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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

DE HOMBRES, MUJERES Y OTRAS ESPECIES
Historia de un desencuentro
Victoria_seccinAhí está. Desgarbado y apurado, como siempre. Sacando pecho como si fuera a comerse el mundo pero enteramente vestido de gris. Su vida es gris, su mente es gris, su capacidad para amar, entregarse y tomar decisiones es gris.
¡Cómo amé a este hombre! Un poco lo quiero, aún. O es un dejo de tristeza por lo que podría haber sido y no fue sumado a un toque de lástima y a una pizca de desilusión. La receta perfecta que me dice que hay que terminar con esta historia. Y el balance, además, suma más lágrimas que carcajadas… no cierra.
No puedo comprender aún de dónde sacó el coraje para separarse. Casi dos años esperando me tuvo. Esperando y sufriendo. Jurándome amor eterno pero sin valor siquiera para decirle que salía con los amigos y escaparse conmigo por un rato. Besuqueándome como un adolescente en la plaza más cercana a la oficina y soñando en voz alta con un futuro que ya llegaba… ya llegaba.
Me sonríe y casi, casi se le ilumina la cara. Pero siempre algún asomo de duda, alguna inquietud, algún temor impide que su rostro se vea enteramente feliz. Y yo, que me puedo estar muriendo de dolor o de angustia, pero siempre tengo la carcajada presta. Tan distintos…
Me abraza con amor. Es amor, lo sé. Pero parece que ya no me alcanza. Me mira a los ojos y me cuenta que este viernes empiezan sus vacaciones. “Quince días para disfrutar de mis hijos y para al fin, comenzar a gozar de nuestra historia”, dice. Y me besa mucho. Y me acaricia mientras habla. Y está seguro de su discurso de hombre enamorado y convencido de sus actos.
Lo dejo hacer y hasta me entusiasmo un poco. Sigo siendo apasionada y crédula. Pero en el fondo no le tengo mucha fe. Creo que me esperan quince días de espera junto al teléfono, de vestirme, peinarme, maquillarme para él y que, otra vez, me vuelva a llamar para decirme que no tiene fuerzas, que está deprimido, que los chicos lloran cuando los deja y eso lo mata, que prefiere quedarse solo mirando girar el ventilador de techo y llorando en lugar de buscar mi consuelo. No tengo más ganas. Definitivamente esto se terminó.

Ahí está. Erguida y esperando, como siempre. Con los ojos desafiantes y la sonrisa brillante, a pesar de que el mundo se puede estar derrumbando a su alrededor. No sabe darse por vencida, eh, siempre la tiene que luchar.
Le debo todo. Los momentos más terribles que he vivido son su responsabilidad. Si no hubiera aparecido, hace dos años, a desequilibrar mi universo perfecto, jamás hubiera osado separarme. No se me pasaba por la cabeza una realidad sin vivir bajo el mismo techo que mis hijos, aunque eso hubiera significado transcurrir por la vida como una cosa sin sentimientos ni pasiones.
También es suyo mi eterno agradecimiento. Volver a sentirme una persona, alguien único, con deseos, con sensaciones, con ganas de hacer cosas, de proyectar. Darme cuenta que existe una mujer que me mira con ojos estupefactos, con una mirada llena de asombro y de amor. Que me quiere como soy y me admira así: gordo, mal vestido, antipático y solemne.
No le estoy dando ni la mitad de lo que en realidad soy. La angustia por vivir sin mis hijos me anula. Pero me va a esperar siempre, lo sé. Un amor tan grande puede esperar siempre.
La abrazo y siento que se desarma. Sus besos cálidos y tiernos me aseguran la felicidad… en el momento en que esté listo, vamos a estar juntos.

Media hora de almuerzo. Treinta minutos en que fue mío, los últimos treinta minutos. Me estiro la falda verde, un tanto corta, quizás y me paro, como siempre, dispuesta a seguir andando. Me aferro a mi bolso y lo abrazo, fuerte, fuerte. Quisiera poder decirle que ya no me basta lo que me entrega. Sin embargo, sonrío valiente y me despido. El sonido de la grava bajo mis pies y el sol fuerte frente a mis ojos son las últimas sensaciones que me permito. El fin de una historia de amor se hizo presente. Y cosa curiosa, me siento muy bien. Libre, al fin.

Se va. Tan linda, tan orgullosa. Quizás esta noche pueda recuperarme de mi eterna pena y la llame para invitarla a salir. La vida junto a ella, en algún momento, debe comenzar. Creo que ya es hora.

Victoria Nasisi

Copyright Victoria Nasisi. Marzo de 2013