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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII El punto de vista o focalización

Consigna F 1 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión por detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)  

Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".

Cerca del rancho había un corral que parecía hecho a las apuradas y con lo que había, adentro vi dos chanchos grandes. Un montón de gallinas sueltas corrían hacia la mujer que les arrojaba comida, debería ser la hija del pulpero, joven, de cabello azabache, y pese a su sencilla vestimenta con remiendos, se la veía alegre. Se acercó el pulpero, un hombre alto de cabello renegrido como pájaro vaquero, pidió que le bajen dos cajas para hacer dulce. Si tenía esposa ni apareció.

Las otras carretas siguieron por el camino en dirección alos puentes sobre el arroyo, eran varios puentes porque el arroyo zigzagueaba ampliamente y separaba algunos ranchos, esa zona era conocida como “París” por la cantidad de puentes, que —en realidad— eran solo cuatro, pero casi juntos, después no había más, el arroyo seguía en línea recta y se perdía a lo lejos, cerca de las montañas.

Después de los puentes, nos detuvimos en un rancho donde había doma de caballos, ¡ni loco me subo a uno! —dijo Braulio, el negrito se había caído de uno y el porrazo que se dio lo haría cojear de por vida. Seguimos para cumplir el horario que nos había impuesto el patrón.Al solazo del medio día se sumaba ese paisaje agreste, que de no ser por el arroyo, parecería un desierto.

Faltaba para pegar la vuelta, tenía hambre, pero mis pensamientos volvían hacia la hija del pulpero, la próxima le tengo que hablar.

 


Consigna F 2 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión con o cuasi omnisciente. (Máximo 1 pág.)

Tengo el defecto de distraerme cuando las conversaciones se prolongan alrededor de un tema que me parece agotado. A Diana le gustaba hablar de sí misma, pero disimulaba esta disculpable tendencia disfrazando sus experiencias personales en teorías colectivas e irrefutables.

El viaje en el crucero le había producido un goce ¡tan abrumador!, y lo expresaba con tantos adjetivos calificativos que era imposible que los mismos entrasen en tan cortas e innumerables oraciones;parecía que exageraba…y, en realidad, exageraba. Ella había cenado con los oficiales y el capitán, ella había jugado en el casino y ganó, ella se sacó fotos en la proa, en la popa, etc, etc, etc, faltaba la foto abrazada al ancla. Enrique su esposo  no sabía qué hacer, estaba en medio de sus amigas y la habitación le parecía cada vez más grande, quería desaparecer. Sentía vergüenza ajena de escuchar tal despilfarro de grandeza y egoísmo.

Ella era muy buena persona y muy querida, colaboraba con la iglesia del barrio y en el geriátrico municipal, haciendo curaciones porque era enfermera profesional, ya jubilada. Era una mujer muy atractiva y más de un residente le propuso casamiento, lo hacía reír a Enrique cuando se lo contaba.

Lo que no contó del viaje en barco fue que a menudo se perdía, no recordaba los lugares y los ascensores, que en lugar de ayudarla, la confundían más, creo que allí empezó esa horrible enfermedad que poco a poco va hacer que deje las actividades que tanto le agradan.

 


Consigna F 4 Escriba un texto en el que el enunciado sea polifónico. (Máximo 1 pág.)

Compré el terreno para hacer una casa de fin de semana, estaba barato porque no tenía servicios. Lo delimité con un cerco de alambre y una tranquera, eran quinientos veinte metros cuadrados todos míos. Pensé en hacer una vivienda industrializada y más tarde haría una pileta, pero lo primero que hice fue plantar tres árboles, ¡vivienda industrializada! ¡No hagas eso me dijeron!, te desmerece la propiedad cuando quieras revenderla, ¡hacela¡ es una buena opción, la construyen en pocos días.

Muchas eran las voces que escuchaba, alguien me dijo, hacela de ladrillos, no te vas a arrepentir, es segura, tiene buen valor de reventa y va a armonizar con las casas vecinas. Hice números y me decidí por la construcción tradicional, o sea, ladrillos.

