Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TEC El cuento. Técnicas de escritura

 

(TEC) Módulo VII El punto de vista o focalización

Consigna F 1 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista de un narrador en tercera persona, visión por detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)

Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".


Aquella mañana el sol caía a plomo sobre las casas de adobe y paja. Una de las carretas cargada de duraznos se detuvo en un rancho poco cuidado que había cerca del arroyo Medrano. El rancho tenía una sola ventana desde la que se veían algunas mesas y bancos rústicos. Sobre la puerta, en el frente, en un cartel pintado a mano se leía "Pulpería Las palomitas".

En esa pulpería habían transcurrido una serie de hechos que marcarían el barrio de Saavedra para siempre, y uno de ellos fue cuando el hombre de la carreta de duraznos se detuvo. En aquella época todo era campo con algunas pocas casitas dispersas en las cercanías del arroyo.

–¡Cantinero!, vengo de lejos, buscando una paga a cambio de mis duraznos, bienvenida será una caña.

–Así que usted anda con una copla, más que una caña le alcanzo una guitarra, pa' que desafíe al moreno del rincón, que siempre está esperando, pacencia de bonachón, que lo provoquen pa' soltar lo que lleva en el corazón.

Alguien le alcanzó una guitarra al viejo y comenzaron un contrapunto, el negro cantaba, el viejo hablaba; y cuando el negro hablaba, el viejo cantaba; y así largas horas indefinidas. Había una persona sentada en una de las mesitas de la pulpería que miraba todo el transcurrir con la atención de un espectador inmerso en una historia, escribía cuanto refrán salía de la payada, era prolijo en su estética, bien peinado, barba tupida y blanca, de edad madura; camisa, chaleco y zapatos oscuros.

Al día de hoy la pulpería ya no existe, en su lugar hay gran Starbucks, pero entre los viejos herederos del barrio, los conocidos de siempre, se sabe con la complicidad de los secretos, que en aquel lugar lejano solía escribir un autor de los grandes y sólo entre guiños se afirma que fue José Henández.

 


Consigna F 4 Escriba un texto en el que el enunciado sea polifónico. (Máximo 1 pág.)


LA IDEA DE VENDER

¿Acaso es posible creer que una palabra equivocada, o  una palabra acertada pero con el tono equivocado, pueda cambiar la decisión de esta persona? Lo mejor va a ser quedarme callado y mostrarle el producto, que si le gusta, no hay mucho más que decir. Sí, ya sé, eso no es lo que me enseñaron en tantos cursos y charlas. No te distraigas en este embrollo de pensamientos porque en el momento en que te das cuenta que estás en el punto justo donde podes rumbear la decisión del cliente ¡Pam!, perdiste. Este tipo quiere enchufarme lo que él quiere, lo veo en sus ojos, qué pesado, ya nomás va a comenzar a hablar maravillas de los televisores que hay justo detrás de él, como seguramente le hayan enseñado en los cursos baratos de ventas compulsivas, donde empiece con la primera frase, lo dejo hablando solo y me voy a otro lado, total una radio se consigue en cualquier lugar.

Es bastante simpático, me dijo que se llama Carlos, quiere solo una radio para poder escuchar los partidos de fútbol los domingos, qué raro, hoy en  día cualquiera tiene un televisor en la cocina de su casa, pero no le voy a decir nada. Por la manera de hablar, fría y distante, y la mirada que tiene, debe ser medio renegado, a estos tipos no hay que decirles nada. Sin embargo, tengo una idea que muchas veces ha funcionado. Creo que el vendedor  se dio cuenta de que no quiero que me hinchen la paciencia, solo una radio que agarre bien la AM para poder escuchar los partidos y me voy, parece mentira que todavía estas cosas se sigan fabricando, pero qué raro que no quiere enchufarme alguna otra cosa, estos tipos te meten los electrodomésticos hasta por la boca. Le pregunté a Carlos: “¿una radio como esta?”, y se quedó mirándome como esperando no sé qué, mientras detrás mío, la genia de Mariela había prendido las pantallas de los televisores colgantes con partidos de fútbol de la Eurocopa; pero jamás dije una palabra, como si todo hubiera sido mérito de la pura casualidad.

¡Qué tonta que soy! ¿Qué pensará Víctor que siempre hago todo lo que me dice?,  esta vez me pidió el favor de que justo en el momento en que se acerque al cliente con la radio, prenda las pantallas de los televisores del escaparate con partidos de fútbol de cualquier lado del planeta, sin volumen y con mucho brillo; me hace reír tanta locura, pero es tanto el amor que siento por él que no me puedo negar, tal vez, antes de irnos, lo invitaré a tomar un café en la confitería de la esquina y luego le cuento todo el amor que siento por él. Siempre digo lo mismo y no me animo.

