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CARPE DIEM

carpe-diemSobre el carpe diem y los prejuicios en la traducción

Por Rosario González Galicia

 

El texto de esta oda es como sigue:


Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. Vt melius, quidquid erit, pati!
seu pluris hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum: sapias, uina liques et spatio breui
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

 

Que traduzco así:
No preguntes (contra la voluntad divina el saberlo), Leucónoe, qué fin han puesto para mí los dioses, cuál para ti, ni sondees el cálculo babilonio. ¡Cuánto mejor soportar lo que haya de ser, tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos, como si es el último nuestro el que ahora quiebra las olas del mar Tirreno en azote contra los escollos! Sé sabia, filtra el vino y, breve como es la vida, corta la esperanza larga. Mientras hablamos, habrá huido celosa la edad: goza a bocados del momento, confiada lo menos posible en el de mañana.
Indagando en su etimología, el verbo carpo (cuya forma carpe es la de la 2ª persona del sing. del Pres. de Imperat. Activo) es en su origen un verbo con sentido técnico, empleado en diversas acepciones concretas y en sentidos figurados. En la lengua rústica significa "coger", "arrancar" (la hierba, por ejemplo); en el campo textil, "deshacer hilo a hilo" (la lana, el lino), "deshilar". En la lengua común significa "elegir" y también "degustar", "disfrutar de". Carpo significa, pues, "arrancar", "separar arrancando", "arrancar a pedazos", "desgarrar"; toma después los sentidos figurados de "aprovechar", "gozar" ("gozar de un dulce sueño"), "consumir" ("consumir las fuerzas"), "recorrer", "completar" ("recorrer un camino", el definitivo en la frase supremum iter carpere: "hacer el último viaje").
He traducido carpe diem como goza a bocados del momento para tratar de mostrar lo mejor posible el sentido originario del verbo, como si dijese: "arráncale pedacitos al tiempo", "cómete el tiempo a mordiscos". Porque eso es lo que se quiere decir con carpe diem. En una interpretación muy prosaica podría equipararse con el dicho español "que nos quiten lo bailado", aunque con esta igualación, tan chabacana y ramplona, se pierde mucho del sentido que tiene la frase latina, motivo por el cual se sigue diciendo en latín. Parafraseando la expresión, su sentido sería: "no dejes que el Tiempo te quite tiempo, te quite vida; no dejes que el Tiempo -pensar en él, obsesionarte con el futuro y, por tanto, con la muerte- te gane la partida; por el contrario, aprovéchate tú de él, arráncale trocitos, momentos".
No puedo estar de acuerdo con quien quiere ver en la expresión carpe diem un trasfondo sexual. No lo tiene. Cuando uno impone a un objeto (en este caso, la lengua), antes de mirarlo, su visión, su idea, cuando ya ha decidido de antemano lo que es, encuentra siempre lo que quiere, que es, justamente, lo que no hay. Por una razón de signo contrario a aquella que quería ver en los clásicos artistas mesurados, comedidos, pacatos, puritanos, aislados en una torre de marfil, que andaban siempre en las nubes tratando temas y asuntos excelsos, y que nunca se mezclaban en los avatares de los seres humanos corrientes ni tocaban sus problemas y miserias, sus alegrías y goces, apreciación que tiene mucho de prejuicios religiosos y culturales y que llevó a que muchos de los textos de los clásicos quedaran celosamente guardados (protegidos por mentes biempensantes, que se otorgan a sí mismas el distintivo de autoridades, de las manos y los ojos de lectores inadecuados), al punto de hacerlos a veces inexistentes; pues bien, por una razón -como decía- de signo contrario y complementaria de la anterior, pero tan engañosa y no menos prejuiciosa e ideológica que la señalada, en las últimas décadas, como si de un "destape" se tratase, mucha gente ha querido ver en los clásicos lo que no hay, y casi siempre ha querido ver alusiones e insinuaciones de tipo sexual. Hay que decir que, cuando los poetas, en particular, y los escritores, en general, griegos y latinos quieren referirse a algo relacionado con el sexo, lo hacen, no lo ocultan, y generalmente lo hacen de manera muy directa y explícita. Eso no significa, claro está, que no utilicen también el lenguaje metafórico, como, por ejemplo, cuando en las comedias de Aristófanes se emplea el término "cerdito" para la denominación del órgano sexual femenino, de manera paralela al empleo en español de términos como "conejo", "almeja", "concha", etc. Ni tampoco quiere decir que no usen el lenguaje alusivo, es decir, que sin expresar el término concreto (que no se dice precisamente para buscar un efecto más contundente), el conjunto, el contexto sea lo suficientemente claro para llevar al oyente o al lector a entender perfectamente la referencia, consiguiendo con ello provocarle el asombro, la risa, el sobresalto, consiguiendo, en definitiva, la sorpresa. Una buena muestra de esto puede encontrarse en el poema LVIII de Catulo ... aquella Lesbia, a la que Catulo ha querido más que a sí mismo y a todos los suyos, ahora en las encrucijadas y en las callejas se la pela a los descendientes del magnánimo Remo donde no hace falta señalar, por obvio, el "piropo" que le está dedicando a su amante. Pero -como decía más arriba- los clásicos llaman a las cosas por su nombre si es que lo quieren hacer, y, si quieren decir "joder", lo dicen, o si quieren decir "pene" (más bien, claro, "polla", "minga", "carajo", etc.) o "dar por culo" o "puta", etc., etc., lo dicen. A este respecto, la lengua latina cuenta con un muy extenso y preciso vocabulario.
Tampoco puedo estar de acuerdo con quien se refiere a Catulo como el "libidinoso Catulo", primero, porque, dicho así, parece como si no pudiese ser más que eso, cuando es uno de los poetas más variados de la literatura latina (y, por cierto, uno de los excelsos en la literatura universal), y, en segundo lugar, porque el término "libidinoso" es peligrosamente equívoco, dado su significado en español, para aplicarlo por traslación a alguien del mundo antiguo y del todo inaplicable en el caso de Catulo. Menos aún puedo estar de acuerdo con quien opina que carpe diem no significa "fornicar" o "llevarse a alguien al huerto" en el texto de Horacio, pero sí podría significarlo si lo hubiera escrito Catulo: eso sería como decir que las palabras, las expresiones, la lengua, en fin, dependen de la opinión de quien las utilice. Y eso no es así. Los escritores no manipulan la lengua a su antojo. Lo que sí hacen es aprovechar, generalmente más y mejor que el común (lo que no quita para que los hallazgos populares en la expresión sean, a veces, impresionantes), las posibilidades que la lengua ofrece, lo que sí hacen es tener las entendederas bien despiertas y atentas (y bien entrenadas) y tener "un oído más fino" para captar el máximo posible de matices y utilizarlos después.
Seamos -me lo ruego, os lo ruego- humildes en el acercamiento a otras lenguas. Dejemos que sean ellas las que hagan el camino caminando nosotros junto a ellas, las que se nos entreguen entregándonos nosotros a ellas, y no les impongamos un camino ya hecho y, entonces, ya muerto e imposible de recorrer, pues, como canta Antonio Machado, caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

 

"Goza a bocados del momento"

 

(c) La Argamasa. 2011