Le vamos a hacer un buen presupuesto y en tres etapas tendrá su casa, tres etapas me sonaba a poco tiempo, me entusiasmé y los contraté. Pero ¿qué hicieron?, la platea no tiene los desagües ni las tuberías, no se preocupe, después rompemos y las colocamos. Los eché de inmediato, les pagué un porcentaje, ¡pobre gente!, tienen familia, ¡desgraciados!

Llamé a otros para seguir la construcción, cuando fui a ver lo que hicieron vi que las paredes no estaban trabadas, eran independientes unas de otras, ¡como puede ser!, no se preocupe, me dijeron, después rompemos y las ensamblamos con hierro y cemento, también los eché.

Cada vez que voy a la obra me amargo, si hubiese hecho algo industrializado o prefabricado ya estaría disfrutándolo. Ahora la obra está abandonada, tengo temor de contratar más albañiles, creo que le voy a colocar un cartel de venta.

Se puede vender bien, no se preocupe, déjelo en mis manos, le sacaremos buen precio, otra promesa que me crea desconfianza.

 


Consigna F 5 Escriba un enunciado en el que el narrador utilice la segunda persona e incorpore los siguientes personajes y acontecimientos: un obituario, una hija que se ha fugado de su casa, vive en una pensión y le escribe a sus padres reprochándoles los injustos castigos de que ha sido víctima cuando adolescente. (Máx. 1 pág.) Recuerde que generalmente el género epistolar o el diario es el más apropiado.


Buenos Aires, 16 de marzo de 2021

Para ustedes:

Voy a empezar esta carta con algo que estoy segura no leyeron: Roxana Emilia Sinosi falleció a la edad de  quince años, tu hermana te recordará con amor. Lo mandé a publicar yo, porque ustedes estaban dando explicaciones a la policía de cómo sucedió el accidente. Papá, te pregunto ¿Cómo fue?, ¿fue cuando mi hermana gemela huía de tus palizas pos borrachera?, ¿fue así como se rompió esa baranda de madera que ¡ya ibas a arreglar! y cayó al vacío?, ¿y vos mamá?, ¿qué hacías cuando mi hermana te necesitaba?, ¿seguías callándote? ¿y te sentabas a esperar que todo pase, para que no te pegue a vos?

Ya entendieron porqué me fui, no quiero seguir en esta vida al lado de ustedes, no sé que les hicimos mi hermana y yo para ser castigadas sin explicación alguna, a veces, llegamos a pensar que no éramos hijas de ustedes, y que nos querían para trabajar y ser sus sirvientas. Hoy me cansé, a mis quince años decido irme de esa casa, por ahora estoy en una pensión, Roxana y yo teníamos unos ahorros escondidos porque sabíamos que este momento llegaría, aunque lo imaginábamos juntas.

Aprendimos a caminar alejándonos de ustedes, aprendimos a hablar para decirles ¡basta!, no me peguen, fuimos hijas del odio en vez del amor, pero ¿porqué?, ¿acaso están enfermos?, ya no me importa, a partir de hoy son el ayer en mi vida, y lo que me toque vivir seguro no va a ser tan malo.

¡Dios los perdone!

 


Consigna F 6 Escriba un enunciado en el que el narrador sea testigo presencial. Incorpore los siguientes personajes: Paulina; hijo de Paulina (aproximadamente 35 años); Juan, el almacenero del barrio. (Máx. 1 pág.)

