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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VIII El personaje

Consigna P 1  A partir de los datos que se proporcionan a continuación, escriba un relato breve. (Máx. ½ pág.)  

Nombre (a elección) y apellido (opcional), nació en la Argentina, el 16 de mayo de 1889, sexo masculino.

Darle un color de piel y cabello; forma de sus ojos y nariz; estatura.

Una actividad ruda en el campo.

No tiene familia, sólo amigos, uno de ellos lo traiciona.

Posee dificultades para caminar (por ejemplo, una cicatriz muy pronunciada en la ingle).


La cicatriz en la ingle lo forzaba a un paso ladeado, tenía veintisiete años de huérfano y de vida. Nacido y criado por la suerte junto a los gauchos de los cañaverales del norte argentino, actividad que ha resuelto su paso por este mundo. A José Almirón lo conocían por su apodo: el matador de las cañas, porque un día, entre el cañaveral en la hora del trabajo, a la edad de diecisiete, mató a su mejor amigo de un machetazo en el brazo, murió desangrado. Sin arrepentimiento alguno que haya podido vislumbrar en la luz de sus ojos grises, me contó, José Almirón, que un brazo herido era el costo de la traición (jamás supe el motivo real), y que la muerte no le pertenecía; coincidió la misma hora del destino irse con una herida en el brazo. Me lo contó él mismo, era bajito, de piel curtida y oscura por el sol de los campos, nariz medio chata de fosas grandes, y sus ojos que al pasar los años seguían siendo grises.

 

 

Consigna P 2 Escribir una ficha, lo más completa posible, de alguno de estos personajes:

-Una señora de clase alta del siglo XIX

-Un pintor fracasado

-Un músico ciego


Nombre: Eugenio Taparras

Edad: cincuenta y seis años

Físico: flaco y alto, espalda levemente encorvada, pelo largo color negro con algunas canas entremezcladas, nariz puntiaguda, boca fina y rígida. Dedos largos como si fueran pinceles.

Carácter: bohemio, bueno, desorganizado, le gusta conversar bajo los efectos del alcohol. No le importa el dinero tanto como su arte.

Profesión: pintor. Se destaca en las pinturas de cuerpos y caras humanas dando vida a sus dibujos a través del brillo de los ojos de quienes son sus modelos.

 


Consigna P 3 A partir de la ficha que redactó, escriba una historia breve que tenga al personaje como protagonista. Narrador en tercera persona, adulto, entre 50 y 60 años. (Máx. ½ página).


COLLAGE DE UN RETRATO


Mucho le hubiera gustado pintar su propio rostro frente a un espejo, pero jamás lo hizo; un miedo en sus entrañas impedía el acto de autorretratarse. Un temor surgía cada vez que lo intentaba, abandonando el pincel antes de llegar al punto de sus pupilas.        Entonces tuvo la idea de no dibujar sus ojos. No era él; era su cara, sí, pero no era del todo Eugenio Taparras. Fueron sus dedos flacos que pintaron su propio rosto, era su boca fina y rígida, su nariz puntiaguda, su pelo largo con algunas canas entremezcladas, pero no sus ojos, ni mucho menos aquel brillo del que siempre daba que hablar en sus obras. Eran de alguien más, de algún discípulo, de algún modelo, de quien se halla prestado para la ocasión. Una hidra de mil caras de la cual ninguna era la propia. En ese tiempo tenía cincuenta y seis años, y fue la única obra que pudo haber vendido por millones, pero no le importaba el dinero tanto como su arte. Pasaron los años y la vida transcurrió, pero él ya había muerto el día que cambió sus ojos.

 


Consigna P 5 Escriba una historia breve en la que el protagonista es el personaje de la foto.

