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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo VII  Tiempo y narración

Consigna diecisiete alfa Reescribir esta historia comenzando por el final y reconstruirla seleccionando una serie de escenas claves que se narren rápidamente desde diversas perspectivas, tal como hace Faulkner en Mientras agonizo y Absalón, Absalón! ( Extensión máxima: 3 páginas )


EL ENCUENTRO

Wang Chu mientras se encaminaba al encuentro de su suegro, luego de cinco años de no saber nada de él, iba pensando en todo lo que había sufrido. Hubo un tiempo en que se sintió abandonado, frágil, endeble. Ahora otra fuerza lo acompañaba cuando tenía que enfrentar al señor Chag Yi. Wang al verlo se arrodilló y le pidió perdón. En ese momento tuvo una visión repentina, vio frente a él una aparición, a su amada, pero no era una, eran dos, una que yacía en la cama sin conciencia y la otra bien ataviada, vestida con sus mejores trajes de seda, alegre, con una gran sonrisa en su cara que lo miraba con felicidad. Wang y el señor Yi, fueron testigos de esa imagen. Desconcertados vieron a las dos mujeres que se abrazaban, que se confundían sus cuerpos, pero solo quedó una, la joven y bella Ch’ennieng.

—Wang, vamos a ver el lago antes que nos llamen para comer, ahí veremos como el sol se va escondiendo, pero mejor nos apuramos sino se va a hacer oscuro.

—Ch’ennieng, mañana podríamos venir a la mañana a jugar al juego de la golondrina.

 —No sé si podré jugarlo como vos que sos tan inteligente.

Wang y mi niña Ch’ennieng siempre estaban juntos. Se acompañaban en sus juegos y aventuras. Yo la cuidaba a ella, me ocupaba que estuviera bien, que se aseara, que luciera impecable. Ellos eran primos e inseparables, se buscaban todo el tiempo, yo los observaba y dejaba que hicieran sus travesuras. El señor Chag Yi era muy exigente, le gustaba que se respetaran los horarios, era inflexible en varios temas, pero era amable y adoraba a su hija. Un día los sorprendió la noche lejos de su casa y ahí sí el señor Chag Yi y su esposa se enojaron mucho y no pudieron verse por un largo tiempo. La niña estaba muy triste.

Estamos juntos, abrazados, acostados en la hierba, nuestras ropas se hallan a un costado. Wang no deja de mirarme. Hemos vuelto al lugar de nuestra niñez, recordamos las escapadas, las corridas, los retos. Este paisaje es nuestro amigo, con el lago, el perfume, y el color de los cerezos.

Cuando el día iba abriendo su paso a la noche, ahí desaparecíamos, le corríamos carrera al viento, mis pequeños pies me sostenían y me alentaban a correr, a volar, ellos me afirmaban a la tierra, pero al mismo tiempo me elevaban de la misma.

Hoy veremos al señor Chag Yi, nos espera en la sala. Mis manos están distintas, un ligero temblor se nota en ellas, en realidad diría que siento mi cuerpo tenso, no estoy igual a otros días.

La cara de Wang se refleja en un espejo, se lo ve hermoso, con una mirada entre diáfana y opaca. Siente temor por la respuesta que pueda recibir del señor Yi.

Observo toda la sala elegante, se ven mesitas largas y angostas, cofres, biombos y juegos de mesa. Ch’enniang y yo nos acomodamos en dos sillas de piernas gruesas y estructura firme, mientras esperamos al señor Yi. Cuando lo vemos entrar, nos ponemos de pie y luego nos ubicamos de nuevo. Al cabo de un rato, después de las palabras habituales, le pregunto si me aceptaría como yerno, ya que amaba mucho a su hija.

El señor Yi como lo quería mucho aceptó el pedido.

