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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo IV La literatura y los géneros discursivos de uso cotidiano

Consigna nueve: Escribir una receta, un reglamento o unas instrucciones con uno de los siguientes objetivos: “conseguir amigos influyentes”, “sobrevivir en la Argentina actual”, “ser una chica ‘fashion’", "no morir a la hora señalada", "volver a un estado amniótico". Se puede elegir también un objetivo no mencionado aquí. Extensión máxima: una carilla.


ESCARMIENTO

Amalia la observó desde la cocina, vio como una a una Diana tiraba las galletas sin jalea, aludiendo a que no todos caben en el mismo plato. Se estremeció al sentir que en gran parte se parecían a ella, se repitió de manera inagotable: “No soy una astilla en el dedo gordo”, y abrió el recetario que Raquel, la antigua cocinera, había dejado por descuido, o por apuro. El cacao, aparte de oscuro, es bien preciado, se dijo al tiempo que sacudía su delantal empolvado. Galletas amargas, así intitulaba la receta. Su dedo se deslizó por cada ingrediente:

100 g de harina,

50 ml de aceite,

1 huevo,

50 ml de leche,

100 g de azúcar,

Hizo una pausa, se secó el sudor en la frente y continuó:

cacao al gusto.

Para poder continuar, Amalia, debía conseguir cada uno de los componentes, se dirigió a la despensa y notó que el único ingrediente faltante era el cacao.

El calor, aquella tarde, volvía más crespa su cabellera y fundía la planta de sus pies hinchados. Pero sin el cacao, aquellas negras amargas, carecerían de sentido. Salió y caminó aproximadamente un kilómetro hasta lo de los Brown, patrones de Ramona, su hermana. Los Brown solían hacer encuentros literarios y en ellos siempre servían té y galletas, por lo que supuso que Ramona podría tener y darle algo de cacao. Se volvió apurada y con las manos vacías, su hermana no solo no le dio el cacao, sino que le rezó una perorata por ausentarse sin permiso. El tiempo apremia y una nueva tertulia se aproxima.

Cascar los huevos, incorporar el azúcar hasta que creme. Los brazos de Amalia se movían con frenesí y sus colgajos se sacudían victoriosos. Verter el aceite, en un hilo muy fino, y la leche, seguir batiendo. A esta altura el cansancio se descargaba en enormes gotas que una a una se depositaban en la preparación. Por último, añadir la harina y el cacao. Un pensamiento suspendió la acción, ¿qué podría suplantar el cacao? El color establecía el foco, las volvía únicas y codiciadas; inertes justicieras. De pronto un olor ahumado la distrajo, Enzo, un criado que hacía cinco años acompañaba a la familia, estaba quemando maderas de un vetusto cerco que por pedido de la patrona debía desaparecer.  Y así fue, casi, ya que las brasas sahumaban el entorno. Entonces la respuesta se hizo tangible. Una referencia dulce a un trabajo amargo. El carbón sería un buen sustituto. Revolvemos muy bien todos los ingredientes. Dejamos reposar la preparación tapada por veinte minutos; OJO, el mejunje tiene que quedar más duro que la mezcla de bizcochuelo para que las galletas no se desparramen en la fuente. Su tonalidad era oscura, glorioso. Disponer trozos del preparado en una fuente engrasada y enharinada, por último, hornear veinte minutos. Dejar enfriar. Servir las masitas acompañando el té.

 


Consigna diez: Imaginar la siguiente situación: dos mujeres intercambian chismes en una peluquería de barrio, mientras se hacen peinar/cortar y/o teñir el pelo. La charla de las dos se mezcla con la enumeración de las acciones del peluquero, llevada a cabo por un narrador objetivo (que se limita a referir acciones del modo más neutro posible).

Utilizando esta idea, escribir un relato en el cual se parodie el lenguaje de las mujeres.

Extensión máxima: 1 carilla.