Taller de escritura LA ARGAMASA

Dicen que en esa foto estoy yo, como si pudiera doblegarme y asentir con total tranquilidad “sí, una foto carnet para mantener un recuerdo de mi rostro”. Me pregunto, entonces, ¿con qué ojos ven las cosas? En cuanto a mí, con toda seguridad, aquella figura estática, de fondo blanco y nada rebelde, no soy yo. ¿Acaso nos mantenemos inertes al paso del tiempo? Más creo en la imagen que devuelve el reflejo de los lagos, de los ríos, de las fuentes de agua, porque cada agua es distinta cada vez, como cada rostro es distinto cada vez; cambiamos en cada paso que damos como también he de cambiar yo en cada imagen que me reflecta. Vernos como humanos es solo un acto de vanidad, a veces somos elefantes; otras hormigas o piedras; las menos, personas con caras que quieren decirnos algo; y todo dependerá de la fuente donde estemos reflejados y de la actitud propia de ver aquello que se nos muestra; ¡qué conjugación extraña! Pero una foto de papel, como la que tengo aquí, que intenta descifrar algo que no soy, esa barba larga y desprolija, esos ojos negros y poco transparentes, esa frente arrugada, esas patas de gallo que añejan la juventud. La confirmación de vernos como personas en una foto y declararnos como tal, demasiado honor para esta vida que poco se entiende. Si me vuelven a preguntar, no dudaré en responder que no encuentro ningún parecido. Estimo que tal vez sea la suerte que le tocó a esa hoja de papel.

 

 


Consigna P 7  A partir de la lectura del microrrelato El amor es crédulo, de Marco Denevi, escriba otro en primera persona protagonista, desde el punto de vista de Odiseo y otro, desde el punto de vista de Milena. Use en el primero el estilo indirecto, en el segundo, directo. (Máx. ½ pág.)

De regreso en Itaca, Odiseo cuenta sus aventuras desde que salió de Troya incendiada. Sólo obtiene sonrisas irónicas. La misma Penélope, su mujer, le dice en un tono indulgente: “Está bien, está bien. Ahora haz descansar tu imaginación y trata de dormir un poco”. Odiseo, enfurruñado, se levanta y se va a caminar por los jardines. Milena lo sigue, lo alcanza, le toma una mano: “Cuéntame, señor. Cuéntame lo que te pasó con las sirenas”. Sin detenerse, él la aparta con un ademán brutal: “Déjame en paz”. Como ignora que ella lo ama, ignora que ella le cree.


Primera persona protagonista, Odiseo. Estilo indirecto.

He llegado a Itaca después de un largo padecimiento de viajes interminables. Troya, lejos, incendiada; el canto irresistible de las sirenas en las profundidades oscuras del mar; las amenazas terroríficas de Escila y Caribdis, en vano. Y al encontrarme con mi amada Penélope, después de años de ausencia, no vislumbro en su ánimo voluntad de ser escuchado, me ha dicho que está bien, con un ademán de olvídalo, dijo también que vaya a descansar mi imaginación y que trate de dormir un poco. Sin más, mi afligido cuerpo consumido de aventuras descansa por los jardines, y he aquí la intromisión de Milena que, al estrechar su mano contra la mía, me susurra al oído que le cuente todo aquello cuanto pasó en mi larga marcha de regreso. Y apartándola de un empujón, solo le he dicho que me deje en paz.


Primera persona protagonista, Milena. Estilo directo.

Mi grandísimo Odiseo, héroe de tierras lejanas y de mi corazón, en tu afán de contarlo todo, he resuelto cuanto has dicho…

-Penélope, he enfrentado cuanta incredulidad se mostrase delante de mis ojos, solo pensando en ti y en Itaca como escudos protectores de mi accionar. Es verdad que Escila y Caribdis oscilan en los extremos de este mundo, pero que tan sabiamente hemos sabido rehusar. ¡Cuántas otras cosas tengo para contarte!

-Odiseo, ya que has abusado de un largo tiempo en volver, es necesario que domines tu imaginación a través de un descanso reparador, ve a dormir un poco -dijo Penélope en un tono indulgente.