Mi hija no tiene consuelo, mi esposo rompió la promesa, y luego de prometer nuestra hija a Wang, tan querido y protegido en esta familia, cambió de parecer y le ofrece su mano a un joven funcionario letrado que vino a solicitarla. No tiene perdón, ha destrozado el corazón de Ch’enniang, va a morir de pena. Chang no tuvo piedad, incumplió su palabra, se dejó llevar por la ambición y eso en nuestra cultura se paga.


Hoy mis ojos se cierran todo es noche ya no veo las estrellas en el cielo puro con los cerezos en perfume que inundaban mis días Wang te amo quiero sentirme tibia en tu abrazo miedo que me hunde palabras lejanas mi padre que me aleja la mano que no quiero que me toque lágrimas como lagos como ese lago que veíamos cada tarde no quiero vivir dame tu calor no puedo respirar me falta el aire me ahogo te odio padre por qué me alejaste por qué ya no quiero vivir veo un hueco negro en la tierra socorro…


Tomaré la embarcación para alejarme. No puedo sacarme la pena que me acompaña desde el mismo momento en que el señor Yi rompió la promesa. Pensé en raptar a Ch’enniang y huir juntos a un país remoto, pensé en que ya no valía más mi vida, ni una moneda china, pensé en arrojarme a las aguas del océano, pero mi mayor castigo va a ser vivir eternamente para sentir en lo más hondo, en el rincón más difícil y lejano de mi ser todo, este dolor que hoy me acecha.

Mi hija ha desesperado, merezco morir, mi hija, mi única hija, adorada hija ¿qué te he hecho? Me entrego a mi dios. Nunca más seré feliz. He traicionado a mis hijos. Nunca más se cubrirá de risas y colores esta casa desierta y sombría, que hoy se convertirá en mi sepulcro.

El señor Wang después de navegar varias millas, me ordena que amarre la embarcación. Hace varias noches que no duerme, deambula en las sombras y se escuchan sus lamentos. Le acerco algo de comida, pero no tiene voluntad de comer. Se lo nota cansado y triste. Trato de hablarle, pero está silencioso y pensativo.

Wang escucha pasos, primero pensó que era su mente que los creaba, esos pasos diminutos y precisos, él los conocía muy bien, no eran los del marinero, decididos y fuertes, con el movimiento de las olas dibujados en ellos, estos eran frágiles, sutiles, sonaban como la caricia de una mano, casi suspendidos del piso. Un sentimiento repentino lo sacudió, no quería pensar, seguro es producto de algún sueño. Pone toda su atención, su cuerpo se prepara para enfrentarse a esa realidad o quizás a esa imagen creada por su imaginación.

—¿Quién anda a estas horas?

—Soy yo, Ch’enniang.

Ambos se unen en un abrazo infinito, el dolor se va escapando entre los rincones de la embarcación, entre las aguas asombradas y la clara oscuridad de la noche. Vuelven a fundirse, a transformarse en esos adolescentes a orillas del lago. Ch’enniang le cuenta que tuvo mucho miedo, que su padre había sido miserable y que por él se había enfrentado a todas las reprobaciones, pero que había decidido seguirlo.

Pasaron varios años y tuvieron dos hijos. Eran felices.

—Wang quiero decirte que pienso en mi padre todos los días, no sé si viven o no, me siento culpable, no conocen a nuestros hijos, ya creo que se cumplió el tiempo de la pena que le impusimos, tengo un sentimiento de piedad, soy hija única y no dejo de pensar en lo solos que se sentirán.

—Te comprendo Ch’enniang, volvamos a casa.

Emprendieron el viaje de regreso, preparándose para el reencuentro, con la incertidumbre de no saber con qué se encontrarían. Había pasado un largo tiempo donde no habían tenido noticias de ellos.

Cuando llegaron a la ciudad, Wang se ofrece a ir primero a ver a sus suegros, para presentarse después de tantos años y ver cómo reaccionan.

