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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo V El cuento, su estructura

Consigna C1 Reescribir A la deriva en primera persona (desde el punto de vista de cualquier personaje) y observar cómo se altera la historia. Justificar. (Máx. 1 pág.)


Hoy lo voy a ver, atravesaré el monte, tomaré la canoa y volveré al trabajo en el obraje con mi ex patrón, el inglés Dougald. ¿Cuánto hace que no lo veo? Por lo menos ocho meses o más. Dorotea me dice que cada vez estamos más pobres, que ni siquiera podemos dar de comer a nuestro hijo. Tomaré coraje, no es cosa de cobarde pedir perdón, pero él se lo merecía, fue una bronca entre mi compinche Alves y yo. ¡Y si él no se hubiera metido en el medio! Pero tuvo que meter el hocico y ahí se pudrió todo. Y ahora… yo voy caminando, cansado ya, antes de empezar.

Hay mucha sombra en la selva, apenas se ven unas luces entre medio de las ramas, se escuchan ruidos, hojas que se mueven y pasos de animales, oliendo, buscando qué comer. Mis pies van pisando el suelo conocido, ya muchas veces lo recorrí, llegar hasta la canoa lo puedo hacer hasta con los ojos cerrados, pero… acabo de sentir algo doloroso en el pie, un dolor como nunca sentí, algo se me clavó, miro y dos gotas de sangre van saliendo del lugar y ahí la veo y ella me mira, es una serpiente, una yarará ¡Si la conoceré!

Me acaba de morder, quiere atacarme de nuevo, pero mi mano alcanza el machete más rápido que ella y la mato de un golpe. Voy alejándome, me arrastro apretando los dientes, aguantando el dolor, tragando saliva. Veo nublado, una sequedad en la garganta me aprieta y me deja sin aliento. Grito: -¡Dorotea alcánzame un trago de caña! Tengo sed, frío, mi cuerpo tiembla, quiero llegar a mi canoa, bajar por el Paraná, que el río me lleve y me arrastre con su corriente, quiero llegar al obraje, quizá me escuche mi compadre Gaona, me voy arrastrando ahora, cada vez aumenta más el dolor, mi cara está empapada, pero sigo luchando.

Me recuesto en el piso de la canoa, miro el cielo y le imploro a Dios que no me abandone.

Dorotea, Dougald, Alves, Gaona, todos me miran, me hablan, me preguntan qué me pasó, el pantalón me aprieta, ya no siento el dolor, me está abandonando. Mi canoa gira, las olas me acompañan. Ya pronto llego al obraje, soy fuerte, mis brazos sostienen los troncos, ya llegaré, hijo, te prometí que volvería, que nunca más habría riñas, que la caña ya no sería mi compañera.

Mi cuerpo está liviano, vuela, las caras que me miran ahora se alejan, se dan vuelta, se van achicando, estoy solo, ya falta poco, ya estoy llegando, el viaje está por terminar.


JUSTIFICACIÓN

Paulino quería arreglar su vida, los reproches de Dorotea lo habían puesto al límite, tenía que arreglar cuentas pendientes y así se lanzó al monte como tantas veces, pero ahora era diferente, pretendía volver a trabajar en el obraje como cuando él se sentía fuerte y llevaba a su familia el sustento. Las riñas y la caña lo estaban destruyendo, se armó de coraje y se decidió a ir a pedir perdón, tan difícil para él, hombre duro, cerrado, no propenso a la disculpa ni a la palabra, pero lo había decidido, deseaba arreglar su vida y demostrarle a Dorotea que él podía cambiar.

 


Consigna C 2 Escribir una historia en tono irónico, en tercera persona, desde el punto de vista de un animal doméstico, por ejemplo, un gato, un perro, un canario. (Máx. 1 pág.)