-La hechicera de la isla de Circe, el canto irresistible de las sirenas, el caballo de Troya; y mucho más tengo para contarte -decía mi gran héroe Odiseo, sin ser escuchado por nadie.

Luego te alejaste, solo, a caminar por el jardín, y he aquí cuando al roce de tu mano mi corazón palpitó estremeciendo de alegría y amor.

-Cuéntame, señor, cuéntame lo que te pasó con las sirenas –dije, esperando con ansias sus aventuras.

-¡Déjame en paz! -Dijo Odiseo, apartándome de un empujón.

Y aquí estoy escribiendo, para desahogar en el papel tanto amor que cabe por este señor, el gran Odiseo. Que ya me contará todas sus aventuras, luego de su descanso.

 


Consigna P8 Una vez concluido, contar la misma historia en primera persona (Penélope), monólogo interior.

Vienes como si nada a contarme tus aventuras de camino a casa, aquellos magníficos cuentos propios de un farsante, ¿acaso quieres impresionarme con tus inauditos relatos? ¿Qué intenciones buscas con tu verborragia hacia toda la isla? ¿No sabes el tiempo que ha transcurrido entre tu ida y tu vuelta? Aquellas noches infinitamente sola, mientras cientos de pretendientes golpeaban la puerta de nuestra alcoba,  susurrando por entre las hendijas: “Odiseo te ha olvidado”; y que he tenido que soportar abnegando mi deseo de ser poseída por aquellos suntuosos cuerpos de fuego. Imagino tu sentir al regresar a tu costa añorada, al terruño familiar, tus ansias de recuperar todo aquel tiempo perdido; pero eso ya no es posible, porque los dioses tampoco saben hacerlo. ¿Qué haré contigo, Odiseo? Este atardecer llego al fin de mi promesa al terminar el tejido que por las noches deshacía con el anhelo de no terminar jamás y verte llegar directo a nuestra cama. En cambio has decidido primero contar tus aventuras a todo Itaca, como si yo fuera una más. ¿Qué haré contigo, Odiseo, ahora que sé que valoras más tu propia egolatría, antes que mi amor infinitamente condenado hacia ti? Esta noche prometo ante los ojos de Afrodita, que no seré tuya.

 


Consigna P10 Convierta el diálogo directo del siguiente texto en diálogo indirecto.

-Ha vuelto a equivocarse, Manuel.

-Lo siento, señor.

-Yo también. Corríjala.

-María

-¿Señor?

-Ha vuelto a equivocarse, María.

-Lo siento, señor.

-También yo lo voy a sentir cuando tenga que hacerlos echar. Corrija.

El dueño era muy estricto, demasiado tal vez, tanto que hacía notar a sus empleados cada mínimo error de un detalle que, a mi juzgar, no valía la pena señalar. Sus formas eran un tanto arcaicas. Por ejemplo, la semana pasada, ante el olvido de Manuel de apagar la luz de la cocina, este le dijo en tono serio que ha vuelto a equivocarse. Manuel responde con un pedido de disculpas simple, agregando la palabra señor al final, otorgando el respeto que merece un patrón. Sin más, el jefe responde con un «yo también», como si él hubiese cometido alguna falta que nadie supo jamás, precedido de la orden corríjala.

Pero en el día de ayer, caí en la cuenta a qué se debe esa disculpa dispensada por el jefe, cuando señaló a María de su falta, solo por olvidar reponer los vasitos del dispenser de agua. Como siempre, fiel a su forma de proceder, le dijo que ha vuelto a equivocarse, agregando su nombre al final, María, metiendo un miedo espantoso. El pedido de disculpas de ella, cerrando con un señor, enalteciéndolo en su jerarquía. Y en ese momento lo escuché clarísimo, yo estaba detrás de la puerta, decir que también lo iba a sentir cuando tenga que hacerlos echar, precedido de la palabra corrija. Fue en plural, ¿será que también está dirigido a mí?

 


Copyright©Federico Cura

Noviembre, 2021.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.