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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo XI Historias de familia

Consigna uno Elegir a alguna persona conocida (no necesariamente familiar) que les resulte interesante o que tenga características destacables. Detenerse a pensar en ella y escribir, en columna, una lista de atributos de esa persona. Incluya atributos físicos.

Al lado de cada atributo escribir una o varias oraciones en las que ese atributo se exprese mediante una acción. Tener en cuenta que incluso los atributos físicos pueden expresarse a través de acciones. (Ejemplo: gordo: le cuesta encontrar ropa a su medida y ha desarrollado un poder especial para detectar los carteles o publicidades que anuncian talles grandes).

Usar lo que escribieron para armar un retrato de la persona elegida en la que sus atributos están expresados a través de acciones. (Extensión máxima: 1 carilla)


ANABEA

—Acá adentro está todo muy oscuro, hace años que no vemos la luz y estamos muy apretados. Ella un día nos encerró en este sitio oscuro y nos dijo que esperáramos. En este tiempo nos hicimos amigos, pero a veces nos da miedo escuchar pasos, voces; creemos que van a venir a revisarnos, o tirarnos, o peor aún, quemarnos y ese sí sería nuestro fin.

—Por suerte ella está sin ganas de iniciar esta tarea, nunca encuentra el momento para hacerlo.

—¿Vos qué crees? ¿Qué no se acuerda de nosotros, o que tiene miedo de volver al pasado y por eso prefiere dejar todo así?

—¿Qué son esos gritos, vos los escuchás también?

—¡No! ¡Déjenme salir, yo no hice nada, por favor no me puedo mover!

 Es ella, tenemos que ayudarla, ha quedado atrapada, ¿qué podemos hacer?

 —¿Quién nos va a sacar de adentro de estas bolsas?

—Ya sé, le pediremos a esas tijeras abandonadas que nos ayuden.

— Pudimos, ¡somos libres!

—Salimos uno a uno formando fila, todos los papeles, papelitos y papeluchos embolsados, con olor a pasado: amarillos, sepias, manchados de café, arrugados, con humedad, pero dignos, porque por algo estamos acá y no fuimos arrojados a la basura.

—¡Ay, pobre! ¡La estoy viendo! Quedó atrapada debajo de una montaña de trapos viejos, sillas destartaladas, pantallas desteñidas, tristes cuadros con caras que miran fijo y una mesa de tres patas que cuelga peligrosa a su lado.

Sus tres perros tratan de ayudarla, tironeándola de todos lados para sacarla de esa situación desgraciada, pero un movimiento brusco de los mismos hace caer pesadamente una antigua lámpara, herencia de su tatarabuela, que se desploma sobre su cabeza, dejándola ahora sí fuera de combate. Los fieles perritos se hallan desesperados, aullando, corriendo y ladrando sin parar; escarban, rascan, tratan de rescatar a su dueña, pero todos sus intentos quedan en la nada, cuando entre tanta corrida el más pequeño de los perros se enreda en un cable y el viejo y querido televisor (legado de su ex, antiguo y único amor) cae al suelo y, tras un impacto seco, se desintegra en millones de partículas y una última explosión termina con su vida. Era su compañero, lo veía todas las inacabables y largas noches, luego de pensar y repensar si era mejor eso o lavar los platos, planchar, fregar el piso. No, mejor se apoltronaba en el viejo sillón provenzal con los almohadones gastados de brocato labrado, a disfrutar con un mate en una mano, un pucho en la otra y cada una de sus mascotas mimándola mejor que cualquiera. Uno le lamía los pies aliviándole el cansancio del día, el otro se subía a su testaruda panza lograda a fuerza de bajarse tarros de dulce de leche (botín obtenido en diferentes asaltos a la heladera) y el tercero a su lado roncando patas para arriba.

—Pero ¿qué pasa? Hay una rebelión en la cocina, los platos, tazas, tenedores, cucharitas y cacerolas han hecho un motín, cansados de estar tan maltratados, siempre solos, abandonados en esa pileta. Se levantan en huelga y no van a ofrecer más sus servicios.