HELMUT

Llegó a la casa cuando tenía cuatro meses, lo habían ido a buscar al criadero y la familia estaba alborotada con su llegada. Todos lo miraban, lo rodeaban, lo cargaban en sus brazos. Él era chiquito, peludo, tierno, se dejaba acariciar, pero se lo notaba asustado, en un momento se hizo pis y se fue a un rincón, desde ahí miraba con sus ojos preguntones ¿dónde estoy? Ya le habían preparado el lugar para dormir, pero esa noche fue difícil, se lo escuchaba llorar y solo la caricia de los nenes lo calmaba. Al otro día lo bautizaron con el nombre de Helmut, era el que le quedaba justo para su raza, también le dieron un hueso de cuero, él estaba feliz, movía la cola y les regaló su primer ladrido.

Fue creciendo y su energía y potencia se hacían notar. Él quería correr, saltar, jugar con los chicos de la casa y sus amigos; pero invadía los lugares y su presencia empezaba a molestar a los dueños, se lo corría, se lo empujaba para que dejara pasar. El mayor de los hermanos no lo podía tocar, cuando lo intentaba, se le erizaba todo el pelo y eso ya era un indicio de que no le gustaba esa aproximación.

El dueño lo llevaba a pasear, pero su gran porte y su fuerza hacían imposible la salida, hasta que un día llegó alguien que le empezó a enseñar cómo caminar, detenerse, sentarse, obedecer.

Una vez, Helmut vio que estaban construyendo algo en el fondo del terreno, cuando lo terminaron lo llevaron y lo encerraron en ese sitio. Él escuchaba que era para que no fastidiara y que no fuera a morder a los amiguitos que venían a jugar. Tenía miedo, ya no podría correr, jugar, ser libre, él no iba a morder, solo quería que todo fuera como antes.

Ahora le estaban enseñando a atacar, ese adiestrador lo ponía frente al portón de entrada y lo incitaba a embestir con una manga de cuero, así sabría defender a la familia, pero él no quería, no le gustaba hacer eso. El dueño observaba atentamente el entrenamiento y no se separaba del lugar. Helmut al principio se resistía al ataque, pero con el transcurso de los días se fue acostumbrando y fue aceptando las órdenes y la mirada de su amo.

Pasó el tiempo y una tarde de invierno, con una llovizna que no cesaba, una humedad que hacía todo resbaladizo y la noche que pintaba fría e impertinente, apareció el dueño con la correa para llevarlo a dar una vuelta, Helmut había estado muy alterado y creyó conveniente sacarlo, a pesar de la noche perversa. Fue solo un instante, al colocarle la correa alrededor del cuello, el perro atacó a su amo al lado del portón, con una furia inusual. Era la revancha, la situación contraria a la esperada. El perro y el amo ahora frente a frente disputando su poder.

 


Consigna C 3 Escribir un relato que comience con la siguiente frase: "Cuando se acercó, se dio cuenta de que los perros estaban junto al cadáver”. Dé predominio a los acontecimientos y que el comienzo sea el final de la historia (analepsis). (Máx.1/2 pág.)


SOFÍA

Cuando se acercó se dio cuenta de que los perros estaban junto al cadáver, estaban lamiendo el cuerpo descompuesto, una sensación de asco y horror se instaló en él, una náusea repulsiva giraba dentro suyo queriendo salir, volcando toda la aversión que le provocaba la escena que estaba viendo.

Todo había comenzado un tiempo atrás con la búsqueda de Sofía, tenía cinco años cuando de pronto desapareció de la vista de sus padres. Vivían en el sur del país y habían ido junto a un grupo de amigos a pasar el día a orillas del río, que corría parejo y veloz con aroma a frutos salvajes. La vista era calma, Sofía juntaba caracoles y piedras coloridas, se la veía jugar y saltar, de vez en cuando tiraba alguna piedra al agua para ver esos círculos que se formaban a su alrededor y que se iban expandiendo poco a poco, provocándole asombro y alegría al sentir sus salpicaduras. Mientras jugaba escuchaba las voces de sus padres y el canto de los pájaros. Nada hacía predecir lo que sucedería más tarde.

Sin embargo, y sin ninguna señal previa, en un instante Sofía se esfumó, se perdió su rastro y a partir de allí se instaló el misterio, el reencuentro se convirtió en un hilo infinito; se recorrieron los puentes, los ríos, las calles, los bosques; los porqué circulaban entre la gente, se prolongaba el llanto y todos eran navegantes solitarios cruzando el océano inmenso e inescrutable del destino. Se juntaba el amanecer con el ocaso, se perdían las miradas fugaces y cada alma era un ser solitario que hacía de la búsqueda su mítico universo.

