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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo XII El archivo del escritor

Consigna trece Escribir un relato a partir de una imagen histórica fuertemente convencionalizada. Extensión máxima: 4 páginas.

Sugerencia elegida por la tallerista: El reparto de las cintas patrias, realizado por French y Beruti, el 25 de mayo de 1810.


LA PROMESA

Querido Domingo:

Tendría usted veintiocho años cuando lo vi por primera vez, pero me parecía de veinte, o menos, muy joven. Ya para esa época era cartero, entregador de pliegos y cartas, como me explicaba que se decía. Y ese trabajo en esos tiempos  lo  relacionaba con personas importantes, hasta con el virrey. ¡Qué hay que tener trato con gente así!, ¿no? Me sentí muy turbada cuando se fijó en mí. Ese momento del baile, de su mano y mi mano… Mi madre siempre me recordó que ella vio que no usé los guantes como lo debía hacer una damita de esa época.  Después me enteré por Misia Francisca que yo no era la única a la que miraba. Bueno, también con esos ojos  tan oscuros y profundos podía mirar a quien quisiera, pero yo, Domingo, le digo que sentía  muy adentro mío que nuestros destinos se iban a unir algún día. Por eso me dediqué a esperarlo. Se lo quería confesar ahora y no otro día. Ahora que su nombre forma parte de todas las voces que lo mencionan a diario. Su nombre y el de Antonio Beruti son los que oigo en cada comentario de lo que pasa día a día.

Porque desde esa tarde cuando compartimos el chocolate y me invitó a ver los zarzos de glicinas, que colgaban en la galería, me di cuenta que yo no era su única pasión. Le ardían los ojos cuando me relataba cómo se preparaba la conciencia de un defensor de lo nuestro. Defensor de lo nuestro… Ese nuestro que usted decía no era algo entre nosotros. No. Era ese nuestro colectivo,  ese nuestro que por el entusiasmo que ponía cuando me hablaba, significaba la Patria naciente.

Pero, querido Domingo, el tiempo pasa, lo sabe bien. Pasa rápido para los que están viviendo al filo de la navaja como  usted y pasa lento como la gotera en las tejas de mi habitación, que me recuerda el frío de la soledad. Y los días, semanas y las semanas, meses esperando las pequeñas notas o las furtivas visitas que siempre se terminaban con las obligaciones de esas reuniones secretas. Los momentos que compartimos fueron intensos, pero muy pocos, y en las evasivas a mis preguntas sus respuestas no me alcanzaban. Yo sé que corre peligro. Cada noticia sobre los cambios en el gobierno y las amenazas de sublevación son nuevos pedidos a la Virgen para que lo proteja y lo guíe en lo correcto. La hora del rosario lleva su nombre. Los rumores del servicio en la casa sobre los peligros en la calle y la turba de patriotas irascible, que no se sosiega ni se amedrenta, me espantan.

No, no puedo  aguantarme las ganas de llorar. Lo encomiendo en mis oraciones,  pero siento que mi Cristo me ha abandonado. Menos lo veo, más ardiente es mi ruego en mis súplicas y mi deseo de estar en su vida. El peligro y la muerte lo acechan, pero su deseo de libertad y su lucha por los ideales no dejan que ellas lo dominen.

No entiendo cómo no tiene miedo, temor a perder la vida, temor a no ver el futuro que está ayudando a forjar, a no ver crecer su obra… No sé, a veces pienso que los varones como usted se han desapegado de la vida, y solo tienen como meta la transformación de la vida de los otros y el avance, a como dé lugar, de sus convicciones.

No sé qué guardan sus pensamientos, Domingo, por eso se lo digo ahora, ahora que  su relación con las milicias y  Pueyrredon ya quedó como otro galardón en su historia, ahora que es renombrado y conocido por su participación con los Húsares, que si no le tuvieron miedo a los ingleses, menos van a tenerles a los españoles que se llevan lo nuestro y se resisten a dejarnos libres. Pero temo, temo que en esa locura de seguir armando a la gente, esa gente que lo llevó a decir “yo y seiscientos más” lo haga dejar de lado otras pasiones.

¿Qué será de ese nosotros, Domingo? Ese nosotros por el que me juró lealtad y compromiso, ese nosotros que germinaría en una familia, y por el cual mi padre confió mi futuro en sus manos, aunque nunca  aprobó mi decisión de estar juntos.

