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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

 

EL CUENTO

Texto base y anacronías


Las anacronías, analepsis y prolepsis, alteran precisamente la secuencia cronológica de la historia que produce una causalidad en el relato.

Esquema:

Analepsis à anacronía retrospectiva

Prolepsis à anacronía prospectiva


La narración de hechos anteriores (analepsis) y posteriores (prolepsis). (Cfr. La muerte de Isolda, en Cuentos de amor, de locura y de muerte, H. Quiroga) interrumpen el orden de un relato y el tiempo “base”.

 

En síntesis, podemos recurrir a la analepsis para llevar un paso atrás la historia; o a la prolepsis, salto hacia adelante en el cual se adelantan elementos de la trama.

Veamos en H. Quiroga el recurso temporal del que hablamos: 

Relato base, en La muerte de Isolda:

“[…] Fue aquello muy rápido: los ojos huyeron, pero dos o tres veces, en mi largo minuto de insistencia, tornaron fugazmente a mí.

Fue asimismo, con la súbita dicha de haberme soñado un instante su marido, el más rápido desencanto de un idilio. Sus ojos volvieron otra vez, pero en ese instante sentí que mi vecino de la izquierda miraba hacia allá, y, después de un momento de inmovilidad por ambas partes, se saludaron.

Así, pues, yo no tenía el más remoto derecho a considerarme un hombre feliz, y observé a mi compañero. Era un hombre de más de treinta y cinco años, de barba rubia y ojos azules de mirada clara y un poco dura, que expresaba inequívoca voluntad.
?Se conocen ?me dije? y no poco.
En efecto, después de la mitad del acto mi vecino, que no había vuelto a apartar los ojos de la escena, los fijó en el palco. Ella, la cabeza un poco echada atrás, y en la penumbra, lo miraba también. Me pareció más pálida aún. Se miraron fijamente, insistentemente, aislados del mundo en aquella recta paralela de alma a alma que los mantenía inmóviles.
Durante el tercero, mi vecino no volvió un instante la cabeza. Pero antes de concluir aquél, salió por el pasillo lateral. Miré al palco, y ella también se había retirado.

—Final de idilio —me dije melancólicamente.

Él no volvió más, y el palco quedó vacío.” 

Tiempo interrumpido (analepsis y prolepsis) por un segundo narrador, Padilla:

“—Sí, se repiten —sacudió largo rato la cabeza—. Todas las situaciones dramáticas pueden repetirse, aun las más inverosímiles, y se repiten. Es menester vivir, y usted es muy muchacho... Y las de su Tristán también, lo que no obsta para que haya allí el más sostenido alarido de pasión que haya gritado alma humana. Yo quiero tanto como usted esa obra, y acaso más. No me refiero, querrá creer, al drama de Tristán, y con él las treinta y seis situaciones del dogma, fuera de las cuales todas son repeticiones. […]”

La anaplepsis en este texto recupera datos, hechos que funcionan en el relato como explicación, mientras que la prolepsis acentúa ese sentido de fatalidad. De esa forma la relación causal de los hechos muestra de qué modo los acontecimientos pasados se inscriben en el tiempo posterior de un sujeto y construyen esa identidad. La analepsis es entonces retrospectiva (flashback) (Irene Klein).

Asimismo, un relato (historia macro) puede contener un microrrelato (relato enmarcado) analéptico, el que generalmente está a cargo del narrador o de alguno de los personajes. Ejemplos de relatos enmarcados en La muerte de Isolda, Padilla resume los acontecimientos causales; en La forma de la espada, de Borges, el personaje cuenta la historia de su cicatriz; en Las mil y una noches, Scheherezade narra micro historias cada noche.

 


©Patricia Tarallo, 2019

LA ARGAMASA Taller de iniciación a la escritura literaria, a distancia

 

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