Ejemplo:

“Toma la tijera y la mira al trasluz. Viste que ridícula que estaba la madre de Mabel en la fiesta del club. Sí parecía un pajarraco con ese sombrero lleno de plumas (a esta le sigo el juego, no tiene la menor idea de lo que está de moda). Observa con atención un mechón del cabello: las puntas están florecidas …” En el ejemplo se mezclan las voces de dos mujeres (“Viste que ridícula que estaba la madre de Mabel en la fiesta del club. Sí parecía un pajarraco con ese sombrero lleno de plumas…”); el pensamiento de una de ellas: “(a esta le sigo el juego, no tiene la menor idea…)”; y las palabras del narrador objetivo (“Toma la tijera y la mira al trasluz. Observa con atención un mechón de cabello…”). Es decir que la narración está hecha por las tres voces, a modo de collage.

 


CIZAÑA

Siempre las mismas revistas, la más nueva tiene tres años, disculpá, Marta, ¿ese es el libro de Ludovica Squirru? Marta se lo pasa sin decir nada. ¡Qué alegría, es actual! Este es el año del tigre, ¿sabés?, y Ludovica dice que lo sexy al tigre no le quita lo bravo, porque eso hay que tener para encarar este año: las garras bien afiladas. (Él) Empieza a cepillar el cabello de Marta, la observa a través del espejo y fija su mirada en las puntas amarillentas. Hablando de animales, ¿te canto la justa? Ofelia dice que no va más a tu casa porque la última vez vio una cucaracha. ¿Una cucaracha? Ella es una cuca, de tanta cama solar y bótox está marrón y acharolada. Vamos, Marta, que retoques tenemos todas. Retoques sí, pero eso ya es una plastificación al vacío. El olor a tintura empieza a abarcar el entorno y el pincel se desplaza en molestos y dificultosos brochazos. ¡Hay!, despacio; vos, por ejemplo, te pusiste un poquito de hialurónico en el bozo y se ve re natural. Lo que quiero decir es que los excesos son malos, es una adicción, ¿me entendés? Por supuesto, coincido… Che, me dijo Troilo, el de la farmacia, que estás tomando clonazepam otra vez. (Él) Contiene un pequeño esbozo de risa y en el descuido tira el bol de tintura, lo recoge rápidamente y se va a preparar otra mezcla de 734 jalea real y 90 trigo. Mirá, solo tomo 0,50 mg para poder dormir porque el perro del vecino no para de ladrar durante toda la noche. Creo que algo raro hacen, seguro que el zaparrastroso del hijo vende drogas, siempre hay luz y ruido de motos, y ese maldito perro… Bueno, no te estreses, Ludovica dice: “Nos vamos a tener que adaptar a lo que nos toque en nuestro karma. Depende de tu capacidad interna, de cómo sos, de cómo ves la vida”. Peina el cabello, distribuye toda la mezcla, finaliza colocando el nuevo preparado en las puntas y espera unos minutos (¡qué seco! Ya no tiene arreglo, como si fuera mago, eso quisiera). Tal vez le diga que se dejen de joder con esas reunioncitas nocturnas, en una de esas tengo suerte. Lleva a Marta a otro sector y enjuaga el pelo aplicando una ampolla de aceite de palta. ¿Suerte? Le responde gritando para acercar la distancia. Suerte tiene la Coca, Marta, el otro día se ganó veinte mil pesos en el quini. ¡Esa hija de p…! No se lo merece, con esa cabellera dorada le robó el marido a Ester. ¡No se lo robó! Parece que es la amante. Es lo mismo querida, te digo más y sin querer ser indiscreta, pero se pavonea en la puerta del taller de tu marido. Seca y peina el cabello como tratando de enderezarle los rulos, o las ideas. ¿Qué tal me queda el nuevo color? Exuberante, como el de Coca. ¡Qué mano tenés! (que vuelva Jorge) Bueno querido, me saludas a Ofelia, tu madre, chau linda y despreocupate que tu marido es de fierro, otro día me das el libro.

 


Consigna once: Elaborar un relato que se construya a partir de una sucesión de telegramas y/o mensajes de correo electrónico, anotaciones de agenda, avisos fúnebres, recetas médicas, mensajes de texto (SMS), etc., y que tenga como elemento en común la figura de un personaje que será su emisor o destinatario. Tomar como modelo Los años 90 de Daniel Link o Boquitas pintadas de Manuel Puig. Extensión máxima: 1 carilla.


