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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a ls Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo II Relatos del yo: ficción, realidad y cajas chinas

Consigna quince Seleccionar una de estas alternativas, alfa, beta o gama, y una vez escrita agregarle el punto “delta”. Extensión máxima: 2 carrillas. 

Consigna quince alfa Siguiendo el modelo de los textos anteriormente citados, o inventando uno propio, elaborar un diario íntimo fragmentario donde se reescriba en primera persona la historia contenida en alguna crónica periodística, la que se pueda desprender de algún aviso clasificado, o  alguna anécdota personal.

Otra vuelta de tuerca:

Consigna quince delta Cualquiera haya sido la opción elegida, agregar al texto una nota a pie de página firmada por El Editor, o un prólogo, o un relato, que le sirva de marco como en el inicio de “Loco” y justifique su publicación.

 

DIARIO DE UN NO VIVO

He aquí la muestra de un ayer que se hace presente, de sus instintos o impulsos humanos reprimidos y primitivos, del conflicto entre nuestras normas sociales, religiosas y la bestialidad que guardamos. El arquetipo de la sombra envuelta en el mito, traída hoy por medio de este escrito firmado por Darko Zari?, un hombre servio del que poco se sabe, pero que pudo perpetuar en una suerte de diario de pequeño formato el paganismo y folclor que rodeaba su época, y da cuenta del atemporal e insaciable antojo por la inmortalidad; por la representación de un deseo salvaje de encarnar (por un lado) y justificar (por el otro) el mal: 

[…]

   27 de diciembre de 1742

Creo que morí, no soy yo quien escribe, es la sombra. La pluma se desliza etérea amontonando letras y esparciendo tinta, tinta que fluye como lo hace la sangre: limpia y abultada. Y lo sé porque pude verlo, observé el momento justo en que mi cuerpo se desvanecía, cayó con rudeza, casi queriendo enterrarse solo, el impacto me ensordeció, mi mano apenas pudo sujetarse de un miserable arbusto, y sin oponer resistencia cerré mis ojos. Morí.

[…] 

7 de enero de 1743

Recordé, la vi antes de mi muerte, Anica, mi dulce Anica, saboreaba la carne de esas ovejas infectas, al cabo de unos días enfermó. Ahora lo recuerdo bien, fue ella, ella inició todo y a ella le siguieron otros, ¿cómo podría saberlo? Agonizó por seis días y murió; poco a poco todos morirían y absorberían la esencia vital de este andrajoso pueblo. Debí huir en el momento que lo supe, pero sentía su sangre en la mía y a la muerte habitando mi cuerpo.

[…]  

15 de enero de 1743

Escuché que el Dr. B.J. Lindenfels reunió a una comisión investigadora; muchos de los cuerpos estaban descompuestos, pestilentes, y apenas los exhumaron un río de vómito adornó la escena, pero los otros… es aberrante, sus órganos estaban llenos de sangre fresca y sin coagular, las vísceras estaban en buen estado, su pelo y uñas habían crecido, un delgado hilo de sangre se escurría desde sus comisuras, y su piel asomaba dolorosamente rosada, todo su estado era lozano. Sin dudar los mutilaron, cortaron sus cabezas, las quemaron y tiraron las cenizas, luego, en una especie de redención los volvieron a enterrar despojados de su cráneo. Era evidente lo que sucedía; la encarnación del mal, el lado salvaje y bestial, ¿de quién?

Anica, su piel siempre áspera y trabajada, y ahora estaba tersa y rosada… ¡Pude imaginarte bebiendo la vida, la de otros, la mía! Ellos la mataron, la decapitaron, la incineraron, y yo acá como un no vivo y con deseos de dilapidar fluidos, ¡y el dolor en mi pecho!…

[…]  

18 de enero de 1743

 Hoy al despertar sentí mi cuerpo arder, inmediatamente recordé a Anica comiendo aquella carne contaminada, y también a los días posteriores antes de su muerte, me atormenta la idea de saberlo, pero, por otro lado, quiero rebelarme, bañarme en el sufrimiento de mi amada Anica, recordar para acabar con el dolor.

Me encuentro algo desorientado, pero no lo suficiente, puedo recapitular el momento en el que hui de nuestro hogar, fue justo cuando Anica moría (por primera vez), la vi y quedé aterrado, el sol que se filtraba por la ventana hacia brillar sus enormes dientes, solo quería beber, comenzó a temblar y de sus ojos caía inexorable la desgracia, sus gritos desesperados parecían manar palabras de otras lenguas. Corrí tan lejos cuanto pude, de pronto, la imaginé perdiendo la conciencia, ahogándose con su propia saliva, perenne, humana, entonces intenté volver, la rapidez en mis piernas se adelantó al oxígeno y caí, mi mano rozó un arbusto del cual no pude sujetarme. Fue en ese momento. Morí. Para cuando recuperé la conciencia ya era de noche, sabía que no era yo, era otro en mi cuerpo, un ser despreciable, lleno de rencor y odio, me oculté entre unas rocas, no podía regresar.