Ya a esta altura entra a regir el caos y ella sigue en el mismo lugar con la lámpara coronando su cabeza, los restos del televisor desparramados por la habitación y el frasco de pastillas para dormir, que sostenía entre las manos antes de ocurrir la catástrofe, rodando por el piso.

—Vamos caminando entre el barullo declarado en que ha quedado la casa, víctima de su dueña.

—¿Qué hacemos ahora para solucionar todo? Pensemos, algo se nos va a ocurrir.

Ella es nuestra tía lejana, Anabea, nosotros el grupo de primos la conocimos a través de la historia de la familia repetida infinitas veces, era un secreto bien guardado, todos la hubiéramos querido conocer. Cuentan que un día llegó a su casa, bajó las persianas de todas las ventanas, trancó bien la puerta y juró y recontra juró que nunca más saldría a la calle. El porqué de esta decisión varía según quién la cuente, pero quienes la conocieron de joven dicen que era brillante en sus pensamientos, que estudiaba antropología y que sus rasgos árabes, piel trigueña, cejas abultadas y cara alargada, le daban un toque diferente y seductor. Se cuenta que un viejo amor, violento y traicionero, la llevó a un laberinto de desengaño y abandono.

—¡Uy!, ¿qué pasa? La casa se está derritiendo gota a gota y en su caída hace sentir sus golpes en la tierra.

—Corramos, los escombros nos rodean, pero todavía podemos salvarnos. La casa queda convertida con su último suspiro en una orgullosa ruina.

—Pero miren quién está ahí, es ella, escoltada por sus perros y se la ve entera, desafiante, con su altanero pie apuntando, ahora sí, al cielo.

 


Consigna dos Escribir el monólogo interior de un niño o niña en alguna de las siguientes situaciones. Intentar incorporar en él otras voces o discursos (extensión máxima 1 carilla)


Elección:

Un niño/a está por dormirse. Hace dos días que el papá no está en la casa. Su madre le ha dicho que está de viaje, pero en realidad, se fue después de una pelea en la que parece ser el comienzo de una separación.


PEQUE

Estoy acostado boca arriba en la cama miro el techo está lleno de estrellitas y luces mi mamá me las regaló para mi cumple pero ahora no me gusta tanto como cuando me las dio “tomá, Peque, era lo que querías” pero ahora no sé si las quiero me pongo triste me dan ganas de llorar me acuerdo de todos cantando “¡que los cumplas feliz!” tengo ganas de llorar ¿papá cuándo vas a venir? en la calle hace frío vení a casa acá está mamá y el Peque te quiero abrazar y darte muchos besos “¿qué cuento querés que te cuente hoy?” el del elefante con alas que volaba y se tiraba desde el techo de casa ¡lindo! y yo me duermo con vos cuando me contás esos cuentos cierro los ojos y me voy durmiendo ahora no me gustan tanto esas luces ¿cuándo vas a venir? tengo miedo no me gusta que mamá llore ella no me quiere contar me dice que te fuiste a trabajar lejos pero mamá no quiere que te vayas lejos yo escuché gritos y un ruido fuerte que me asustó mucho parecía algo que se caía me escondí debajo de la cama y me llevé el muñeco que me regalaste y estábamos juntitos y él me decía “no te asustes no pasa nada” pero mojé el piyama no sé qué pasó escuché ruidos de puertas y un golpe fuerte y me puse a temblar como cuando tengo frío quiero los panqueques de dulce de leche de la abuela ¡son tan ricos! me pongo contento cuando me los hace y me ensucio la cara y las manos con el dulce la abuela me dice que no pasa nada pero mi mamá se enoja ahora no tiene ganas de nada no se ríe y ya no canta ¡tanto que me gustaba escucharla! me gustaba cuando me despertaba y la escuchaba yo voy a ser más bueno te voy a hacer caso cuando me retás y me porto mal hoy rompí ese viejo osito que me regaló la tía hace mucho ya no quería tenerlo estuve todo el día en el cuarto y no tengo hambre quiero estar acá no quiero ir a la cocina no tengo hambre tengo miedo papá ¿cuándo vas a venir? ya me porto bien hago caso perdóname papá el día que se me cayó tu celular yo tengo plata que me regaló el abuelo te voy a comprar uno la tía Mer “no va a volver más” ella no sabía que la escuchaba vino “¿estás triste?” ¿dónde voy a vivir? mamá no me habla está enojada con vos estamos en la playa corremos los tres de la mano yo voy con el balde y la pala hago pozos en la arena el agua me moja los pies nos reímos ahora no tengo ganas de reírme estoy solo y no hay playa y tengo ganas de abrazarte yo sé que vas a venir papá “¡hola Peque tomá un regalo abrilo es para vos!” “¿me extrañaste?” Quiero que me cuentes el cuento del elefante con alas me estoy durmiendo me abrazo fuerte a tu foto.