Hoy el espanto dijo presente con toda su crueldad, lo indescifrable se convirtió en evidencia mostrando la oscura realidad. La sustancia estaba ahí, más allá de la carne, con solo cerrar los ojos y respirar hondo se vuelve a escuchar el salto de Sofía sobre las piedras de la playa.

 


Consigna C 4 Escribir un relato que presente alguno de estos conflictos (Máx. 1 pág.):

-Personaje contra el destino.

-Personaje contra su propio instinto.

-Personaje contra la máquina.


¿MI MEJOR AMIGA O ENEMIGA?

Julio tiene veintitrés años recién cumplidos, es asistente de un estudio contable y está preparando su última materia para recibirse de contador. Todos los días viaja a la capital para ir a la facultad a la mañana y luego a la oficina de doce a cinco de la tarde. Como todos los mediodías llega puntual a su trabajo; el lugar es amplio, pero poco luminoso, hay una pequeña ventana que da a una avenida muy ruidosa, se escuchan las bocinas de los autos, el rodar de los colectivos que no dan tregua y como una pesadilla el sonido penetrante, agudo, angustioso de las sirenas de las ambulancias, que circulan en forma continua hacia el hospital que queda muy cerca. Ese empleo lo ayudó a pagar parte de su carrera y de sus gastos personales. Fue un año de mucho estrés, donde tuvo que cumplir muchos objetivos, y encima el contador principal le pidió un informe minucioso de una de las empresas más importantes que tienen. Ahora toma su tercer café, tiene que concentrarse y no fallar.

—Julio, no te olvides que el viernes me tenés que presentar el informe completo —dice el contador.

—Así es, lo tengo presente, estoy buscando todos los datos, creo que llegaré a tiempo —dice Julio—, pero en el fondo está preocupado.

Mientras Cecilia, su compañera, lo observa, ella siempre se salva, con su paso lento y su figura voluminosa se instala en su sillón y no se mueve de ahí en toda la tarde, para eso está Julio, a quien le recaen todos los pedidos y reclamos. Un día se va a armar de coraje para hablar con su jefe y tratar el tema. Se saca los lentes y limpia los cristales con un paño, se los vuelve a colocar y recoge un papel del piso, sigue con la computadora y responde varios mails que estaban en espera. Ya falta poco para terminar la jornada, pero los correos no dejan de entrar.

Ahora le queda un tramo difícil, tomar el subte, llegar a Retiro a esa hora complicada cuando todos regresan, unos contra otros, pegados, sintiendo el aliento y la respiración muy cerca; las miradas se cruzan, trata de no sostenerlas mucho tiempo, pueden interpretar un reto, una queja, un desafío; la computadora le pesa, es que el fin de semana hizo un poco de gimnasia y ahora el cuerpo se está vengando. Ya le queda menos recorrido, sube al tren, tiene seis estaciones por delante, va parado, cansado, se levantó a las siete de la mañana y todavía todo lo que le falta.

