Y allí avanzaban, el coronel con el “Malandra” debajo del brazo con destino incierto y detrás esa masa en procesión de pueblerinos que los seguía como quién sigue a un guía espiritual, a un astro deportivo, a un artista famoso, o incluso al enorme negro que con una culebra en el cuello vende medicinas de dudosa efectividad y que, para sorpresa de todos, también se había sumado a la caravana.

Desde la ventana del único bar que tiene este gris Sancti Spiritu, soy un testigo privilegiado de lo inexplicable que resulta muchas veces la psicología de las multitudes.

Mientras me tomo muy tranquilo una cerveza, no dejo de preguntarme: —¿Tanto lío por un gallo muerto?

Gracias a Dios, la cerveza está bien fría.

 


Consigna T 6 A partir de los datos del desenlace que se transcribe, organizar una trama y escribir dos relatos. (Máximo 1 pág., cada uno)


Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle. Conozco personas que por una llave rota o una jaula de mimbre fueron al Infierno y otras que, por un papel de diario o una taza de leche, al Cielo”.

Informe del cielo y del infierno, de Silvina Ocampo


QUÉ MÁS DA…

“Entre duda y ansiedad,

No distingo entre el bien y el mal.

Heaven or hell,

Me quedo con tu puto Infierno…”

Tronaba el equipo de música con un rock de su banda preferida y se sentía plenamente identificado con la letra de la canción, definía su estado actual.

Una pequeña habitación desordenada, con solo un par de muebles desvencijados, cadáveres de bebidas diseminados por el piso es su escenario perfecto para la danza casi tribal, que lleva adelante al ritmo de la música.

Allí está colgada y por fin abierta, la jaula de mimbre que usa como inocente pantalla para esconder ese preciado tesoro que conoce en forma de polvo mágico. Una maldita llave rota de la jaula al final no fue escollo para censurar su tiempo de gloria.

La pequeña mesa redonda y de madera tiene los vestigios del demonio que ahora irrumpe su cuerpo y lo hace entrar en el trance que periódicamente tanto necesita y desea. Nada ya le importa.

Es este el éxtasis buscado día a día, cuando olvida toda la decepción que tiene con el mundo externo que lo tortura, con un trabajo despreciable y mal pago, una vida sin vuelo, amigos que desaparecen, parejas volátiles y familia ausente desde siempre.

Allí danza, despreocupado, irracional, con pensamientos confusos, con efímeros placeres mentales pero que son el combustible que lo acercan a su estado anhelado.

No sabe si ese es un Cielo temporario o simplemente un “puto Infierno” por él elegido y del que tal vez nunca salga.

Las leyes del Cielo y del Infierno son versátiles. Que vayas a un lugar o a otro depende de un ínfimo detalle, para él en forma de polvo blanco.

Qué más da… ¿no?

 

 LA MERIENDA

A este coqueto bar, de la zona más pudiente de la ciudad, hace más de veinte años que lo siente como un refugio. Los mozos ya lo tratan como de la familia y no permiten que, después de las seis de la tarde, se ocupe la última mesa de la derecha, pegada a la ventana, esa mesa es de él.

Se sabe más odiado que amado, desde el momento en que decidió que su trabajo cotidiano sería dedicarse a la usura. Esa profesión legalmente lícita, pero de dudosa ética, es su fuente de ingresos desde ya hace tiempo.

Y precisamente en esa mesa, ha cerrado infinidad de “negocios”, de los limpios y de los otros. Salvó a mucha gente de catástrofes financieras, pero en general, el balance da como resultado que ha hundido a la mayoría de sus clientes, tanto a seres tan inescrupulosos como él como a gente honesta y trabajadora que, por los avatares y vaivenes económicos, habían solicitado sus “nefastos servicios”.

Pidió un abundante café con leche y medialunas, como cada tarde, y se dispuso a merendar, revisando la escritura de ese terreno en el oeste que acababa de ejecutarle a un pobre obrero textil, endeudado por la necesidad de solventar los gastos por la salud de la esposa, gravemente enferma.