 


Consigna tres Elegir una de las dos consignas para desarrollar: alfa o beta (extensión máxima: 1 carilla). 

Tres alfa. Buscar fotos familiares viejas u hojear sus álbumes de infancia. Dejar pasear la mirada sobre ellas, lentamente, dejando que aparezcan recuerdos, situaciones, anécdotas. En un papel, anotar imágenes o palabras clave que ayuden a recuperar los hechos recordados.

Elegir una o varias fotos relacionadas y escribir el recuerdo tratando de ficcionalizarlo (siga los consejos del recuadro anterior para evitar hacer un texto confesional).

Conviene decidir si en el texto producido se va a hablar de las fotos de las que partieron, de las huellas de la actividad misma, o, por el contrario, va a borrarse el origen de ese recuerdo (en ese caso, las fotos habrán sido utilizadas, simplemente, como fuente externa del recuerdo mismo y como una ayuda para construir detalles del lugar, la época, los personajes y darle corporeidad a la representación.


MISIA JUANA

A mi querida abuela,  

mi compañera de sueños y aventuras

Me gustaba perderme entre los tutores de los tomates plantados por Misia Juana, mi abuela, corría, jugaba, me escondía entre ellos, aparecía y desaparecía de su vista. Sus frutos se veían colorados, radiantes, perfumados y con su permiso podía sacarlos de la planta y llevarlos a la mesa. Eran únicos y así entre cuidados y controles crecían el resto de las verduras de la quinta.

Vivíamos por ese entonces en una ciudad grande, luminosa, de infinitas avenidas e interminables calles de tilos que perfumaban y daban un toque característico al lugar.

Mi abuela era pequeña, de piel oscura y pelo muy blanco, sus labios eran finos y apretados, era de pocas palabras, costumbre que quizá le quedó después de haber sido educada en un colegio pupilo de monjas en Paysandú. Compartíamos el dormitorio y a la noche al apagar la luz nos dábamos la mano y nos contábamos nuestras historias secretas, ellas nos pertenecían y nos unían cada día un poco más. “¿Abuela de qué hablamos hoy, de política o de bueyes perdidos?”. Y cada noche respondíamos lo mismo: “De bueyes perdidos”. Y ahí comenzaban nuestros relatos imaginarios. También compartíamos aventuras reales, y cada tanto, partíamos a visitar a unos parientes que vivían lejos. Empezar con los preparativos, despedirme de mis padres y hermana, tomar el micro de larga distancia y partir sola con mi abuela ya era todo un regalo. “Abuela falta mucho para llegar?”. Yo me recostaba en su pecho y sentía el perfume suave y arrugado de su mejilla.

