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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

 

Historia y Narración en textos ficcionales 

G. Genette diferencia historia y narración, y señala que el proceso de producción de un enunciado tiene dos momentos: la inventio (que implica encontrar qué decir), y la dispositio (ordenar lo que se ha encontrado). Por consiguiente, distinguiremos entre los acontecimientos narrados (historia) y cómo serán narrados (narración). Sin historia, no hay narración posible, nuestros enunciados se convertirían en meros signos lingüísticos sin entramado narrativo.

En primer término, un autor selecciona los motivos, ordenados lógica y cronológicamente (historia). En segundo término, qué forma dará a la fábula, (entendida la fábula como historia) a “lo que efectivamente ocurrió” (narración). Aislar y luego reunir esta bipartición, producirá el material literario, más específicamente, la trama.

La historia (inventio) comprende el orden de los acontecimientos, tiempo, lugar, personajes, etc., los que son objeto del discurso narrativo. La narración (dispositio) es la puesta en escena de lo planificado, conectada por la sintaxis en los diferentes niveles de la historia.

Una narración no necesariamente se apoya en un solo enunciador (narrador/sujeto ficcional), la interacción está en primer término. Con referencia a este punto, Benveniste incluye al monólogo, variedad de diálogo o enunciación, dentro de los enunciadores (narradores) a pesar de las apariencias. Un enunciado es una secuencia narrativa con sentido y sintácticamente completa. Por ejemplo: “León está enfermo”, “Ah”, “Qué chica”, “Pablo”, son enunciados.

“La situación narrativa es una enunciación ficcional que está constituida por el narrador y el narratario” (Genette). El caso es que no debemos confundir al narrador (elemento técnico) con el autor.

Así que existe no sólo un narrador sino también un narratario (aquel a quien se orienta el discurso); entonces, si existe narración, es porque alguien narra y a ese alguien lo hemos llamado narrador, en otras palabras: sujeto ficcional que cumple esa función.

Veamos el narratario en el siguiente fragmento:

 

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo.” (Pedro Páramo, Juan Rulfo)

En este fragmento, más específicamente “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre…”, frase que encubre un destinatario, el que no es enunciatario real sino un narratario, construcción tan ficcional como lo son los personajes de la historia que se narra. En otras palabras, tendremos que dejar a un lado cualquier pre-juicio que sostenga que el narratario es un enunciador real. Aunque encontremos locuciones narrativas (“Ustedes”, por ejemplo), supuestamente atribuidas al enunciatario (autor), pensemos que en realidad es un recurso literario para focalizar (punto de vista) un enunciado.

 


©Patricia Tarallo, 2019

LA ARGAMASA Taller de escritura literaria, a distancia