Y es aquí donde Wong se reencuentra con su suegro, y esa visión que él había anticipado en un sueño se lo confirmaba ahora Chag Yi. Ch’enniang había estado cinco años en la cama, pero la otra Ch’enniang estaba a bordo sentada y contenta. Ambas se acercaron a la orilla y quedó solo una.

Todo quedó guardado en secreto y nadie se enteró. El señor Yi y Wang se reconciliaron y la familia vivió feliz muchísimos años.

 


Consigna diecisiete beta Amplificar las dos historias y contarlas según la técnica temporal de la “alternancia” de modo tal que cada una de ellas desarrolle una de las versiones del sueño Chaung Tzu. (Extensión máxima: 2 carillas).


SOMNIUM

Zhuangzi estaba cansado, su jornada había sido muy pesada. El sol que golpeaba fuerte no había dado tregua. Por suerte ahora tenían los arados de hierro, que permitían sembrar las semillas más fácilmente en los surcos.

—Te veo, padre, agachado, con tu cuerpo curvado por el esfuerzo de los años, dispersando las semillas al azar en la tierra. El plato en la mesa dependía de tus manos.

Zhuangzi llega a su casa de ladrillo y piedra, se saca el sombrero arrocero, que lo protegía de la impiedad de la moneda ardiente. Se cambia sus ropas mojadas en los campos inundados de los arrozales. Se prepara una taza de té, que también lo ayudará a quitar los dolores del cuerpo. Se acuesta en la cama que lo estaba invitando a tener un largo sueño. Una red me envuelve, me protege, estoy envuelta en un capullo. Siento que me estoy transformando, mi cuerpo ya no es el mismo, sigo esperando. Se está adormeciendo, la noche se le vino encima, las sombras lo rodean y todo es silencio, se deja llevar. La taza de té quedó en un rincón del piso. Me están creciendo nuevas patas, mi cuerpo está dolorido, me estoy modificando. Entra en un sueño profundo, su cuerpo se relaja, su respiración cada vez se apacigua más, se aquieta y la paz lo acompaña en la noche. Estoy saliendo del capullo, me toco, no me reconozco, me han crecido dos largas antenas y unas grandiosas y majestuosas alas de muchos colores, puedo moverlas, me sostienen en el aire, ahora las abro, mi cuerpo no pesa. ¡Qué hermosa soy!

—Voy tirando junto a otros campesinos del arado hecho con hojas de madera, trabajamos la tierra, de ella vivimos. Ojalá, hijo, no tengas que padecer lo mismo que tu padre.

Vuelo, doy giros, no me alejo mucho, me acerco a las hojas, me poso en ellas y mis alas las acarician, intento que mi vuelo llegue más alto, las muevo hacia arriba y hacia abajo, debo cuidarlas, son frágiles, si se rompen no puedo volar más. ¡Qué brillantes lucen! Siempre mirando hacia abajo, a la tierra, toda su vida inclinada, venerándola. Quería elevar la mirada, ver el cielo abierto, amplio, límpido, claro, inmenso, que iluminara su cara, que le sacara el color de la tierra mojada. Está volando, haciendo zigzag, se escapa de sus posibles enemigos, vuela muy alto, está libre, lejos de la tierra, del arado, de los viejos arrozales. Ya no soy esa oruga dentro de ese capullo, ahora todos miran mi belleza y mis colores. Me buscan, tratan de atraparme, pero yo me escapo. Está volando, dejó la cama, la tierra, el arado, ahora vienen otras mariposas a saludarlo, le dan la bienvenida. Es libre, por primera vez en su existencia no está sujeto al suelo, tiene una nueva vida. Cambió los brazos por las alas y la tierra por el cielo. Ya no está esposado, no es más su prisionero.

—Hijo, ¿has dejado el arrozal? Disfruta de la libertad, me alegra que hayas podido soltar tus cadenas, pero cuida tus alas para no volver a caer.

