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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

 

Editorial DUNKEN/Convocatoria ROI

Concurso LETRAS DEL FACE


El cuento SEGUNDA OPORTUNIDAD, de Delia Esther Plazaola de Müller, tallerista de La Argamasa, ha sido seleccionado para formar parte del libro LETRAS DEL FACE.

Delia Ester PlazaolaEsta convocatoria se encuentra abierta todo el año, y tiene como objeto integrar la antología de igual nombre.  La presentación de esta nueva edición se formalizará a fin de año, en la sede de la EDITORIAL DUNKEN.

Delia Esther Plazaola de Müller reside en la localidad de El Colorado, provincia de Formosa. En una charla informal que mantuvimos,  le pregunté qué significa para ella este momento, a lo que me respondió: <<descubrir que una Editorial prestigiosa argentina seleccionó mi cuento, me llenó de felicidad. Llevo años deseando narrar historias. Por otra parte, tuve que vencer el prejuicio de pensar que a nadie le interesaría leerlas, pero me atreví, y acá están los resultados>>. Y agrega: <<Esta selección me estimula a seguir escribiendo, a estudiar, perfeccionarme, crecer en este arte que amo. Quizás sea un primer paso para una gran aventura personal>>.


Transcribo su cuento:


SEGUNDA OPORTUNIDAD


Disparó.

El sonido del arma lo sentí dentro del cuerpo y me ensordeció. El orín se derramó sin filtro en mis pantalones hasta el suelo. El cañón, helado, me mantenía la boca abierta y me ahogaba. El disparo me hizo crujir los dientes. Me cortó la respiración…

? Si no te casás con mi hija y la hacés feliz, la próxima vez, va a estar cargado.

Para agregarle dramatismo a la escena, me mantuvo arrodillado sobre una tumba. De noche. Que me quede claro. Y no se quitó su uniforme de la armada.

Yo era productor de teatro. Observaba toda la escena desde esa perspectiva. Era perfecta para un suspenso de Hitchcock.

Me casé. Claro. Estaba embarazada.

Consecuencias de las noches bohemias post teatro Vera de los 60, en Corrientes. Ella tocaba el piano. Quería ser actriz. Caprichosa, ambiciosa, muy ambiciosa, vivía junto a las vías del tren en los bajos. Labios prominentes y sexo desenfrenado. Juguete que Marta quería, papá lo conseguía. Y ahora, su nueva obsesión era el joven productor que no la registraba. Ese que se ganó el Concurso Nacional de Teatro y se iría pronto a México. Un buen partido.

Me cagó la vida. No fui a México. Tuve que trabajar en serio para mantener una esposa y una hija en un laburo ordinario de oficina.

¿Por qué me acuerdo de eso ahora?

Miro el vaso de whisky con hielo que apoyo sobre mi torso cansado y lo vuelvo a beber. Suspiro profundamente y sonrío.

No la hice feliz. Ni a ella ni a las que vinieron después. Creo. Aunque lo intenté.

¿Hice feliz a alguien?

Vuelvo a escuchar a Serrat. “Quien se morirá conmigo aunque sea un tanto así… Cuál de todos mis amores ha de comprar las flores para mi funeral… Quién vaciará mis bolsillos… Quién rezará a mi memoria Dios lo tenga en su gloria y brindará a mi salud… Quién pondrá fin a mi diario al caer la ultima hoja en mi calendario”.

Me río de mi mismo. Otra vez. Y me repito que seguro voy de arcángel, porque con todo lo que pasé ya pagué por esta y por las venideras.

Durante varios meses le di vueltas al tema. Hay que hacerlo bien en la primer oportunidad. Llegué a la conclusión que Don Alberto, el marino, tenía razón. Lo mejor es un disparo en la boca, con el cañón del arma bien adentro, levemente hacia arriba, apuntando en diagonal entre la coronilla y la nuca.

Apuro el trago.

Envío los mensajes de despedida que preparé en el celular para mis hijos.

Muerdo el cañón para que no se mueva.

Cuarenta y cuatro años después estoy plantado en el mismo lugar. Con un cañón en la boca. Lo detono yo.

 


Copyright©Delia Plazaola. 

Agosto, 2016. Todos los derechos reservados