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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

ZONA DE RIESGO
En busca de Eros
libro-quemadoNosotros, los lectores, somos una parte de la doble vía escritura-lectura.  La erótica tentación de encontrarnos con el libro deseado por nuestro imaginario se transforma en una pulsión freudiana. ¿Thanatos o Eros se harán cargo de la selección? Pues allá vamos, hacia el suicidio o el placer.

 

Comienza nuestro viaje por el laberinto de papel impreso y encuadernado. Los estantes abarrotados de libros semejan góndolas de supermercado con marketing directo incluido. “Los antiguos libreros han devenido en repositores”, nos confirma la voz de nuestra experiencia lectora. Sabemos de antemano que nuestras preguntas estimulan en aquellos la maravillosa duda cartesiana, pero invertida: “Existo, luego pienso”. La arbitraria disposición sobre las mesadas, con prisa y sin pausa, nos confunde más. Sin embargo, nuestro deseo es más fuerte (¡Freud nos aplaude desde el fondo del local!). ¡Eureka!, ya lo tenemos en mano. Hojeamos las páginas del elegido y en nuestro cerebro estalla la señal: ¡acá está, ¡éste es!  
Regresamos a casa con rapidez. Nos disponemos a hacernos el tiempo sin tiempo para evitar la intermitencia del goce. La emoción que nos llevó a comprarlo se desvanece en sus primeras páginas. Apelamos al mandato de proseguir con la lectura. No basta. La piedra filosofal se transforma en canto rodado y deseamos que ruede por nuestras manos dentro del cesto de la basura, en cámara lenta.
Buscamos una justificación legal ante el desencanto amoroso de la pareja escritura-lectura, requerimos un urgente divorcio, con alegato incluido. Tomamos nuestro bolígrafo y, en las abominables páginas del elegido, escribimos algunos de los derechos proclamados por Daniel Pennac: 1)  El derecho a no leer. 2) El derecho a saltarse páginas. 3) El derecho a no terminar un libro. 4) El derecho al bovarismo (Gracias, Flaubert). 5) El derecho a picotear.
Respiramos alivianados de la carga. Aprendimos a ser autores de nuestras vidas.

 

 

La Argamasa. (c) Copyright. Octubre 2011