Zhuangzi pronto despierta de su sueño, había entrado en un largo y profundo sopor y ahora al despertarse busca sus alas, pero no las encuentra, en su lugar encuentra unos brazos desgastados y oscuros, los colores luminosos habían desaparecido. Da vueltas en la cama, se levanta, mueve sus brazos intentando levantar vuelo, pero sus piernas están clavadas en el piso. Quiere comprender la realidad, palpa su cuerpo como buscando una huella que le dé certezas, pero no hay rastros de nada. Su mente busca una respuesta, quiere aclarar la confusión, no sabe ya si soñó que era una mariposa, o si la mariposa era él.

En realidad, no sabía si los sueños que ocupaban sus noches eran sueños o si continuaba despierto dentro de un sueño. Lo que sí sabía era que esperaba que terminara el día, que el tiempo transcurriera, lo único que le interesaba era sumergirse en ese ensueño, que cada noche lo esperaba y lo convertía en otro ser.

Estoy depositado en la hoja de una planta, debo esperar el tiempo del proceso para convertirme en una mariposa adulta. Utilizaré mi seda para construir el capullo que me protegerá por un tiempo. De ahí saldré cuando llegue el calor, ya estaré lista para conocer el mundo, pero habré sufrido en esta etapa de la transformación. Sé que mi vida no será larga, pero sé que haré feliz a muchas personas, al verme querrán tocarme, atraparme, pero yo seré más veloz y podré huir. Cuidaba los gusanos de seda, recorría el campo para vigilar los cerdos, ovejas y bueyes, tenía la jornada ocupada. Chuang Tzu solo quería soñar, por eso deseaba que la tarde fuese desapareciendo, que las sombras se alargaran, y que el peso de su cuerpo le indicara que ya faltaba poco para soñar ese sueño que cada noche lo esperaba. Todavía no nací, veo infinitas mariposas que vuelan alrededor de mí, hacen giros, se mezclan, van eligiendo las hojas en donde posarse. Se escapan de los pájaros y de otros insectos. Se nota en algunas que hacen su primer vuelo, otras vuelan más seguras.

Cuando era chico, una tarde de verano vio por primera vez una mariposa que volaba cerca de él, parecía que quería jugar. Trató de alcanzarla, pero cuando creía que ya la tenía, desaparecía, pero no se iba lejos, seguía su vuelo cercano, él la corría, la manoteaba, pero ella jugaba y se le volvía a escapar.

Ya rompí el capullo, mi cuerpo va cambiando, estoy sufriendo, estoy dejando atrás mi otra vida, algo nuevo y sorprendente me espera. El cielo cambió de color, ya no se veían los matices del día, la noche devoró la tarde y Chuang Tzu se preparó para arrojarse en la cama y empezar a soñar. Esa noche soñó de nuevo que era una mariposa y estaba arriba de un árbol y que una de sus alas se había golpeado con las ramas, sintió un dolor intenso que lo hizo retorcer mientras dormía. Pero siguió viajando y pudo reponerse. Su vuelo era impecable. Él era feliz. Sentía que el viento lo ayudaba, sus alas se batían y cuando las desplegaba, sus colores resplandecían. Soy una mariposa, me poso sobre una flor, alrededor revolotean muchas, de diferentes colores, y hay una blanca que se destaca del resto, es única.

Chuang Tzu despertó de su largo sueño, comenzó a desperezarse y al estirar sus brazos notó algo extraño, en su lugar tenía unas extensas alas, ahí se desesperó, un grito apagado salió de su garganta, se miró el resto del cuerpo y ya sus piernas se habían convertido en seis patas, y de la cabeza le salían dos pares de antenas. Quiso correr, pero su nuevo cuerpo no le respondía. Creyó que todavía estaba en ese estado donde el sueño no termina de desaparecer y todavía se está sumergido en él, pero toca su cuerpo que se ha modificado y ve lo que no quería ver. Este cuerpo era el suyo y no el otro, siempre le perteneció, el otro era el sueño.

 

 


Copyright©Stella Maris Pardo

Abril, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.