Tengo que decírselo. Mi padre no está convencido de esta causa patriótica y enmudece, iracundo,  cuando oye murmurar a los sirvientes. Ellos exaltan sus voces con algarabía comentando sobre el futuro próspero que conseguirán “los chisperos” o “la legión de la muerte”, como los llaman a los jinetes que lo sirven y que lo siguen a usted y a Beruti.

Sé que es una locura pedirle que flaquee, que se quede postergado en los avances, porque también sé que fueron sus hombres los causantes de la noche de las antorchas. Sus hombres, como enceguecidos jinetes diabólicos repartieron el miedo por las calles con sus teas llameantes de pasión y terror. Ellos respondían a su mando. Todos creen que atemorizando a la población los alejarán de seguir pensando en defender a la corona. Mi padre no, él no cree que sea así. Duda de nuestro compromiso, lo ve como un rebelde alocado que ha perdido el juicio. Que forma parte de la sociedad secreta que lleva adelante la revolución. Y tiene razón. Es un secreto a voces. Por eso escuché diciéndole a mi madre que usted no tiene cordura y que sus actos son inmaduros. Lo condena por ser masón como a Beruti, descree de su forma refinada cuando ha tenido oportunidad de compartir una reunión. Dice que usted finge.   Rechaza su presencia en la familia, lo llama bandolero y marginal. Es por eso que desconfío por la forma en la que me habla. Casi ni me mira a los ojos cuando lo hace. Sospecho que entre sus pensamientos se cruza el convento y la clausura. Se arrepiente de haberlo conocido. Me enviará a Córdoba. Él saldrá la semana entrante, se quiere ir de este alocado Buenos Aires. Nosotras saldremos mañana, de madrugada, con mi madre y Jacinta. He tratado de hacerle entrar en razones, de convencerlo y esperar hasta la primavera, pero ya está decidido. No hay vuelta atrás cuando mi padre lo determina. Es inútil que llore.

Quería decírselo hoy, a horas de partir y tal vez no volverlo a ver. Si para usted la Patria no puede esperar, la que esperaré seré yo. Sostengo entre mis manos una cinta celeste y blanca que me trajo Jacinta. La gente la lleva prendida en sus ropas como señal de oposición a Cisneros. Me dijo que no pudo acercarse. Había muchos hombres exaltados que gritaban en contra del virrey y la llevaban por delante. Se culpa, pobre Jacinta, por no haber tenido el valor de gritarle el recado que yo le había enviado a decirle. También me contó que se lo veía  jubiloso entre la gente repartiendo las cintas, y que ni siquiera se dio cuenta de que ella estaba allí. ¡Cómo me hubiera gustado estar en aquel lugar, verlo, abrazarlo, despedirme!

Querido Domingo, amado mío, tal vez sean estas  palabras lo último que  sepa sobre quien tanto lo ama y desea verlo. Anhelo que cuando todo esto culmine,  hallemos el tiempo, ese tiempo, que nos depará una vida juntos, llena de amor y comprensión.

Tuya: Etelvina

 

 

Las siguientes hojas, son documentos de una enciclopedia, que fueron rescatadas luego del incendio de libros intencional realizado en el colegio secundario comercial "Manuel Belgrano" de Córdoba, el 2 de abril de 1976. A la manera de la quema realizada por el partido nazi, lo que se denominó "ritual purificador", los militares argentinos y funcionarios civiles organizaban prácticas atroces de selección y quema de libros, que se volvieron recurrente durante la dictadura. En este caso, frente a los estudiantes.

 

 

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de noviembre de 1774. Inspirado en las ideas revolucionarias, consagró todos sus esfuerzos a defender y lograr la independencia de la Argentina. Fue un actor activo de su tiempo. Los hechos históricos previos a la Revolución de Mayo lo hallan entre sus protagonistas más importantes.

