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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TEC) Módulo VII Focalización

Consigna F 1 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión por detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)

Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".


Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".

Descansó las riendas sobre el asiento y descendió, el resto de las carretas también detuvieron su paso, pero (él) a fuerza de ademanes les indicó continuar. Se acercó lentamente y observó el cartel derruido, sacudió sus brazos y chocó sus palmas en un sonoro llamado. La idea de que alguien contestara a esa hora le pareció encantadora, para su sorpresa un rayo de sol que huía por esa única ventana dejo ver la silueta de un hombre gordo y calvo que se acercaba con tanta parsimonia que sus dientes empezaron a tronar a un ritmo inquietante. Lo vio cesar unos cuantos metros antes de llegar a la puerta, observó como extrajo su mano del bolsillo y con un lento vaivén lo invitó a ingresar. No era extraña la amabilidad y sin dudar se adentró en aquel alberge. No le preguntó si se le ofrecía algo, corrió la silla y agitó la cabeza como animándolo a sentarse. (Él) se sentó y aproximó el puño a su boca con un dedo gordo que asomaba robusto, al instante el calvo le trajo ginebra. Ya sentado la bebió, el cantinero arrimó una silla junto a él y se desplomó, cruzó sus brazos sobre la mesa y dibujó un acento con la barbilla, su mirada se incrustó incomodándolo. Entonces (él) le devolvió el gesto y afirmó moviendo su cráneo, sacó un fajo de billetes que depositó delante del gordo y lascivamente su comisura se elevó.  El sujeto descruzó sus brazos y arrastró la mano hasta el montículo de dinero, lo tomó y guardó en el delantal. Al instante enfatizó con un golpe de cara, pero esta vez con un gesto hierático señaló un pasillo mohoso ubicado a su derecha. (Él) giró su torso y divisó a lo lejos a una morocha acicalada que lo provocaba meneando la cadera. Se paró, se aflojó el cinturón y caminó renegrido al compás de “Palomita mía”.

 


Consigna F 2 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión con o cuasi omnisciente. (Máximo 1 pág.)

“Tengo el defecto de distraerme cuando las conversaciones se prolongan alrededor de un tema que me parece agotado.

A Diana le gustaba hablar de sí misma, pero disimulaba esta disculpable tendencia disfrazando sus experiencias personales en teorías colectivas e irrefutables”.

Historia de un amor, en Crónicas del amor, de Silvina Bullrich

 

Tengo el defecto de distraerme cuando las conversaciones se prolongan alrededor de un tema que me parece agotado.

A Diana le gustaba hablar de sí misma, pero disimulaba esta disculpable tendencia disfrazando sus experiencias personales en teorías colectivas e irrefutables.

Todo se resume a las masitas distribuidas en este plato. Servía el té mientras señalaba a aquellas que no tenían jalea. La oveja negra, una astilla en el dedo gordo, nada agradable es necesario aclarar, pero ¿qué tan instructivo hubiese sido explicarlo? Con la última gota servida observó la selección general de sabores y tiró las galletas insípidas al cesto de sobras. No hay debate si de ampliar restricciones para nuevos gustos se trata. La elección fue natural, aunque pensaran lo contrario. Y se retiró sacudiendo los rulos que pendían del tocado.

 


Consigna F 3 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista del narrador en tercera persona, visión detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)

“Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecíamos tan milagrosamente que, en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: "Las nuestras ya se reunieron". "Nuestras" en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía”.

En memoria de Paulina, Adolfo Bioy Casares


Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecíamos tan milagrosamente que, en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: "Las nuestras ya se reunieron". "Nuestras" en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.

Es incómodo, nada en absoluto resultó como esperaba. Me encerré en el recuerdo, quise… Déjeme que lo interrumpa, vivió una existencia que no pudo manejar y la aceptó. Parece encantador, pero no es real tal perfección, usted lo sabe, al menos ahora puede vislumbrarlo; ciertamente en la medida que aumentaba su disfrute, su entorno se perturbó. Es absolutamente necesario continuar, una interrupción podría ser fatal, recuerde que detrás de Paulina vinieron otros y con el paso del tiempo su aislamiento aumentó, su comportamiento para vivir de manera normal se limitó y su mujer no pudo soportarlo… una verdadera tragedia. También es posible que se pregunte qué realidad es la que prefiere transitar, lo entiendo, pero…

Él (de pronto) pestañeó, alguien lo estaba acompañando, cerró los ojos con fuerza intentando desaparecerlo, sujetó su cabeza y suavemente tironeó de sus cabellos. Poco a poco fue izando sus párpados. La habitación estaba vacía, nada se exhibía, solo una cama descuidada. A lo lejos atisbó una silueta verdosa, un hombre o una mujer. Entendió que le traían las píldoras.

