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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

LITERATURA
Narrador y personajes en Proust (Segunda y última parte)


La mirada del narrador
Más que plantearse la pregunta de la autobiografía o de la transposición autobiográfica en Proust,

es preciso adoptar la convicción de que el narrador es el personaje principal de En busca del tiempo perdido: a través de su mirada se teje la estabilidad de la obra; es él quien orienta el horizonte de expectativa basado en la incesante búsqueda estética de la obra de arte.
En busca ... nos invita a acompañar, en efecto, una mirada que recorre el mundo, lo descubre y lo interpreta. En este sentido, la novela proustiana es una forma de novela de aprendizaje, porque el mundo es, según los análisis de Gilles Deleuze, un universo poblado de signos a descifrar.1 La mirada del narrador es una mirada semiológica que evoluciona en función de sus descubrimientos:


La obra de Proust no está vuelta hacia el pasado y los descubrimientos de la memoria, sino hacia el futuro y el progreso del aprendizaje. Lo importante es que el héroe no sabía ciertas cosas al comienzo, las aprende progresivamente. y finalmente recibe una revelación última (p. 36). 2


No quiere decir esto que la memoria no cumpla ningún rol, sino que ella está allí para constituir un ser en proyecto en la medida en que permite el juego fecundo de la asociación, porque el sujeto no puede describir el mundo, sino que debe construirlo. Dos catálogos de exposición (Proust et le peintre, Caen, 1993 y Proust et les peintres, Museo de Chartres, 1991) muestran cómo el proceso de creación proustiano es complejo, puesto que funciona por entremezclas, relevamientos y asociaciones: es difícil reconocer exactamente la figura de Elstir, pero se puede, por deducción, pensar que representa la esencia de múltiples pintores. El proceso de constitución del personaje del narrador es, en varios sentidos, similar:


Cada línea de aprendizaje pasa por estos dos momentos: la decepción provista por una tentativa de interpretación objetiva, luego, la tentativa de remediar esa decepción por una interpretación subjetiva donde nosotros reconstruimos conjuntos asociativos. Así en el amor, e incluso, en el arte (Deleuze, p. 47).


Estos procesos de percepción por analogía, por asociación y por superposición influyen, a la vez, en la formación del narrador y en la constitución de los personajes que, inscriptos en el tiempo, no sólo se modifican sino que superponen sus diferentes imágenes, como si sus rostros presentes contuviesen, en filigrana, múltiples rostros pasados:


El tiempo, en efecto, cambia no solamente los caracteres sino, incluso, los rostros, los cuerpos, los lugares mismos y sus efectos se sedimentan en el espacio (es lo que Proust llama "tiempo incorporado") para formar allí una imagen borrosa cuyas líneas se encabalgan en un palimpsesto, a veces ilegible, casi siempre equívoco [...] (G. Genette, "Proust palimpseste", Figures 1, 1966, p. 51).


Pero a esta sedimentación provocada por la memoria se añade la imaginación que completa la composición de los personajes y la modela de otro modo. Así, rememoración y proyección implican que el personaje proustiano, inscripto profundamente en la duración de la narración y en la sucesión de encuentros diseminados en la temporalidad, no podrá, en definitiva, realizarse sino en la fijación última de los instantes postreros de la vida o en la muerte.

El notable retorno del narrador a la sociedad mundana, en la soirée de Guermantes, multiplica las afirmaciones sobre las devastaciones del Tiempo:


Gilberte de Saint-Loup me dijo: "¿Queréis que vayamos a cenar los dos solos al restaurant?". Cuando respondí: "Si no encontráis comprometedor venir a cenar con un joven", escuché que todo el mundo alrededor de mí se reía, y entonces me apuré para agregar: "o más bien con un viejo" (Gallimard, "Bibliotheque de la Pléiade", III, p. 931).


Pero si el tiempo afecta al personaje del narrador, éste, a su vez, no olvida observar que sucede lo mismo con los personajes proteiformes convertidos en espantosas figuras esculpidas:


Las mujeres intentaban permanecer en contacto con aquello que había sido lo más singular de su encanto pero, a menudo, la nueva materia de su rostro ya no se prestaba para eso. Uno se espantaba al pensar en los períodos de tiempo que debían haber pasado antes que se cumpliera una revolución semejante en la geología de un rostro, al ver qué erosiones se habían producido a lo largo de la nariz, q enormes aluviones al borde de las mejillas rodeaban todo e rostro con sus masas opacas y refractarias (p. 946).


Pueden compararse los campos lexicales de la curva, de la armonía, que caracterizan el tercer retrato de Odette co el campo lexical completamente cruel de la petrificación que define esos restos de personajes degradados. Es que el hilo del tiempo, el hilo de la vida del narrador y el hilo de la obra han tejido y confeccionado seres convertidos en extranjeros a sí mismos, extranjeros al narrador (Proust utiliza esta metáfora del hilo en las páginas 972 y 973 del tomo III de la Pléiade). Como señala Georges Poulet, no es solamente e el recorrido donde se realiza el personaje proustiano, sine sobre todo en el movimiento que funda la esencia del ser como horizonte de la obra: "La novela de Proust es la historia de una búsqueda: una búsqueda, es decir, una continuidad de esfuerzos para encontrar algo que uno ha perdido. Es la novela de una existencia en busca de su esencia" (Études sur le temps humain, I, Presses Pocket, 1952, p. 408) y, más adelante: "El tiempo recobrado es el tiempo trascendido" (p. 437). El personaje proustiano se ve llevado por el fluir de la escritura en busca de la esencia de los seres. La trascendencia de la que habla Poulet es la idealidad de la persona convertida en personaje en el tiempo y el espacio de la escritura:
"La verdadera vida, la vida por fin descubierta y aclarada, la única vida en consecuencia realmente vivida es la literatura" (En busca ... , p. 895).

 

1. Proust et les signes, París, FU.F., 1964.
2 [La traducción de las citas está tomada de En busca del tiempo perdido. Del lado de Sioann, Buenos Aires, Losada, 2000. Trad. de Estela Canto].


Fuente: El personaje en la novela, Jean-Philippe Miraux.