Mi corazón latía más fuerte cuando llegábamos a la casa de tío Angelito y tía María. Mi tía abuela me abrazaba fuerte y me envolvía en su cuerpo voluminoso y me daba muchos besos. Me gustaba esa casa diferente a la nuestra, era grande, larga, con muchas piezas, una al lado de la otra, con una gran galería, y a la entrada había una puerta de enrejados de maderas entrecruzadas, cuando la veía ya sabía que habíamos llegado, era la única de la cuadra, la más linda. Pero la verdadera fiesta comenzaba cuando entrábamos a la habitación que teníamos preparada para nosotras; era un cuarto grande, de altos techos y pisos de madera crujiente, abajo había un sótano y cuando nos íbamos a dormir se escuchaban ruidos, yo me apretaba fuerte a mi abuela y no quería abrir los ojos. Había una altísima cama de bronce con un blando colchón de plumas, para subir tenía que hacer una suerte de piruetas y una vez arriba. ¡Cómo me gustaba saltar, brincar, dar vueltas carnero! ¡Era tan suave caer arriba de él! No me golpeaba como cuando lo hacía en el piso de casa. La abuela me retaba. “Te vas a caer y lastimar”. Al costado de la cama estaba el viejo ropero con su espejo central, yo me paraba frente a él con mi flequillo y mis dos trenzas y me colocaba en pose, hacía distintos personajes, ponía caras, dibujaba muecas, la imitaba a mi abuela y a los tíos, y el espejo me devolvía cada movimiento y cada gesto y yo le agradecía con grandes ademanes.

Mis tíos dormían en el cuarto contiguo, pero mi tío Angelito roncaba y su sonido fuerte y áspero recorría toda la casa y se mezclaba con el crujido de las maderas, se diferenciaba con el tranquilo y acompasado ritmo de la respiración del resto de los habitantes.

Al mediodía se comía en el patio debajo de una gran higuera y a esa hora caía una especie de sopor, se escuchaba solamente el ruido de las chicharras y una densa calma cubría todo el lugar. Recuerdo las largas siestas que se imponían para escapar de ese calor, pero me escabullía y me iba a comer los higos recién arrancados de la planta ¡Eran una delicia!

“Abuela no te vayas, dame tu mano, no me dejes, no te vayas todavía, tenemos que seguir contándonos nuestras historias”.

Mi abuela, mi aliada, mi compinche, a veces cuando necesito de una caricia, recurro a esos lejanos momentos, todavía hoy conviven en mí, esos aromas, sabores y sonidos, como ese gusto dulzón de la mazamorra que solo Misia Juana sabía preparar.

Estiro mi mano y siento la tuya en la mía que me dice “¿De qué hablamos hoy?”.

 


Consigna cuatro Utilizando construcciones nominales que al modo de fotos o momentos detenidos de una escena den cuenta de una historia, relatar cualquiera de estas dos situaciones, cuatro alfa o cuatro beta. (Extensión máxima : 1 ½ carillas) 

Cuatro alfa Los preparativos y arreglos de una mujer que va a salir de noche, desde la  mirada de su hija pequeña.


MAYA

Arriba de la mesa las pinturas de mamá: lápices de labios, pinceles para cejas, delineadores de ojos, esmaltes de uñas. Ahora frente al espejo, azul en los ojos, rojo en la boca, las uñas muy largas de todos los colores, el pelo rubio y una parte colorada, la pollera roja y corta, las botas altas y negras, una campera con flecos, la saca de la percha, primero un brazo, luego otro y ya está toda linda, con muchos colores, como el arco iris que ayer se veía en el cielo. La música alegre, ella divertida, cantante y bailarina.

Sobre el escritorio, una revista, en la tapa la foto de mamá con su pelo suelto y esa cara tan hermosa, al lado un hombre y unas palabras con letras grandes: ÉXITO DE MAYA.

Cuando voy a pasear con ella, todos la quieren besar, a mí me da miedo, le dan fotos o papeles para que los firme. Siempre contenta, nunca quieta, a la mañana, a la tarde, a la noche. Yo la imito en todo. Mientras se viste le robé brillos y sombras de ojos, ahora estoy igualita.

La bocina del micro afuera, con los músicos divertidos, mamá perfumada, con aros redondos y muchas pulseras, el celular en la mano, selfie lista, tiene muchos seguidores.

El micro es grande, hay muchas personas, muchas voces, yo sentada juntito a ella. Llegamos al recital, sube al escenario lleno de luces, aplausos muy fuertes, gritos de la gente, canciones y bailes sin parar, alegría y música, papelitos y Maya la más aplaudida.

Y yo, saltando con los brazos arriba de la cabeza, cerca de ella, me ve y me tira un beso.

 


Copyright©Stella Maris Pardo

Agosto, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.