¡Macanudo!, ¡ahora sí!, la radio que quería;  pero qué lindos televisores aquellos que están prendidos,  tal vez no sea tan difícil comprar uno en cuotas, debería preguntarle al vendedor, que parece ser un tipo de lo más gauchito. Y me preguntó nomás cómo se puede pagar un televisor de aquellos, y me dijo también que el próximo mes vendría por uno de cuarenta pulgadas, que era la medida justa para la pared de la cocina de su casa, que los partidos de los domingos eran la diversión más grande que tenía en toda la semana, ¿habrá visto Mariela mi gran sonrisa indisimulable frente al cliente?, es cuestión de esperar unas semanitas para que Carlos vuelva por un televisor; ¡que cursos de ventas ni que ocho cuartos! Así es como se hace. Cuando caiga la tardecita, voy a invitar a Mariela a salir, tal vez a cenar, o a pasear al parque, aunque sé que está enamorada de Esteban, total, el no ya lo tengo.

 


Consigna F 3 Completar el fragmento siguiente desde el punto de vista del narrador en tercera persona, visión detrás u omnisciente. (Máximo 1 pág.)

Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecíamos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: "Las nuestras ya se reunieron". "Nuestras" en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.


Siempre quise a Paulina. En uno de mis primeros recuerdos, Paulina y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de laureles, en un jardín con dos leones de piedra. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. Yo comprendí que mi felicidad había empezado, porque en esas preferencias podía identificarme con Paulina. Nos parecíamos tan milagrosamente que en un libro sobre la final reunión de las almas en el alma del mundo, mi amiga escribió en el margen: "Las nuestras ya se reunieron". "Nuestras" en aquel tiempo, significaba la de ella y la mía.

Y así sucedían todos los recuerdos de Roberto, sin jamás dejar de pensar en ella y cada uno de sus encuentros furtivos que la lejanía del tiempo idealiza cada vez con más ímpetu de poemas románticos, de sensaciones hedonistas que jamás experimentaron, de olor a uvas frescas y rosas en agua, de cielos azules con caballos blancos galopando a lo lejos. Vivía en una burbuja de ensueños improbables,  de lo que hubiera sido, de lo que jamás fue. Paulina, mientras tanto, ya lejos de aquella juventud adolescente, presente con dos niños que criar y un marido a quien amar, inmersa en la cotidianidad de los días, en el trabajo, en la escuela de los chicos, en la comida, en la ropa, en la limpieza de las ventanas; los sueños le pasan por delante sin tropezarla y sin saber que en el lecho de su muerte un rayo de imágenes inconclusas le atravesará el alma hacia el alma del mundo y una frase que en su memoria resurgirá: “Las nuestras ya se reunieron” y solo un viento helado irá en su búsqueda, tan vacío como sus recuerdos olvidados.

 


Consigna F 5 Escriba un enunciado en el que el narrador utilice la segunda persona e incorpore los siguientes personajes y acontecimientos: un obituario, una hija que se ha fugado de su casa, vive en una pensión y le escribe a sus padres reprochándoles los injustos castigos de que ha sido víctima cuando adolescente. (Máx. 1 pág.) Recuerde que generalmente el género epistolar o el diario es el más apropiado.


DESPEDIDA VENGATIVA

La nota dice que tú has muerto en el día de ayer, algunas participaciones se suman al dolor, familiares, pocos amigos y alguna que otra amante. Bien sabes cuántas cosas tengo que decirte, que no te he dicho por falta de valor. ¿Sabes que vivo en una pensión?, ¿y que aún conservo aquel frasquito de hierro que una vez me regalaste? Estoy segura de que en los últimos diez años que no nos vimos has olvidado por completo aquellos castigos que solías imponerme de adolescente. Cuando me fui de casa, tú ya no me querías. Y ahora que ya no existes –aunque hace rato para mí– te escribo esta carta con la intención de sabotear tu promesa, aquella que una vez dijiste en un grito, ¿recuerdas?, la de impedir mi felicidad hasta inclusive después de tu muerte. Y la muerte te llegó antes de lo imaginado, y todas aquellas palabras con las que demolías mi aflicción quedaron ya truncas, vaya a saber en qué lugar del éter, o tal vez se fueron contigo moldeando tu carne a la descompostura de los gusanos.

A veces mi memoria quiere borrar los malos recuerdos, pero te juro que hago fuerza para conservarlos, para no permitirme olvidar aquellos castigos que de nada sirvieron más que para custodiar tu autoridad innecesaria frente a mí.

Mi único consuelo hacia ti, si es que de algo sirve hacerlo después de tu muerte, es que trataré de abrazar a mamá, de volver a hablarle, de intentar recomponer aquellos años perdidos. No sé si lo lograré, tal vez tú, desde el infierno donde seguro estás, puedas echarme una mano y hacer algo por mí de una buena vez por todas.

A pesar de todo eres mi padre y te prometo que junto a esta maléfica carta de despedida también comenzaré a olvidar todos tus castigos, eso sí, una vez que haya vuelto abrazar a mamá.

Hasta siempre, tu hija.

 


Consigna F 6 Escriba un enunciado en el que el narrador sea testigo presencial. Incorpore los siguientes personajes: Paulina; hijo de Paulina (aproximadamente 35 años); Juan, el almacenero del barrio. (Máx. 1 pág.)