 


Consigna F 4 Escriba un texto en el que el enunciado sea polifónico. (Máximo 1 pág.)

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; ¿bastará? ¿quién lleva un cuchillo en esta época, y a quién se le ocurriría morderlo? Pavadas. Venga a nosotros tu reino; la ciencia lo explica, no hay tal superstición, solo fuego fatuo, la luz resultante de la descomposición y en esta oscuridad… es demasiado brillante; hágase tu voluntad en la tierra... cerrá los ojos, no la veas; como en el cielo. ¿Se aproxima? No parece lógico, no tiene sentido, es un fenómeno químico de fosforescencia… ¡cerrá los ojos, cerralos!, ¡se aproxima, no lo veas, algo suena!… rápido; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal, ¿es una bocina? ¡Está delante de mí! ya no hay tiempo. Amén.

 


Consigna F 5 Escriba un enunciado en el que el narrador utilice la segunda persona e incorpore los siguientes personajes y acontecimientos: un obituario, una hija que se ha fugado de su casa, vive en una pensión y le escribe a sus padres reprochándoles los injustos castigos de que ha sido víctima cuando adolescente. (Máx. 1 pág.)

Recuerde que generalmente el género epistolar o el diario es el más apropiado.


NOTAS SOBRE MI MUERTE

Te sientes inmaculada, tus pies apenas rozan el roble, se deslizan casi flotando. La seda te devuelve el aroma de los lirios y una voz te reduce al asco.

Al instante te visualizas encorvada, escribiendo frente a la única ventana que adorna la pared de esa mugrosa pensión. La silla incrustada en un pequeño agujero en el piso te mantiene inclinada y desde esa situación puedes advertir una foto de tu adolescencia.

De pronto aparece el recuerdo de tus padres y el impulso de querer vomitarles la inmundicia que significó tu vida junto a ellos, recalcarles que huir solo cambió la escena: otra realidad envuelta en cuatro paredes mohosas. Hoy esa huida se hace extensiva; las apariencias ocultaron los golpes y esos mismos golpes ahora te están matando. Sin detener tu estímulo embistes, sientes como el acero te hiela instantáneamente, la vaina rueda bajo la silla.

Nuevamente esa voz, la náusea se vuelve celestial, ves a tu madre aferrada al recorte de tu obituario.

 


Consigna F 6 Escriba un enunciado en el que el narrador sea testigo presencial. Incorpore los siguientes personajes: Paulina; hijo de Paulina (aproximadamente 35 años); Juan, el almacenero del barrio. (Máx. 1 pág.)

Juan parece inquieto, un hombre visita el pasillo de artículos de limpieza, da vueltas por los exhibidores sin mirar nada, su vista se clava en la nuca del extraño. Al instante entra Laura y se acerca a la heladera de bebidas, saca dos cervezas y se dirige a la caja para que Juan pueda cobrarle, le entrega varias monedas y por un segundo él retira la vista de aquel hombre, para cuando termina, el tipo ya no estaba. Al otro día el sujeto entra a la misma hora, desde afuera, Paulina saluda a Juan con un tendido buen día, su hijo la ve y levanta su mano en un gesto de saludo, luego vuelve a su labor, limpiando y acomodando todo el pasillo de enlatados, el hombre reacomoda su vista.  En ese mismo momento Clarita la hija de la gorda de la esquina, rompe un sachet de leche, entonces Juan llama a su empleado para asear la zona, le dice algo al oído al tiempo que Clarita grita para que su madre no le pegue, el sujeto no llega a escuchar nada y, por otro lado, el hijo de Paulina retorna a su labor habitual; saca la franela gastada y empieza a frotar las latas. El hombre mira la extraña situación, agarra un paquete de papel tissue, se acerca a la caja, deja un billete en el mostrador e inmediatamente se va. Al tercer día ingresa y al notar que el pibe no está se va sin siquiera comprar un chicle. Juan lo ve alejarse, lo reconoce. Para el cuarto día se queda en la vereda, mira desde la vidriera al hijo de Paulina frotar y girar cada lata de arvejas en un vaivén interminable, de pronto Juan lo ve, le hace una seña al pibe mientras agarra el teléfono, Laura, que está pagando las cervezas, se apura para irse, escucha algo sobre un pervertido. Sale del local, ve a un hombre y lo alerta sobre un degenerado que al parecer está adentro, se despide. El tipo escucha la sirena de la patrulla, saca un chicle del bolsillo, tira el envoltorio al piso y se va doblando en la primera esquina.