NOTAS A LA ESPERA

Mi querida Mani di fata:

Tal como ayer, continuamos sin gas (ya lo sabrás) y a mi edad estos aparatos tecnológicos ganan la batalla del saber. ¿Será posible que cuando vuelvas del trabajo pases por casa para prender la estufa eléctrica? Acá te espero con budín y té.

Besos.


 

Antes que nada, mi querida Mani di fata, gracias por tomarte el tiempo de compartir la tarde y prender la bendita estufa, no sé por qué mi hijo me trajo este modelo. ¿Será que no se acostumbra a que su madre es vieja?

Te cuento que hoy estuve hablando con Mari, la encargada, y me dijo que tenemos como para tres semanas más sin gas, espero no incomodarte con mi pedido de encenderla. Sé que trabajás y a veces uno está cansado, pero si podés (ya que está haciendo mucho frío), acá te espero con los brazos abiertos y algo calentito.

Mis mejores deseos para vos.



                 Mani di fata:

Espero que sea de tu agrado el libro que te presté. Hoy te espero a la noche, ¿podrás? Lo que pasa es que a la tarde me voy a jugar a la canasta con las chicas de la asociación. Vení que te voy a dar algunos poemas que escribí de joven para que los leas. Esos voy a necesitar que me los devuelvas prontito ya que Elsa, una amiga, el jueves, les va a hacer una copia para enmarcar algunos de ellos y colgarlos en el club. De paso me prendés la estufita.

En esta ocasión, te dejo en la bolsa un pedacito de un budín que me vendió el chico del todo suelto, es de limón, ¡delicioso!

Un cálido abrazo.



Mi Mani di fata:

¿Cómo puedo agradecer esto que hacés por mí? Quizá te resulte una tontera, pero no es así, me estás dando una mano enorme. El frío casi está congelando a mi potus y a mis rodillas, ya no se puede estar sin una fuente de calor; por lo menos no a esta edad. ¡Qué justo te queda el apodo que te puse! ¿Sabés que significa? A la tarde si pasas te cuento y te muestro los regalitos que me hacían mis alumnos mapuches, yo sé que los vas a apreciar, ¡cuántas anécdotas! Y si no podés, mañana te lo revelo en una notita.

Cariños.

 


Querida:

Me dijo Mari que me estuviste buscando, te pido disculpas, pero resulta que me había olvidado que tenía un turno médico, salí deprisa y volví tarde a casa. Nada complicado, pero así son los achaques de la edad. Luego, ya no quise molestar. Hoy te espero a la hora de siempre, ¿podrá ser? Es que el departamento parece el congelador de mi vieja Siam. Igual y para no dejarte con la intriga, te voy a adelantar lo que significa tu apodo. Mani di fata, es manos de hada en italiano, fíjate cómo encaja a la perfección. Vos y tus manitas mágicas me mantienen calentita.

Nos vemos mi sol.

 


Querida Eli:

Antes que nada, te agradezco por prender a la maldita. Recibí tu notita al abrir la puerta esta mañana, ¡qué alegría! Sucede que justo estaba en la clase de yoga terapéutico. No te preocupes por hoy, parece que mi hijo decidió que lo mejor es que hasta que se pueda resolver el tema del gas me vaya a vivir a su casa (no sé cuánto me aguantará), pero me preocupa que te quedes solita. Por ese motivo le di la llave de mi departamento a Mari. Si querés desde allí me podés llamar, el número de mi hijo está en la libretita con la cara de Francisco al lado del teléfono. De paso te pido que me cuides el potus, tengo miedo que note mi ausencia y se ponga triste, mustio. Un poco de sol, agua y mimos; eso basta. Pero para que te lo voy a aclarar, vos y tus manitos de hada hacen magia. Mani di fata, prometo no dejarte sola.

Hasta pronto, Delia.

 

 


Copyright©Natalia Belén Carballal Nogueira

Febrero, 2022.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.