Sus inicios: La formación escolar, la familia

Domingo French gozó de los privilegios de una familia acomodada. Es así que durante  su infancia tanto como en su adolescencia disfrutó de los beneficios de una  vida social y familiar provechosa. Para procurarles una educación cuidada, en la casa de los French y Urreaga, como en las de otras familias ricas, se empleaban nodrizas inglesas. Estas se encargaban de la enseñanza, de la lectura y de la escritura y ponían mucha atención en las destrezas de la caligrafía. También se encargaban de la enseñanza del uso de las tablas de contar para el aprendizaje de aritmética. Además estaban facultadas para formar el carácter de los niños en cuanto a su presencia y cuidado de su imagen por medio del uso de los buenos modales en la mesa y en los salones. Si era necesario se les permitía sancionar a los educandos con castigos que iban desde penitencias leves como arrodillarse sobre granos de maíz, los golpes en las palmas o en las yemas de los dedos con una regla de madera o puntero, hasta más severas como colocarles en la boca hierbas amargas por sus torpezas verbales u otros castigos físicos. French llevaba una marca en la oreja izquierda producto de un pellizco que lo selló para toda la vida. La nodriza de los French era hábil en el uso de la palmeta de castigo escolar. La palmeta era un instrumento de madera parecido a un remo de embarcación pequeño que presentaba agujeros en una de sus caras. Estos creaban un vacío que prolongaba en el tiempo la sensación de golpe. A las madres se les delegaba la función de la instrucción en la Fe Católica, requisito indispensable para la formación religiosa en esas épocas. Se sabe que los hermanos French aprendieron lo esperado para la época dentro de una familia bien y luego, a los diez años, ingresaron  en el Real Colegio de San Carlos o Real Convictorio Carolino (1).

Su padre era un conocido terrateniente y comerciante lo que le dio la posibilidad a toda la familia de tener una vida disipada. Durante el virreinato los contrastes entre ricos y pobres resultaban abismales. Esos vínculos con la realidad, que fueron rozando la vida del patriota desde los diecisiete años, fueron determinantes en sus ideales que más tarde bregaría por llevar adelante.

Acompañó a su padre en los asuntos comerciales y aprendió mucho a su lado. En esas épocas la falta de amor de los padres hacia la progenie era solo para formar caracteres en los hijos. Por eso se sabe que Domingo French no fue un hombre afectuoso.


 


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Se desconocen datos de filiación sobre su madre, pero se cree que la familia era numerosa. Algunas páginas encontradas en la Biblioteca del Cabildo de Buenos Aires de  registros escolares de asistencia a clase del año 1778  dan cuenta de tres nombres de varones con el apellido French y Urreaga (2). Es por la carencia de antecedentes concretos que se supone que además de estos hermanos también haya habido varias mujeres en la familia.

Tal vez la causa de la falta de datos sobre la vida personal de Domingo French se deba al temperamento que dicen heredó de su padre. El comerciante era un hombre serio, falto de cordialidad y de rostro huraño. Su hijo era igual y moldeó su carácter sumándole sus experiencias de vida que se enroscaban entre el desprecio que sentía por los conservadores del virreinato y los que lucraban con la pobreza de los demás.

Sus comienzos como dependiente en el negocio de exportación de cueros de su padre fraguaron su trato con los negociados non sanctos que circulaban en la Aduana. Se sabe  que las prácticas de contrabandos, los sobreprecios y las comisiones que debían abonarse en los productos importados superaban el bajo valor de los cueros que se exportaban desde la colonia. Esa fue una causa más que se sumó a los reclamos en las revueltas de mayo de 1810.

La mirada eurocentrista y las preferencias de algunos terratenientes y  comerciantes del virreinato del Río de la Plata en favor de la corona favorecían a las economías europeas. Muchos países lucraban con sus colonias y expandían de esta manera sus economías. Si bien existía una cláusula dictada por el virrey Cisneros que desde 1809  se autorizaba la liberación del comercio con los ingleses para fomentar mayores intercambios, el sistema monopólico español no encontró un freno hasta 1810. Domingo French conocía muy bien los negociados y los vínculos entre los gestores de los complots, pero cuando comenzó a trabajar de cartero estas experiencias le sirvieron para mejorar sus intenciones de investigador. Su tarea de repartidor de pliegos y cartas le servía para conocer destinatarios y remitentes, y sobre todo, el contenido de los escritos y los negociados. Además era el encargado de administrar la información en los círculos secretos. Su figura fue clave en los fermentos de la revolución. Había sido elegido porque manejaba los datos con rigor y certeza, y contaba con el reconocimiento y respeto de todos los vecinos. Poseía el prestigio de ser  el primer cartero que hubo en el virreinato. Le pagaban por carta recibida y repartida, tanta influencia le otorgaba su función que cierta vez, por orden del virrey Cisneros,  llevó la suma voluminosa de cien mil pesos a Montevideo porque el capitán de un barco lo consideraba muy peligroso.  De todas maneras, por más que el virrey confiara en su cartero, durante las invasiones inglesas de 1806-1807, que lo incitó a convertirse en un militar, impulsó a los soldados de la partida que lideraba Eustaquio.