19 de enero de 1743

Me siento mucho mejor, al tacto estoy frío, creo que me estoy transformando, sé que puedo matarlos. ¡Este es tu don, Anica!

[…]

23 de enero de 1743

Al parecer el Dr. B.J. Lindenfels enfermó, dicen que hace días no sale de su casa; en las sombras uno puede enterarse de todo, el temor hace hablar a los débiles. Voy a tener que apurarme.

24 de enero de 1743 (madrugada)

Llegué a su puerta decidido a extinguir esa miserable vida, visualicé cada uno de mis dedos reduciendo su cuello a hilachas. La vista se turbó, perdí la conciencia unos minutos, para cuando volví en mí ya estaba adentro, di un paso sigilosamente y lo vi, estaba escupiendo sangre, embutido relamía sus dedos y sacudía el cuerpo de su esposa que yacía en el piso ensangrentado, gritaba profesando palabras indescifrables, como lo había hecho Anica antes de todo, parecía saciado por su vicio; invocando al demonio o a algún otro monstruo. ¡Serán y dejaremos de ser! Me fui en cuanto advertí lo que pasaba, ¡Lindenfels engendro! Infectaste a los animales, a todos, ¡estoy seguro! Me siento malogrado e indigno de Anica y de estas manos que pudieron volverse afamadas. Ella lo eligió, sabía con quién trataba cuando compró una de sus ovejas, puedo sentirlo en este corazón perecedero, pero él le falló, redujo su inmortalidad a cenizas.

[…]

27 de enero de 1743

Nada se sabe del Dr. B.J. Lindenfels y su esposa. Alguien vio a un hombre acarreando enormes costales la misma noche en la que yo me acerqué.


28 de enero de 1743

Solo soy un mortal.


El texto “Solo soy un mortalse repite por seis días consecutivos al 28 de enero de 1743, luego se interrumpe el diario.

 


Consigna dieciséis

a. Usted es Emilio Renzi y le envía una carta* a Bartolomé Marconi en la que critica la actitud que tuvo con respecto a las cartas de la mujer fea. Renzi, como buen intelectual enmarca su comentario en un tema más amplio: la relación vida/literatura.

b. Como en un juego de cajas chinas, incluir esta carta dentro de un relato que explique la necesidad de la publicación de la mencionada carta. (Extensión máxima 3 carillas).

* Con respecto al uso del género carta sugerimos, en este primer intento, la lectura completa de Respiración Artificial, o buena parte de ella. Esto permitirá también encontrar elementos para construir el tono y la sintaxis de Renzi, ya que –parafraseando a Borges– saber cómo escribe un personaje es saber quién es. El objetivo de esto es elaborar un “pastiche”, es decir, una imitación de estilo, que dé por resultado un texto apócrifo en el que se escriba a la manera de Renzi. Para crear este efecto, es muy útil tomar frases y expresiones típicas del personaje en cuestión y mezclarlas con la propia escritura. En este sentido, también, y con el fin de presentar argumentos que pueden ser de utilidad a la hora de imaginar la respuesta de Renzi, un intelectual, nos parece útil presentar una suerte de archivo de citas sobre la relación entre vida y escritura:

Archivo de citas

“Vivir en un hotel es el mejor modo de no caer en la ilusión de ‘tener’ una vida personal, de no tener quiero decir nada personal para contar, salvo los rastros que dejan los otros”

“La crítica es la forma moderna de la autobiografía. Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es la inversa del Quijote? El crítico es aquel que encuentra su vida en el interior de los textos que lee.”

Ricardo Piglia

“Es sabido que Proust no ha descrito en su obra una vida, tal como realmente es, sino una vida tal como la recuerda quien la haya experimentado. Y, sin embargo, tal afirmación no es demasiado precisa, y es expresada con demasiada torpeza. Puesto que, para el autor que recuerda, el papel principal no lo tiene lo que él haya experimentado, sino el tejido de sus recuerdos, la tela de Penélope de la rememoración.

¿O acaso no correspondería hablar de una tela de Penélope del Olvido? ¿Acaso la memoria involuntaria de Proust no está más cerca del olvidar que de aquello que, comúnmente, se denomina recordar? […]

Cada mañana, al despertar, por lo general débiles y confusos, sólo encontramos entre nuestros dedos unas hebras del tapiz de la existencia vivida, tal como el olvido lo ha entretejido con nosotros.”