Si no hubiese habido testigos, no me lo creerían. Me dirigía a lo de Paulina, es decir, a la pollería a comprar dos pollos para el asado del domingo, al doblar en la esquina de la calle Haití y Rufino Rojas veo una barricada que clausura la calle, dejando toda la cuadra libre. En el medio de la calle veo a dos hombres, espalda con espalda y pistolas en mano, ¡un duelo!, no lo podía creer, está prohibido hace años, es cosa antigua, ¡es de locos! El hijo de Paulina salió del negocio vistiendo su delantal blanco y con un megáfono en mano, de inmediato salió Paulina y dirigiéndose a los hombres les pidió que desistan de lo que estaban haciendo, pidió perdón a su esposo, que era uno de los que se iba a batir a duelo, por haberlo engañado con Juan, el almacenero y vecino, y en ese momento, el otro batiente. Mientras el hijo de Paulina iniciaba el conteo de los diez pasos, se suscitaban gritos y corridas, alguien alejaba a Paulina de la acción. Al llegar a diez resonaron los disparos y cae muerto el hijo de Paulina, ¡increíble!, las balas chocaron entre sí y se desviaron en dirección al muchacho. Todo esto provocó más gritos y llanto, Paulina lloraba desconsoladamente sobre el cadáver de su hijo. ¡Por fin llegó la policía!, yo vi como se dispersaba la poca gente que consolaba a Paulina y regresé a casa, me costaba asimilar lo sucedido.

Según supe más tarde, el duelo se repetiría porque no hubo sangre de los principales actores, o eso era lo que quería la morbosidad de la gente. La policía buscaba testigos, algunos voluntarios se presentaron, un agente llamó a mi puerta pero no le abrí, tengo amistad con la familia de Paulina y soy el padrino de su hijo, a quien le enseñé a manejar hace como veinte años, antes que cumpliera los dieciocho.

Este episodio se comentó en toda la ciudad, yo también lo comenté, pero si no hubiese habido testigos no me lo creerían.

 


Consigna F 7 Escriba un enunciado en el que el narrador omnisciente narre desde lo psicológico. (Máx. 1 pág.)

Germán Insarzo trabajaba en logística, lo que hacía su empresa era transportar personal de la empresa petrolera Oilship, desde la ciudad de Cartagena a la zona industrial del puerto de la misma ciudad y viceversa. Para ello tenía cinco combis, cuatro de trabajo permanente y una de relevo. La empresa la había heredado recientemente de su padre.

Pasó de ser el jefe de mantenimiento de la empresa a ser el gerente general, se compró un auto de alta gama y pasaba en él todo el día. Los problemas con el mantenimiento de las combis iniciaron con la parada súbita de una de ellas, el problema fue pospuesto y se usó la de relevo. Minimizó la situación y prefirió ponerse al tanto con la nueva tecnología de su vehículo personal, pensó que era un problema sencillo y después lo atendería. A los pocos días sucedió lo mismo con otra combi, pero esta vez, la pericia del chofer hizo que pudiera solucionar el problema, fue cuando decidió dejar los arreglos para el fin de semana, mientras concluía el estudio del manual de su auto. Con esas actitudes, Germán estaba muy cerca de saber lo que era la procrastinación.

Los problemas no saben de fechas, ni horas, antes del fin de semana las camionetas  dejaron de funcionar a medio camino. Dejó a la petrolera sin personal, no pudieron reabastecer a los buques que esperaban el combustible, no hubo relevos de guardias, en fin, creó un serio problema que involucraba lucro cesante.

Prescindieron de sus servicios creándole serios problemas a su propia empresa, su sentido de la responsabilidad colapsó, su ira llegó a tal punto que tomó una barreta del taller y rompió el parabrisas de su nuevo auto, estaba desesperado, en el pecho sentía el dolor de su desidia. La ineptitud y la vergüenza de no haber previsto lo sucedido, lo paralizaba. La mirada de sus choferes eran como rayos de hielo, que no hacían más que agrandar su dolor.              

La procrastinación puede hacer que un hombre no se perdone nunca actos de desidia o negligencia, porque sabiendo lo que tenía que hacer y cómo hacerlo, no lo hizo, desviando su atención a cosas menores.

 


Consigna F 8 Escriba un enunciado en el que el narrador protagonista tenga el punto de vista del protagonista (soliloquio), monólogo interior directo. (Máx. 1 pág.)

