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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

EN OTRAS PALABRAS

MIGAJAS DE UN DOMINGO

Los domingos a la tarde tienen ese no sé qué que oprime el aliento hasta secarlo.

Desde mi ventana recibo la distorsión del mundo a través de los cristales empañados. Una humedad fría y densa del otro lado ha teñido todo de gris.
Veo pasar gente anestesiada. Van de regreso a casa luego de haber gastado un tiempo mezquinado en la semana. Llevan a sus hijos a la rastra. Cargan grandes bolsos con cosas que nunca necesitaron.
En la esquina ya se ha encendido el único farol que pretende iluminar nuestras travesías nocturnas.

Debajo del círculo de luz, sentado en el umbral de una antigua carbonería,  veo un hombre que a la distancia prejuzgo diferente. No sé si llegó o estaba allí. Lee y escribe algo que no logro precisar. A su lado, tumbado, un perro negro atestigua su existencia.
Todo a su alrededor es gris: el piso que lo descansa, un bolso flaco y harapiento, sus cabellos, sus ropas, sus manos. El papel en el que escribe también devuelve un gris que me llega desesperanzado y opaco. De tanto en tanto levanta sus ojos hacia un infinito propio. Recoge del aire  palabras para hilvanarlas con una tinta oscura.
Algunos pocos atraviesan al círculo de luz para esfumarse nuevamente del otro lado de la escena sin reparar ni perturbar al hombre que escribe.
El hambre lo distrae y toma del bolso un pequeño envoltorio del que saca algo para llevarse a la boca. Mientras mastica va quitando las migas que caen sobre las hojas escritas.
El perro se sintió convidado al festín y juntos disfrutan el banquete.
Me distrajo una llovizna leve entre las sombras ya profundas y espesas.
Al volver mi cabeza hacia la escena, ya no distingo al mágico escritor, si es que alguna vez estuvo allí. Solo veo mi propio reflejo en la ventana.
De este lado del vidrio, húmedo y helado, parado y absorto, acaricio a mi perro negro, recojo las migas que hemos hecho, tomo los grises papeles escritos y releo unas palabras que encuentro misteriosas y ajenas.
Afuera la noche terminó de vestirse para dar paso al libre andar de las angustias.

 

Copyright © Laura de la Peña. Setiembre 2014
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