Llega por fin a su casa, se prepara algo para comer, después debe seguir estudiando la materia final y seguir elaborando la tesis. Cree que no fue una buena idea alquilar un monoambiente, debería haber seguido con sus padres hasta recibirse. Se sienta frente a su mesa de trabajo, no quiere perder tiempo a pesar del agotamiento que lo cubre. Abre la computadora, la enciende, ¡uy!, ¿qué ocurre? empieza a fallar, algo no está bien, presiona las teclas, no responden, el teclado está como soldado, verifica la carga de la batería, si bien todo está correcto sigue tildada; la apaga, la reinicia, espera, pero no, todo sigue igual, de repente se enciende, de nuevo empieza a funcionar, revive, comienza su escritura, está surgiendo todo lo que venía pensando, se nota su entusiasmo, todo está saliendo bien, sin embargo, se detuvo de nuevo, la pantalla se pone negra, no responde, la máquina se ha quedado paralizada. Ya Julio está desesperado, quiere avanzar, la semana anterior le había ingresado un virus, si bien se la arreglaron, ahora vuelve todo para atrás; recurre a los conocimientos que fue adquiriendo a través de los años de estudio, no obstante, por más que lo intente no quiere funcionar, le habla, le pide por favor, le implora, la amenaza a pesar de que ella siga impávida, inconmovible, no da ninguna respuesta, sigue firme en su actitud. Julio la sigue revisando, aunque ya a estas alturas se ha quedado inerte; a él se lo ve desencajado, da vueltas alrededor de la computadora, toma un vaso de agua, la levanta de la mesa, la mira por todos lados, la rastrea, se pregunta qué le puede haber pasado; cuenta las horas, no va a poder terminar el trabajo, siente la vista nublada, las luces le dan vuelta sobre su cabeza, unas gotas nerviosas recorren su frente y su camisa se pega a su piel, no sabe cómo fue que sus manos agarraron con fuerza la máquina diabólica que lo mira burlona y entonces en un impulso la arroja por la ventana del cuarto piso, sale volando, dando giros, danzando hacia el abismo con los ojos abiertos, con el miedo entre las teclas y con un estrepitoso ruido cae a la calle pulverizándose en mil partículas, formando una nube negra en el aire.

La escasa luz tapa su agonía y el adoquinado es testigo del último grito que marca su final.

 


Consigna C 5 El primer texto, La habitación cerrada, pertenece a Paul Auster; el segundo es de mi autoría.

Escriba otro en el que imite el estilo del escritor norteamericano, tome como parámetro el relato El reflejo, más abajo transcripto.


LA SOLEDAD ACOMPAÑADA

“El vientre de la ballena es la habitación, un espacio reducido en el que uno se enfrenta a su propia soledad”. Mi refugio es este sitio oscuro donde mis fantasmas transmutan en palabras y el silencio acompaña los recuerdos, las ideas, los pensamientos; ahí es donde surge la creación y me encuentro con mis miedos. “La invención de la soledad”, el cobijo donde el ser se encuentra consigo mismo, allí se abraza el tiempo a solas, ella se convierte en una aliada y forma parte de mi universo.

El escritor hace un ejercicio de la memoria, los recuerdos forman parte de su existencia, el tiempo que discurre, las horas que se dilatan y huyen entre las sombras, todo lo envuelve y lo acompaña. En el acto de la creación es donde surgen las primeras voces que van despertándose y apropiándose de uno, nacen y se transforman, dejan su hueco, surgen, comienzan su trayecto, yo solo sigo sus pasos, ya no me pertenecen.  La creación literaria se puede comparar con el proceso de gestación de la vida, surge de un medio oscuro, solitario, íntimo y sale al mundo. El creador y su criatura tienen un cordón que los unirá para siempre, se gesta en el seno protegido donde la savia circula profusamente y desde ahí se separa de sí mismo y se convierte en otro.

En esta obra de la memoria que comienza en la penumbra del encierro viene a mi mente la imagen de mi padre. “Tuve la certeza de que mi padre se había marchado sin dejar ningún rastro”, que terminó su tiempo, y su muerte se asemejó a su vida, se ubicó en un costado de la escena para no ser protagonista. Sus debilidades se convirtieron en remordimientos y culpas al llegar a la vejez, pero los soportó estoicamente hasta el final.

Ya era tarde, no le quedaban más fuerzas, un hondo suspiro marcó su final, y en un instante su vida se apagó, así de golpe, sin despedidas ni adioses.

Ahora lo sentiré de lejos, ya terminada la obra, revisaré sus hojas, me acercaré a ese aroma inconfundible de las páginas del libro, acariciaré su lomo, rastrearé otra vez sus letras y me preguntaré nuevamente si la vida se detiene, si llegué a entenderlo, si “el libro de la memoria” me ayudó a conocerlo más, si el tiempo que transcurre termina en cada obra o nace en cada final y si la soledad acompañada seguirá siendo parte de mí. “Cada libro es una imagen de la soledad”.

 


Copyright©Stella Maris Pardo

Abril, 2022.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.