… y aquella familia que se juntaban a la mañana y a la tarde en el patio, reían de anécdotas y terminaban riéndose de algunas gentes, ¡qué locos!, ¿eran felices o lo hacían para molestar a los vecinos?; en realidad, no eran horarios desatinados, es más, yo creo que tenían en cuenta el reloj y las reuniones en horarios de trabajo, donde los ruidos estaban justificados. A veces tenía ganas de denunciarlos, pero,¿qué diría?, los denuncio por felices, me tildarían de loco o de amargado. Y si los denuncio por robar mis risas, hace mucho que no me río, dónde están mis risas, y si la tienen ellos, y si están disfrutando mis risas, ¿me entenderá el comisario?, yo quiero reírme también, ¿y si los escucho hablar? tal vez me ría, pero no serían mis risas, serían prestadas, yo quiero reírme de algo que me pasó, algo que viví. Mi memoria casi nada recuerda, es que siempre viví solo y aquellas pocas alegrías que logro recordar están enmarcadas en tristezas, desencanto, silencio mucho silencio. Necesito ruidos y alegrías, ¿quién me las robó?, ¿o no supe encontrarlas?, ¡basta de reírse!, les grité con frustración y dolor, hubo silencio y volvieron a reírse, esta vez seguro que de mí, ahora sí puedo denunciarlos, se rieron de mí. Pero hay niños que también ríen, ríen de niños, ¿reirán de grandes?, qué bueno reír de niño, ¿yo abré reído de niño?, no me acuerdo, en aquella casa no había colores, había gente con caras serias, los días distintos eran los de cumpleaños, teníamos torta y velas y podíamos estar en el patio todo el día. ¡Lúgubre!, es la palabra que me viene a la mente cuando pienso en mi niñez, ¿pero y las risas?, había otros niños, ¿ellos tampoco reían?, ¿eran como yo o yo como ellos?

Cae el sol y ya no hay risas, otra vez el silencio, los veo irse con cajas, ¿guardarán en ellas las risas?, mañana esperaré su llegada para ver si las traen, ahora me traerán la comida e iré con los otros al comedor, hoy es mi cumpleaños, esta mañana hubo torta, tal vez haya un rico postre y nos dejen ver televisión.

Mañana viene el médico, ¡ojalá me encuentre bien!, le voy a preguntar si tiene una caja de risas.

 


Consigna F 9 Escriba un enunciado en el que el narrador haga una mirada esterocópica. (Máx. 1 pág.)

Manejaba el auto hacia la cima del cerro, quería llegar al mirador, de repente, no sé si por la altura o porqué se detuvo, lo frené para asegurarme de que no retrocediera y me bajé, no le presté atención al auto porque quedé maravillado con el paisaje. Podía ver la playa y el parador con las sombrillas azules y rayas blancas, me recordó los colores de la bandera de Grecia y eso me recordó una playa en El Pireo, el sol, el azul del mar, el blanco de la bikini de Anthea, recuerdo que navegamos por algunas islas antes que ella decidiera dar la vuelta al mundo en solitario, lo logró y ese viaje la motivó a escribir un libro.

La marea estaba subiendo y las olas armaban recuerdos en mi mente, me acordé de Alfonsina entrando en las aguas de las playas de Mar del Plata, la proa de un buque que rompe la ola y baña la cubierta, a la playa de Waimea en Hawai, donde fuimos a surfear con mi gran amigo Pablo, nos hubiéramos divertido, de no ser por el huracán que se aproximaba e hizo cerrar todas las playas.

Había pocas personas en el parador y algunas caminaban cerca del agua, a paso rápido buscando llegar a un físico dorado por el sol, así recordé la caminata que hice con unos amigos a la iglesia de Luján, ¡cómo olvidarla! Salimos de la plaza del barrio de Flores y caminamos toda la tarde y noche, llegamos al día siguiente y estábamos entrando en la iglesia, cuando los tres nos pusimos a llorar.

Miré el auto, que por suerte seguía en el mismo lugar, los frenos funcionaban. Su color rojo apagado no difería mucho con el color del ocaso, me recordó  lo que decía mi madre: “rosso di será, bel tempo si spera”. Lo que sí era seguro que no lo iba a esperar allí, bajé del mirador en un colectivo de turistas, al llegar a la ciudad protesté en la empresa que me alquiló el automóvil.

Ya terminaba el día y sumaba una aventura más en el calidoscopio de mis viajes.

 


Copyright©Paulino Russo

Abril, 2021.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.