 


Consigna F 7 Escriba un enunciado en el que el narrador omnisciente narre desde lo psicológico. (Máx. 1 pág.)

Passiflora caerulea, le dijo mientras se acercaba y su mano agarraba una hoja, comúnmente pasionaria o flor de la pasión, continuó. Ella lo miró sin decir nada, se arrimó y siguió el recorrido de esa masa enmarañada de hojas y flores. No le parecía extraño que alguien sea tan dedicado a la jardinería, solo no entendía por qué la única flor exhibida era esa exótica trepadora azul. Su inusual forma no le parecía atractiva, por el contrario, la sentía repugnante, así como al contexto donde crecía.

Ambos se alejaron, Manuel recogió la tijera de podar y la dejó en una mesa improvisada que llevaba casi siete años junto al acceso trasero del convento, por otro lado, Juana mantuvo su mirada en los pistilos de aquella flor. Cada miércoles trabajaba la tierra y sus frutos, no por el gusto a la jardinería, mucho menos por el cuidado de una flor que le resultaba innombrable y particularmente dolorosa, sino porque desde que fue trasladada al pueblo quedó atrapada en los ojos de Manuel; por orden explicita ella debía ayudarlo. Cada día visualizaba la mano de Manuel simulando cada uno de los segmentos de la Passiflora y recorriendo su devoto cuerpo; corona externa, corona interna, androginóforo y ovario, acá se detenía, rozaba todo su contorno y la miraba como entendiéndola, luego continuaba hasta acabar. Entonces entendió que ella estaba allí para mostrarle algo, un simbolismo. La flor de la pasión podría purificar sus pecados, entonces sacó un pan que llevaba envuelto en un lienzo beige y lo escondió entre las plantas, ¡Jesús, si así evitase yo tu sufrimiento!, sabía exactamente el desenlace. Al día siguiente acercó un tronco que bien podría usarlo de estaca, más tarde, ese mismo día, llevó algunos elementos conocidos como Arma Christi y un vino; “Tomen y coman, porque este es mi cuerpo”, ¿mi cuerpo? Sucio, asqueroso, traidor; “beban de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para el perdón de los pecados”.

 


Consigna F 8 Escriba un enunciado en el que el narrador protagonista tenga el punto de vista del protagonista (soliloquio), monólogo interior directo. (Máx. 1 pág.)

No, no; no sirve. Lo sujetó con destreza… ¿De qué habla? ¿Son dedos atletas?, lo sujetó apenas ejerciendo presión, no… Tanta precisión va a necesitar para agarrar un caracol, qué le voy a decir al editor, ¡ah sí! Tengo un cuento sobre dedos gimnastas peleando con un molusco gasterópodo, le digo más, ese podría ser el título perfecto MO LUS CO, ¡récord de ventas! Lo sujetó como queriendo acceder al cuarto del Hades, mejor, ¿no? De una metimos a Cerbero y el cuento se vuelve épico; la trilogía del dedo, el caracol y el perro del inframundo, una verdadera joyita literaria; mejor apago la radio porque tengo una ensalada auditiva y mal aderezada. Lo sujetó con una rapidez casi imperceptible; ahora son ninjas, la imagen de pequeños deditos disfrazados con trajes diminutos puede ser encantadora… y la idea de un caracol destripado me puede colocar directamente en el estante de cuentos infantiles. Vos sabés que es una mala idea, hace años quedaste atrapado en ese párrafo; la muerte y la desesperación es lo que conjugaron tu estilo, porqué insistir en una novela de aventuras. El café es tu mejor aliado, preso del humo gestaste cuentos magníficos, ahora la crítica te acecha esperando el momento justo, el quiebre; sus ojos te observan incluso ausentes, el filo de su navaja te asedia.

Ese día, en el que las palabras quedaron suspendidas, el mocus producido te hizo desplazar lentamente y los depredadores aguardan hambrientos, la presa se hace real ante la debilidad, intentas continuar, pero el tiempo pasa de un modo singular. ¿Lo ves? Tu concha está sellándose con el opérculo, estás listo para hibernar, otra vez. Lo sujetó…

 


Copyright©Natalia Belén Carballal Nogueira

Mayo, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.