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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

OPINION
¿El huevo o la gallina?
huevo-web-LALa Internet nos instila el deseo de “pertenecer” y nos arrastra hacia la paradoja en que pertenecer en un mundo globalizado (cuyo signo y estrategia son la fugacidad y la prescripción) es la moneda menos corriente.

 

Cuando gloogleamos, twitteamos, facebookeamos, blogeamos (yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos), se nos instala la fantasía que hacemos escritura literaria.  En realidad es una desambiguación, estamos trasladando hacia la virtualidad lo que es propio de la escritura literaria, la que solamente se expresa y consuma en el libro impreso.
El libro – inaccesible muchas veces para nuestros magros bolsillos- circula por contadas manos entre la extinguida especie llamada el lector. Las grandes editoriales -dictadores contemporáneos de lo que se debe leer- publican ficción (o ensayo) atendiendo las reglas del mercado que ellos mismos imponen. Las pequeñas editoriales independientes –en la Argentina hay pocas pero resisten darwinianamente- no encuentran aún la forma de conjurar esa dictadura porque no han resuelto un sistema de distribución y comercialización del libro. Situación que deja entrampado al autor en una endogámica lectura de su obra: padres, tíos, amigos y conocidos son sus más ávidos lectores y sus más fanáticos admiradores.
Es cierto que hay más autores que quieren publicar sus obras que editoriales interesadas en hacerlo. Para sostener la producción de escritura de una obra que pueda ser considerada literaria, el autor debe comprender que antes de su deseo de escribir debe aprender cómo escribir.

 

Existen en la Internet numerosas webs de talleres de escritura literaria cuya propuesta pareciera resumirse en “Hágalo Ud. mismo” o “Tú puedes”. En la mayoría de estos talleres,  se oferta escribir novelas, cuentos o novelas cortas (nouvelles); obras literarias complejas en la que muchos autores amateur terminan frustrándose porque no pueden saltar una valla tan alta. Creen haber llegado, pero comprueban que el brillo de su escritura es luz de candil.
La interferencia comunicativa artística se instala. Asoma la cabeza de Medusa, Perseo no se apersona y el autor queda paralizado. Se pregunta por qué su obra no tiene una circulación social que es la de ser publicada para ser leída. Aborta su “libro” antes de nacer.
La respuesta es más simple que alguna sofisticada elucubración de mercado.
La razón es que desconoce técnicas de escritura literaria y aborda estrategias narrativas complejas (novelas, cuentos, novelas cortas) sin antes haber ensayado técnicas de escritura literaria en contextos discursivos de formas breves.


Las Formas breves por su síntesis, homogeneidad y arquitectura son los primeros pasos y ensayos de prueba-error para comenzar un camino de escritura literaria. La síntesis del razonamiento que debe hacerse un autor amateur es “tengo que conocer el A, B, C de la escritura literaria para -con mucho esfuerzo- completar el conocimiento del alfabeto y desde allí producir un texto que tenga valor literario”.


No se puede (excepto con altas dosis de temeridad) escribir novelas o cuentos sin comenzar por formas breves que sirven de adiestramiento. Adiestramiento en estrategias de cómo hacer de un texto ajeno uno propio; acciones y atributos para la construcción de personajes; pervertir otros géneros con otras estrategias discursivas; practicar géneros discursivos de uso cotidiano; la construcción de la voz de otro; la focalización y mucha lectura de textos ajenos y mucha más escritura de textos propios. Rescatamos una muy interesante reflexión de Luis Chitarroni, quien coordinó talleres desde 1986 hasta 2000, “los escritores necesitan educarse y, a partir de esto, saber hacia dónde disparar”.


Sin conocimiento y adiestramiento en técnicas de escritura literaria aplicadas a formas breves y previos al abordaje de novelas o cuentos, estos “mega géneros” terminan con un epitafio de su autor: “Malditos desinteresados, aquí yace mi obra”. Manuel Puig diría aquí yacen escribidores, no escritores.


La consigna a repensar en la “cocina” de la escritura literaria es qué es primero ¿el huevo o la gallina?


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