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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo II Relatos del yo: ficción, realidad y cajas chinas 

Consigna quince alfa: Siguiendo el modelo de los textos anteriormente citados, o inventando uno propio, elaborar un diario íntimo fragmentario donde se reescriba en primera persona la historia contenida en alguna crónica periodística, la que se pueda desprender de algún aviso clasificado, o de alguna anécdota personal. 

Consigna quince delta: Cualquiera haya sido la opción elegida, agregar al texto una nota a pie de página firmada por El Editor, o un prólogo, o un relato, que le sirva de marco.


"Debo contar la verdad de los hechos, alejar la sombras que nos persiguen a quienes no hicimos otra cosa que defender nuestra Fe y la Orden Ignaciana. Necesito contar los hechos que obligaron mi exilio, la huida como ladrón encontrado en fragancia.

Una piedra rompió el vidrio y en ella la nota de la sentencia.

¡Mueran los salvajes jesuitas unitarios!


Mariano Berdugo (*)

 

10 de agosto de 1841

He elegido el silencio y he obligado a los demás a callar para salvaguarda de nuestras vidas. Se cumplen las obligaciones diarias como la misa en el Colegio, visita a lo enfermos y algún bautismo. Nos necesitan y vamos con cuidado. Sé que los cobardes llegarán de noche. Una noche. Ésta, tal vez.


15 de agosto de 1841

Ha sido inútil el intercambio de ideas con Monseñor Medrano, sé que es declaradamente rosista. Jamás accederemos a someter nuestra labor académica al yugo de quien no desea oír nuestra voz. No hemos recibido aún órdenes directas de nuestro Padre Superior para concretar el cierre del Colegio. Sin embargo, he insistido en la importancia de reunir a padres y profesores. Contar la verdad, las firmes amenazas.


17 de Agosto de 1842

Las amenazas no amedrentan ni a padres ni a maestros. Clases con normalidad. Hemos recibido un firme apoyo del pueblo devoto

¡Dios proteja tantas almas inocentes de tal déspota inculto y oscuro!


25 de agosto de 1841

Nos obligan a llevar la divisa punzó en nuestros trajes negros. Ya no podemos ingresar al Cabildo ni visitar a ilustres ciudadanos ansiosos por recibir nuestra visita. La Fe nunca se puede quedar atrapada en hipócritas cintas bordó. Tirano y opresor. Nunca nos ha recibido, creo que nos teme.

Nos teme, lo dejo escrito con seguridad.


1 de septiembre de 1841

Tantos días alejado de mi pluma y de estas palabras que dejo como testimonio de estos días de angustia y pesar. Del incendio de las aulas, pudimos recuperar algunos muebles y retomar el dictado de clases en un espacio más limpio y ordenado. Pocos alumnos, muy pocos. Protegidos en el seno de hogares con sus padres asustados, siguen con las prácticas, la lectura y el estudio. Lo comprendo. Rezo por ellos.

"... Padre nuestro que estás en el cielo..."


5 de septiembre de 1841

Sin tantos alumnos y con tantas amenazas que llegan en las sombras, cruzando una calle, en una nota distraída que cae al pasar, decido que dos de mis fieles compañeros marchen a Montevideo. Allí los espera una familia amiga que les dará alimento y cobijo, nuestra Fe ante Dios. Rezo por ellos

"... Santificado sea tu nombre..."


7 de septiembre de 1841

Ha enloquecido.

Sabemos de su temperamento violento y errático. Sabemos de la Mazorca asesina que acecha por las noches sigue sus órdenes pero nunca le temí. No correré como cobarde.

Sin aulas, sin alumnos, sin maestros. Las noches son largas.

"... Hágase tu voluntad Dios, aquí en la Tierra como en el Cielo..."


9 de septiembre de 1841

Solo me he quedado en la casa. Los libros, nuestras preciadas notas de trabajo, todo lo hemos dispuesto en baúles que han marchado a Montevideo como si fueran telas y especies entre mercadería de un buen comerciante cristiano que nos ayuda. ¡He pecado, Padre! Es que preparo el exilio más cobarde.

"... Perdónanos de nuestras pecados,

así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden..."


12 de septiembre de 1841

Me han avisado que vendrán por mí esta misma noche. No hay nada que pueda hacer aquí. He decidido continuar la misión desde el exilio. Viajo a Montevideo en una barcaza que me espera a media noche.

Poco puedo llevarme. Apenas este diario, unas ropas y nada queda que pueda servir como evidencia ante calumnias e injurias. Hemos sido cuidadosos. He de partir con lágrimas en los ojos. Oculto bajo un capa negra y encapuchado. He de partir sufriendo

"... Líbranos del mal..."

Amén

 


(*) Texto extraído del Diario íntimo de padre jesuita Mariano Berdugo.

Este sacerdote fue nombrado en 1836 director del colegio del Salvador de Buenos Aires. Era la primera vez que los jesuitas eran llamados a Sudamérica desde su expulsión setenta años antes. Llegó a esta misión junto con otros cinco sacerdotes de la orden ignaciana, siendo su Padre Rector. Si bien Juan Manuel de Rosas mostró interés en contar con este grupo de jesuitas para mejorar la educación y contar con el apoyo de pro-jesuitas en el país, tiempo después la rivalidad fue cada vez mayor. Ante el peligro de perder su vida, los jesuitas se exiliaron en Montevideo. Berdugo fue el último en partir esa terrible noche de 1841.

 


Copyright©Susana Brandariz

Agosto, 2022. Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.