Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo XII El archivo del escritor

Consigna trece Escribir un relato a partir de una frase que provenga del discurso histórico, una frase hecha del tipo de las que se transcriben a continuación y de las que ya no sabemos si se dijeron o si son un mito o una invención, pero que siempre se las repite refiriéndolas a la relación entre una situación actual y una remota o descontextualizándolas. O bien escribirlo a partir de una imagen histórica fuertemente convencionalizada. Extensión máxima: 4 páginas.


Frase seleccionada por la tallerista:

-A falta de pan, buenas son las tortas. (María Antonieta).


MEMORIA TIRANA

Nihil novum sub sole, Ec. 1, 9


Qué importan las tortas si no se pueden usar los dientes. En burlesca confesión me declaro inocente. Inocente. No he dicho pan, ni tortas, ni falta, ni buenas, no en una misma oración, ni en un tono que pudiera enardecer los estómagos de la gente. Y, sin embargo, acá me tienen encorsetada, ocultando la gula que reúne bultos en la barriga. ¡Protesten! Levanten sus banderas sobre el hambre, muevan sus cuerpos desnutridos en pos de la revolución. Los hemos esperado aquella vez y acudieron; la mesa repleta de delicias aguarda por sus manos. Desplomen el horror y sucumban a la más equitativa de las bajezas: ojo por ojo, diente por diente. Acudan a esa justicia que permitió destronar mi vida. El poder habla, vive dialogando entre libertades. Yo les digo sean dominio, ¿pueden?, permítanse ser María o Luis, ¿pueden?  Les repito, no lo he dicho y no hacía falta. Inocente. La verdad es y será, según el ojo y la mano. Ya ven, hoy al igual que entonces, escasean los panes, ¿cuánto ha dialogado el poder? Entiendan, he visto mis pies de tan cerca que no podrán decir que no pague mis males. A pesar de aquello, aún me escuchan, ¡a falta de pan, buenas son las tortas!

 

 

Consigna catorce Optar por una de las consignas que se proponen a continuación ("alfa" o "beta" o "gama"). Extensión máxima: 3 páginas.

De haber alguna correspondencia temática o formal con el texto escrito a partir de la consigna de escritura trece, aquel texto puede ser aprovechado para fusionarlo total o parcialmente con el de esta consigna.

Catorce gama Relatar un episodio histórico de su elección que se refiera a una muerte, una traición, un complot o un pacto; hacer una suerte de investigación bibliográfica sobre el hecho elegido, consultando libros de historia y/o archivos de documentos históricos.


ESTILO A LO GUILLOTINADO


“Han nacido para obedecer y deben aprender a hacerlo a su debido tiempo”. Dos de noviembre de mil siete cincuenta y cinco, Día de los Difuntos. ¿Mal augurio o una señal anticipatoria? La emperatriz María Teresa I de Austria daba a luz a quien sería reina consorte de Francia y de Navarra.

María Antonieta escuchó la revuelta y mandó a empolvar con harina de trigo su peluca. Una preocupación constante se enredaría entre el rebuscado diseño de aquel postizo. Los poufs, como se denominaban, se elaboraban sobre un armazón con rellenos de crin u otros materiales, y se ornamentaban con las mayores extravagancias; pero en ellos también podía albergarse algo más que lazos y diamantes. Los encargados de su cuidado y organización pasaban horas retocando cada detalle, lustrando cada magnífica joya y luego los mandaban a los talleres del barbero donde se ocupaban del empolvado.

La corte vivía atrincherada tras los muros en un intento suicida de ignorar la revolución de aquellos tiempos, y María se escondía tras un lujo que oprimía su memoria infantil; antes de ser lo que se pretendía que fuera. Pero no era ajena a la crisis que masacraba a Francia y la tachaba de “presumida y estúpida”.  Su afición al juego y a las fiestas se cristalizó en cada afiche revolucionario. La mujer, que aparentemente llevó a la ruina a Francia, tallaba su pesar en metros de peinado a sentimiento. ¿Tanta ostentación era acervo suyo? O una herencia exagerada y llevada al límite. La hambruna reclamó la cabeza de su esposo, el rey Luis XVI, una mañana de enero por traicionar la revolución. Su cráneo rodó sobre el cadalso junto a un susurro que apenas llegó a su confesor: "muero inocente de todos los crímenes atribuidos a mi cargo; perdono a los que han ocasionado mi muerte; y rezo a Dios para que la sangre que vais a derramar nunca caiga sobre Francia". Fue entonces, viuda y encerrada en la Conciergerie, cuando María Antonieta recordó la carta que había ocultado en el postizo… Aquel día la mañana era suave y su deseo por ver al noble Axel von Fersen cautivó sus manos, sentada frente a una ventana dejó que la pluma rozara su afilada punta contra un grueso papel de algodón. Mantenían una relación por medio de misivas y cada una era destruida luego de ser leída, o acaso censurada donde lo político se volvía apasionado. Un llamado repentino a su puerta la exaltó, recogió la carta, la dobló y la guardó en el enmarañado peinado; no era la primera vez que esos cabellos intrincados oficiaban de escondite. Tras escuchar la noticia de una revuelta en las afueras del palacio ordenó a sus criados retirar y guardar la peluca, no sin antes empolvarla. Pasó por alto el adorno epistolar que esta ocultaba y la olvidó. Imposibilitada por el encierro y bajo el recuerdo de su pasado, apretó sus manos casi como un intento de castigo por su traición. Pensó en el tocado y las letras se agolparon trayendo del olvido a sus pasiones y al nombre de su peluquero, monsieur Léonard, que podría recuperar y dar por ciertos los rumores de infidelidad. Intentó alejar del pensamiento la humillación que tal afirmación podía causar a la memoria golpeada de su difunto esposo; el tiempo perdió su regulación. Un frío inoportuno se inmiscuyó entre sus ropajes blancos erizando los bellos en sus piernas. La misma brisa envolvió su delicado cuello arropándolo, brindándole un último consuelo. Con el peso sobre sus rodillas y apenas pudiendo levantar su mentón creyó ver la peluca partir junto a ella y devolverle, en una especie de enmienda divina, el único ápice de intimidad que había tenido. Inmediatamente, una lluvia profusa de harina apareció frente a sus ojos, podía saborear los panes no cocidos, no amasados y el lujo de mantener sus empolvadas cabelleras falsas. La verdad es y será, según el ojo y la mano. Ya ven, escasean los panes, pero veo mis pies de tan cerca que no podrán decir que no pagué mis males.

 


Copyright©Natalia Belén Carballal Nogueira

Enero, 2023.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.