UN ENCUENTRO DIARIO

La mujer que en ocasiones veo sentada en el banco verde bajo el árbol de las hamacas, me dicen que se llama Paulina y que tiene unos setenta y cuatro años. Tiene un pelo lacio y largo hasta pasando los hombros, su postura algo encorvada, siempre sonriente y una mirada de cristal en sus ojos color miel. Al rato alguien mucho más joven se sienta con ella, intercambian unas palabras  y se marchan juntos, caminan a paso lento, a mi juzgar acompañados de anécdotas e historias que recuerdan viejos momentos. Juan, el almacenero del barrio, me contó que ese muchacho es el hijo de Paulina, que él lo vio crecer, que lo tuvo en brazos y que es un buen pibe.

Ahora que soy yo quien está sentado en el banco bajo el árbol de las hamacas, y una señora entrada en años que es igual a Paulina viene por mí, me cuenta cosas bonitas y me acompaña hasta el centro de salud mental, a unas pocas cuadras de aquí. Recuerdo a Juan, el almacenero del barrio decirme que es el hijo de Paulina, que todas las tardes charlan distendidos sobre cosas de antaño, ríen y a veces lloran, luego caminan y se miran, y en cada mirada se extrañan porque saben que hay complicidad momentánea y que ese momento será borrado para siempre en la memoria del joven. En ocasiones recuerdo haberlo visto todo desde algún lugar muy cercano, tal vez desde la copa del mismo árbol, o balanceándome en las hamacas en un ir y venir mientras ellos hablan, pero son tan suaves sus voces que es difícil absorber cada palabra, a veces solo me contento con mirarlos.

Se acaba de ir la señora que estuvo a mi lado y quedo yo aquí en mi habitación, solo cuento lo que vi esta tarde y algo me dice que todos los días sucede lo mismo, pero por alguna razón inexplicable mañana iré al mismo lugar y espero, con todas mis ansias, encontrarme aquella señora de pelo largo y lacio en el banco bajo el árbol de las hamacas.

 


Consigna F 8 Escriba un enunciado en el que el narrador protagonista tenga el punto de vista del protagonista (soliloquio), monólogo interior directo. (Máx. 1 pág.).


CASUALIDADES INEXPLICABLES

Cómo es posible que sucedan estas cosas que parecen que no tienen lógica alguna, voy a la dirección que tengo en el papelito, me suena conocido, agarro el auto manejo y voy entrando al barrio donde me crié y viví hasta los quince años y ahí está la casa de mi infancia, la recuerdo tal cual era, todo, absolutamente todo, el color de las paredes, el piso de baldosas marrones, el pasillo gigante, del lado izquierdo el baño; enfrente la pieza de mis viejos y siguiendo al fondo, mi habitación, la nuestra, la de mi hermano y la mía, de no creer. Esa ventana del tamaño de la pared que da a un patio interno y luego sigue el bosque encantado del viejo con la bolsa de papa por las noches y de partidos de fútbol en los días de todos los días, esos árboles hasta al cielo, qué manera de treparlos y nuca caer, me muero ahora si mi hijo sube arboles de tanto tamaño y yo sin verlo, qué vértigo, ni qué pensarlo. La cama cucheta en forma de ele con los caños color azul y la repisa que daba contra mi cabeza, por ser el mayor dormía arriba, los genios dormían arriba, la repisa contra mi cabeza y pisarlo a mi hermano cada vez que bajaba o me levantaba antes que él. Ese papelito tenía la dirección de esa casa, qué loco al afirmarme al timbre, y la agrimensora abre la puerta, mi pulso tiembla porque ahí me crie y le conté todo, tal cual era la casa, la sorpresa de la señora, su amabilidad de hacerme pasar y dejarme ver todo aquello cuanto conocía de memoria, todo igual que antes, pero tan miniatura ¿acaso la mente nos engaña en las dimensiones que imaginamos? ¿Es la percepción de aquello que fue mi infancia, todo grande, pasillos oscuros, ventanales de paisajes verdes y habitaciones tan grandes como  un mundo sin conocer? Y cuando recorrí en esta edad madura, nada que ver, casita chica con pasillos del tamaño de dos pasos míos y la habitación tres por tres ¿Cómo entraban las camas y el placar? Qué sensación de melancolía infante de lo que éramos con mi hermano y lo que fui con ¿diez años? Doce, ocho todas esas edades infantiles; este nudo en la garganta que no me deja articular palabra, qué estúpido. Tuve que volver a mi infancia a firmar unos planos para la casa que estaba por hacer, de no creer que las cosas se den así, ¿cuál es la lógica? ¿Qué conexiones invisibles imperan en estos hechos? ¿Quién puede explicarlo sin esoterismo barato, quién? Ahora que ya me fui y pasaron unos días, voy caminando sobre estas baldosas flojas y me salpica el agua de la lluvia estancada en cada pisada fuera de firmeza estructural, las zapatillas mojadas y los flecos de los pantalones embarrados, vuelvo a pensar en aquella casa de mi infancia y de nuevo todo tan grande y majestuoso del tamaño de los dinosaurios como supongo que fue en realidad cuando tenía creo yo unos diez o doce o nueve años.

 


Copyright©Federico Cura

Octubre, 2021.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.