Sin ningún remordimiento, aún le sonaban en el oído las palabras del tipo:

—Dudo que, de seguir así, usted termine yendo al Cielo, púdrase —le vomitó con mucho más deseo que odio.

Cuando estaba por comer la segunda medialuna, se acerca un purrete de no más de ocho o nueve años, con mirada triste, aspecto de abandono, con el pelo amotinado, la cara sucia y poco aseo general, que, sin rodeos, le dispara: —Señor, ¿me convida una medialuna?, no como nada desde ayer.

Generalmente, ante situaciones similares, su reacción inmediata es hacerlos echar del local, mozos mediante. Esta vez, una extraña fuerza interior le hizo sentir que debía hacer algo distinto.

—Sentate, chiquitín, merendá conmigo —fue la escueta y “amistosa” orden           que le dio al gurrumino.

—Juan, un sándwich de jamón y queso bien cargado y una abundante taza de leche tibia para mi amigo —fue ahora el imperativo pedido para el incrédulo mozo.

Al rato, estaban los dos en silencio, merendando, sin cruzar una palabra. Don Rodolfo miraba con afecto al niño que se estaba devorando feliz las vituallas recibidas.

Terminada la merienda, salieron juntos del bar, siempre en silencio, hasta que en ese instante el chiquitín soltó:

—Gracias, Don —fueron sus escuetas palabras, y sin más se retiró cruzando la calle raudamente, tal como había llegado.

Don Rodolfo quería saber más. No sabe porqué extraño motivo sintió necesidad de tener que ayudarlo, saber de su familia, si iba al colegio, en fin, cosas de su vida. Y por ello, se lanzó a perseguirlo y cruzar también la calle para alcanzarlo.

Nunca lo logró, una moderna camioneta, que doblaba a alta velocidad, lo atropella de lleno sin que ni él, ni el conductor pudieran atinar a nada. Fue un instante y todo se oscureció.

De pronto se sintió como flotando en el aire, escuchando gritos, voces, sirenas, pero no lograba ver el escenario, una luz potente lo enceguecía y pese a sus esfuerzos no lograba ver nada. Hasta que logra divisar una silueta difusa detrás de esa luz, sin distinguir si era hombre o mujer, joven o viejo. Se esforzaba para ver bien y no había forma.

Pero, desde esa silueta, escucha una voz suave que ahora le habla como si lo conociera hace tiempo.

—Bienvenido, Rodolfo, hasta último momento pensamos que te perdíamos. Ahora ya estás con nosotros, el reino de los cielos te recibe gustoso.

 


Consigna T11: Escriba un diálogo, use el signo ortográfico raya (?). Los personajes que dialogan son Ernesto, Marianela y Alfonso. (Máx. ½ pág.)


CELOS FRATERNALES

—Esa chica que trajiste aquí…, ¿estás interesado en ella —fue la pregunta directa de Marianela a su hermano.

—No lo sé —fue lo primero que atinó a decir Ernesto—. Es posible.

—Puedes conseguir algo mejor —le aseguró su hermana.

—Eso lo dices solo porque no es de alguna clase acomodada.

—Puedes conseguir algo mejor.

Dejó la habitación y la incómoda charla, llamó a Alfonso, el menor de los hermanos y lo invitó a caminar un rato y olvidar el mal momento.

—¿De la que hablaban, era la chica a la que estuvimos buscando? —preguntó Alfonso de repente.

—Sí. ¿Cómo has adivinado?

—No sé.

—¿Qué te pareció? —preguntó Ernesto, ansioso.

Alfonso calló un instante.

—Yo no le caí bien —declaró, algo apesadumbrado.

—¿Por qué lo dices? Ella no me dijo nada de eso, ni una palabra. Yo creo que sí le gustaste.

—No. Estoy seguro, lo noto.

—Seguro que te equivocas —insistió Ernesto, tratando de disimular su perplejidad.

 


Copyright©Néstor Aro

Junio, 2021.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.