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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

LITERATURA
Narrador y personajes en Proust (Primera parte)

Los personajes
proust-web-LAEn una obra tan monumental como En busca del tiempo perdido es difícil comprender la totalidad de la problemática de la constitución del personaje.

 

Suelen utilizarse técnicas ya probadas, como la "caracterización" de numerosos protagonistas por sus voces particulares. Varios críticos lo han observado. Gérard Genette señalaba, en Figures III:


En el universo esencialmente verbal de En busca del tiempo perdido, ciertos seres no se manifiestan sino casi como ejemplares estilísticos (Norpois, Legrandin, Bloch) o como colecciones de accidentes de lenguaje (el director ya nombrado, el ascensorista, Francoise). La carrera profesional de un Cottard se borra detrás de la historia de sus dificultades con la lengua [...] Es significativo que varios personajes de En busca ... tengan algunos problemas en el uso de la lengua, y no menos significativa es la minucia con la que Proust observa los menores accidentes de su comportamiento lingüístico (Seuil, 1969, pp. 223 Y 225).


y Thierry Laget, más recientemente, ha notado: "El retrato en Proust es en principio la caricatura de un lenguaje, de un acento, de un estilo. El individuo revela más de sí mismo en su palabra que en su rostro" (Foliotheque, 1991, p. 71). Ya hemos visto, en Rousseau, en Lados, o en Flaubert, esta técnica de la especificación del personaje por el empleo que hace de la lengua. El lenguaje personal revela a la vez la pertenencia social, los rasgos de carácter y la inteligencia del personaje: el lenguaje, para Proust, hace signo, evidencia, denuncia. Pero en la perspectiva de la constitución del  personaje, el aspecto innovador no reside allí, incluso si la técnica es utilizada en un alto nivel de perfección.


En Proust, la constitución del personaje se realiza por la memoria. Esto no significa en ningún caso que el autor recuerde un modelo u otro (la ilusión referencial no tiene curso en este espacio totalmente escriturario e imaginario de En busca ... , a un punto tal que ha podido decirse que el narrador no va de la vida a la muerte sino de la escritura a la escritura), sino más bien que el personaje se construye en función de los recuerdos que tiene de las obras de arte a las que se parece.


En efecto, Proust se indigna cuando se intenta reconocer a cualquier persona real en su obra: "No hay claves para los personajes de este libro; o bien hay ocho o diez claves para uno solo" (confidencia hecha a Jacques de Lacretelle, citada por Thierry Laget, p. 32). A Laure Hayman, que creía reconocerse en el personaje de Odette de Crécy, Proust le responde:

"He señalado [...] la estupidez de la gente de mundo que cree que uno hace entrar así a una persona en un libro. ¡Ay! ¿Acaso yo la sobrestimaba? ¡Usted me lee y se ve semejante a Odette! ¡Es desesperante escribir libros! (Correspondencia citada por T. Laget, ibid., p. 41).


Desesperación del autor porque, sin duda, para él la vida de la escritura y los esfuerzos de composición del personaje a través del fenómeno de la reminiscencia se ven anulados por la estupidez de ciertos lectores. Para comprender el proceso de composición proustiano, es preciso, en efecto, considerar más bien hacia la sorprendente conjunción del tiempo y del arte. Porque la percepción del otro se efectúa a partir de una extraña interiorización que transforma poco a poco su retrato. La evolución del retrato de Odette de Crécy, vista por Swann a través del prisma de la subjetividad, es en este sentido ejemplar. El primer encuentro del futuro amor de Swann es decepcionante, y Odette no es más que una mediocre cortesana entra tantas otras:


Odette de Crécy le fue presentada en el teatro, por un amigo de otra época, que le había hablado de ella como de una mujer fascinante [...] Odette pareció a Swann no carente de belleza, pero de un tipo de belleza que le era indiferente, que no le inspiraba ningún deseo, que le causaba incluso una especie de repulsión física, una de esas mujeres que tiene todo el mundo, diferentes para cada uno, y que son lo opuesto de lo que nuestros sentidos reclaman. Tenía un perfil demasiado acusado, la piel demasiado frágil, los pómulos demasiado salientes, los rasgos demasiado tensos para gustarle. Sus ojos eran hermosos, pero tan grandes que se dejaban vencer por su propia masa, fatigaban el resto de la cara y le daban siempre aire de no sentirse bien o de estar de mal humor (Gallimard, "Bibliotheque de la Pléiade", 1954, tomo 1, pp. 195-196).1