“Existe, es cierto, un régimen crudo de la experiencia –igual como existe un régimen crudo del estómago- a saber: las experiencias en carne propia. Pero el arte de la [narración] al igual que el arte culinario, recién comienza más allá del producto crudo. ¡Y cuántas sustancias nutritivas caen mal cuando están crudas!

Walter Benjamin

 

Consigna dieciséis

a.

Estimado Bartolomé Marconi:

¿Qué tan real es su vida?, ¿qué tan autentico su discurso, o el mío en esta carta?, qué seguridad nos ofrece el espejo. Creo que entenderá la orientación de estas palabras; ver otras realidades que se asocian de manera discontinua y aparentemente casual, se entrecruzan, se chocan y entran en conflicto (o algo así). Es cierto, usted también puede ser indivisible de sus sonetos, si los leo, me pregunto: ¿Quién enuncia? En mi opinión, pueden ser abominables y estéticos, y así mismo alterar el orden según la fisonomía, la suya o la de la hoja. ¿Se da cuenta?, ustedes convergen.

Le acerco lo que podrá ser una eventual charla de café o una cuchillada en una esquina, todo en resumen del polaco Tardewski, que de manera indiscreta me avecinó lo que podría ser un gran invento suyo. Una tarde me encontré a mi amigo Ricardo Piglia, solo, comiendo un tostado en un café ubicado en la esquina de Callao y Corrientes, me acerqué y vi que leía algo en una servilleta, me miró y sin saludarme dijo “Se registra lo que se vive sin distancia, lo que tiende al presente, pero al transcribir, uno ya es otro”. Entonces, ¿qué dice acá? Se preguntó, y solo pudo inventar lo que le parecía, ¿le resulta familiar? ¿Pensó en ella como un ser que vive literariamente? “Era una mujer increíblemente fea, de una fealdad fascinante, casi perversa.” Dijo usted, me cuenta Tardewski. De hecho (creo), que cosas muy feas (a ojos de unos) han sido la materia prima de buena parte del arte. Si me deja, y creo que no tiene oportunidad en este caso, le enquisto la intriga para indagar en la sonoridad de sus entrañas, bien lo expuso Walter Benjamin “Existe, es cierto, un régimen crudo de la experiencia –igual como existe un régimen crudo del estómago- a saber: las experiencias en carne propia. Pero el arte de la [narración] al igual que el arte culinario, recién comienza más allá del producto crudo. ¡Y cuántas sustancias nutritivas caen mal cuando están crudas!” Pero usted, Marconi, todo esto ya lo sabe.

¡Tardewski, Tardewski, tu gracia demasiado interrogativa!

Creo que puedo despedirme sin la intención de estar escribiéndole. Sepa entender.

Emilio Renzi

 

Consigna dieciséis

b.

Cuenta Gregorio que le dijo Renzi, que no quería decirlo, que la gracia de Tardewski se había entrometido y como resultado se puso a escribir. Un sinfín de meras casualidades podría decir, pero ya me ve, recopilando cartas, voces que como aullidos no puedo distinguir de donde provienen. En esta última, particularmente, solo podría haber dicho ¡Envidioso desgraciado!, sin embargo, es posible que no hablara por él mismo. Y es por eso que estoy acá (amarrada) dirimiendo mis propios desacuerdos. ¿Entiende la dificultad a la que estoy sometida?, es verdad, usted me dice que no se trata de mí, pero yo me siento parte, ahora estoy involucrada. ¡Mire a su alrededor! Sí, solo libros, ni adornos, ni artilugios de la tecnología, salvo esta vieja computadora. Claro, usted expone que no hay nada de mí en ellos, que cada uno posee su autor o que varios comparten el mismo. La verdad (mi verdad) es que los veo, los leo y puedo leerme, dispar, cada vez. ¿Por qué en este caso sería diferente? ¿Qué no me involucre?, ¿qué haga mi trabajo? “Se registra lo que se vive sin distancia, lo que tiende al presente, pero al transcribir, uno ya es otro”. ¿Le resulta familiar?, no estaría haciendo mi trabajo si no me envolviera en estas cartas. Si insiste solo me centraré en la última, y si quiere perjudicarlo, devaluarlo como escritor, deduzco que estaría asumiendo el papel de Bartolomé Marconi; la próxima tirada rebasará de tiranía y así obtendrá lo que quiere y yo, por mi parte, asumiré otro rol, muy similar al suyo.

 


Copyright©Natalia Belén Carballal Nogueira

Diciembre, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.