 

 


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desplante vivido por Domingo French y el haber estado en Córdoba en momentos de la contrarrevolución habían llevado a la joven mujer a encontrar antipatía con la causa que otrora defendía.

En el momento en que su padre, como tantos otros adherentes a la corona, se enteró de “la noticia desagradable” sobre la formación de la Junta Provisional de Gobierno en Buenos Aires y la cantó a viva voz en la sala supo que había vivido años de angustia y espera inútil. Nadie sospechaba todo lo que Etelvina sabía sobre la revolución, pero por fidelidad a quien había jurado amor eterno se mantuvo callada. 

La noche del 30 de mayo de 1810, apenas recibida la información, las autoridades de la intendencia de Córdoba del Tucumán encabezada por Juan Gutiérrez de la Concha y el ex virrey del Río de la Plata Santiago de Liniers organizaron una reunión secreta. Convocados varios adherentes concretarían  el  rechazo al nuevo sistema gubernativo de la capital, una contrarrevolución que solo pasaría a la historia como un acto fallido.

Liniers se encontraba de casualidad en Córdoba. Había llegado junto con su hijo mayor Luis y dos hijas porque estaba realizando una escritura por la compra de unos lotes linderos a su estancia. La  intención del viudo era desarrollar una vida tranquila y  familiar en Alta Gracia. Durante su estada en  la provincia  se alojaba en la casa de los Gómez y Fuentes. La amistad entre las familias llevaba años. Etelvina cuenta en su diario que los días de junio de 1810 fueron los más recordados en su historia. Además del encuentro con las joviales damitas la presencia del joven Liniers de veintiún años aceleró el pulso de la que ya había renunciado al amor. Despechada y sin futuro Etelvina Gómez y Fuentes renunció a sus dogmas y se entregó a la pasión desenfrenada, encontrando en Luis un “experto amante francés” a pesar de su edad, como lo contara en su diario. Luis fue el único hijo del primer matrimonio de Liniers. Más tarde, nombrado teniente de marina pudo huir a Francia vía Montevideo y no sufrir el destino doloroso  que vivieron sus once hermanos, sentenciados al olvido y a la pobreza. Nunca supo que había sido el padre de un varón que nació, fruto de los encendidos encuentros entre la mujer de treinta y cinco años y él. Meses más tarde, cuando aún circulaba la noticia sobre aquellas conspiraciones que dieron lugar a la Revolución de Mayo de la que ella había sido testigo, Etelvina recibió una esquela, entregada en mano. En el pequeño trozo de papel decía “la Bandera es hija de Belgrano y nieta de French”. Esa consigna había sido un santo y seña que ella recordó al instante por haberlo oído en momentos de hallarse Domingo French en su casa. No se sabe si hubo otras comunicaciones que le recordaran su pasado, pero a raíz de ello o por la sospecha de un incipiente embarazo, Etelvina huyó hacia la gobernación de Salta acompañada de su dama Jacinta. Se supo que parió un varón lozano, de tres kilos y medio de peso, en el convento de San Bernardo y fue obligada a darlo para su crianza a la familia  del general de Olañeta. Solo le permitieron nombrarlo, es por eso lo que llamó Domingo Luis en honor a los hombres que había amado. El niño Domingo Luis Pedro de Olañeta tuvo una infancia feliz en una casa solariega en compañía de un hermanastro de casi su misma edad. Jamás conoció su filiación verdadera y murió rozando los ochenta años.


(1) Ese mismo colegio se convirtió en el Cuartel del Regimiento de Patricios durante las invasiones inglesas y siguió siéndolo hasta la Revolución de Mayo de 1810.

(2) En el Registro de Asistencia de Alumnos del Real Colegio de San Carlos del año 1778   se encontraron tres alumnos con el mismo apellido en el grado de ciclo inicial: Luis María Ginés, Estanislao José Alberto y Domingo María Cristóbal French y Urreaga.

 


Copyright©Lidia Jaureguiberry

Junio, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.