Retrato negativo fuertemente vinculado a una aprehensión subjetiva. La mirada de Swann recorre, por sinécdoques sucesivas, el rostro de Odette. A través de toques casi impresionistas, el retrato despreciativo está realizado particularmente a partir de una calificación que evalúa las características del personaje. El segundo encuentro no provoca un juicio más suave. Por intermedio de la percepción se acumulan las imperfecciones. Digamos que la duración, en el tiempo proustiano, amplía la decepción de Swann:


Odette de Crécy volvió a ver a Swann y después aumentó la frecuencia de sus visitas; y, sin duda, en cada una de ellas se renovaba la desilusión que él experimentaba al encontrarse ante aquella cara cuyas particularidades había olvidado un poco en el intervalo, y que no recordaba fuera tan expresiva ni, pese a su juventud, tan marchita; él lamentaba, mientras ella charlaba, que la gran belleza que ella tenía no fuera del tipo de las que él hubiera preferido espontáneamente. Hay que decir, además, que la cara de Odette parecía más flaca y más prominente porque la frente y lo alto de las mejillas, esa superficie unida y más plana, estaba recubierta por la masa de cabellos que se llevaban entonces tirados "hacia delante", elevados en "rizos" y sueltos en mechas a lo largo de las orejas (p. 197).


El vocabulario empleado depende, como se habrá notado, cada vez más del registro pictórico o escultórico: se señalan, con particularidad, las superficies, las masas, las curvas. La descripción del cuerpo que sigue de inmediato prolonga sorprendentemente el uso de este registro. Lo .que choca y repele a Swann es la ruptura de las líneas, el desequilibrio de los volúmenes, la agresividad de las "salientes" y de las "puntas"; en suma, la falta de una arquitectura armoniosa. Odette, a pesar de su evidente belleza, no es, como se dice, el "tipo" de Swann, porque no corresponde al ideal estético que se hace de ella. Y no es el tiempo lo que favorecerá la emergencia del amor Y la transformación radical del personaje de Odette; serán más bien las reminiscencias estéticas y los ideales plásticos de Swann los que volverán a trabajar interiormente el retrato. Así, a una sucesión de encuentros más bien decepcionantes se superpondrá el tiempo interior que vendrá a corregir el retrato del personaje, Y las impresiones inmediatas serán progresivamente reemplazadas por la mediación del arte:


Una segunda visita que le hizo tuvo más importancia acaso. Al ir aquel día a casa de ella, como siempre que debía verla, la iba imaginando de antemano; Y la necesidad que tenía, para encontrar bonita su cara, de limitar a los pómulos rosados y frescos las mejillas, que en ella solían estar amarillentas, cansadas, a veces salpicadas de puntitos rojos, lo afligía como prueba que el ideal es inaccesible Y la dicha mediocre. Le había llevado un grabado que ella deseaba ver. Ella no se sentía del todo bien, lo recibió con una bata de crépe de Chine color lila y se cruzaba el pecho, como un manto, con una tela ricamente bordada. De pie ante él, dejando caer sobre las mejillas los cabellos que había desatado [...], sorprendió a Swann por su parecido con la imagen de Céfora, la hija de Jetro, que se ve en un fresco de la Capilla Sixtina. […] Ya no estimó el rostro de Odette por la mejor o peor cualidad de las mejillas [...] sino como un ovillo de líneas sutiles y bellas que sus miradas seguían, persiguiendo la curva del encrespado, uniendo la cadencia de la nuca a la efusión de los cabellos y a la flexión de los párpados, como en un retrato de ella en que su tipo se hubiera vuelto inteligible Y claro (pp. 222-224).


El proceso de creación del personaje es aquí muy claro: es la sinédocque positiva -el relevamiento de una parte del cuerpo real a partir del modelo pictórico- que permite elevar el retrato al nivel estético: el rostro se vuelve fresco, el fresco se encuentra reproducido en el rostro. Así los personajes se encuentran "liberados del orden del tiempo", al estar trazados a partir de una eternidad de la creación artística y de un universo escriturario que reenvía el modelo a su representación y la representación a su modelo; en definitiva, es el horizonte estético el que permite fundar el proceso de fusión, haciendo posible la constitución del personaje.

 1[La traducción de las citas está tomada de En busca del tiempo perdido. Del lado de Swann, Buenos Aires, Losada, 2000. Trad. de Estela Canto].


Fuente: El personaje en la novela, Jean-Philippe Miraux.