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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Y…THAT’S ALL

Nueva York es Nueva York. A partir de esta frase hecha, tan terminante y tajante se podría dar fin a cualquier parlamento antes de comenzar a hablar.
Territorio criticado, vapuleado, admirado, envidiado, codiciado, buscado, despreciado, pero jamás olvidado. New York da que hablar. Nadie se queda mudo ante la exageración de todo lo que allí habita: edificios altísimos, calles larguísimas y anchísimas, parques extendidísimos, luces que enceguecen, sonidos que aturden, olores que asfixian. Nadie deja de mirarla porque desde allí se manejan todas las tendencias mundiales en todos los órdenes de la vida humana.

Todo esto y mucho más entran en una superficie que no llega a los sesenta kilómetros cuadrados. Cuando se toma un mapa de Manhattan, sólo se ve una cuadrícula casi perfecta inserta en un rectángulo muy largo y muy angosto con un manchón verde en el centro. Una sola diagonal cruza el plano de oeste a este y de norte a sur, lo que brinda, si se quiere, un poco de desorden al trazado. Falto de calles circulares o cortadas –un poco en el Village o en la zona “rosa” o “gay”, como suelen llamarla–, urbanísticamente, es una ciudad previsible, con pocos recovecos para perderse, con pocos rincones a descubrir.
No hay misterios ni secretos. Sus lugares se los conoce antes de conocerlos. Lo que se ha visto millones de veces en millones de películas es exactamente lo mismo que aparece ante los ojos cuando se la visita. Vasto escenario de grandes ficciones y series televisivas, enorme centro comercial donde el consumismo de lo mejor e inalcanzable logra su máxima expresión y también gran comedor de la más exquisita comida, hasta la chatarra.
Por las mañanas, mientras multitudes de residentes emergen del Metro, bajan de los buses, trenes y barcos para dirigirse a sus empleos, cataratas de turistas deambulan por la Quinta Avenida y miran azorados las escandalosas vidrieras que muestran lo mejor de la moda. Las publicidades se exhiben centellantes en las pantallas de Time Square y los bares del Downtown esperan a los atrevidos y enérgicos hacedores de dinero cuando terminan su faena para ofrecerles su “hora feliz”. Durante la tarde-noche una avalancha de gente abarrota los teatros de Broadway esperando conseguir la primera fila para ver obras y musicales increíbles y los fines de semana el Central Park es el centro de la gran comunión de visitantes que pasean, hacen picnic, corren o andan en bicicleta.
Así es Nueva York, una ciudad que invita a recorrer lugares de la ficción aunque parezcan de la realidad. El famoso Empire State de King-Kong y su piso 102 donde Meg Ryan y Tom Hanks se encuentran en el final de Sintonía de Amor. Pastis, Magnolia Backery o Prada son algunos de los lugares donde las chicas de The Sex on the City almuerzan, toman un café o compran zapatos. Micheal Douglas y Glenn Close en una escena de Atracción Fatal pasearon su perro y corretearon por el Central Park luego de haber pasado la noche juntos en el tan de moda distrito del Meatpacking donde ella tenía su departamento. Las maravillosas vistas que se veían de Manhattan desde el barco que transportaba a Melanie Griffith en Secretaria Ejecutiva. El famoso restaurant de la película Cuando Harry conoció a Sally que dio marco a la famosa escena del fingido orgasmo de Meg Ryan, está en el barrio de Nolita. Convertidos en amantes en la película Enamorándonos, Robert de Niro y Meryl Streep se besaron por primera vez bajo una arcada de la Grand Station. En Washington Square, se encuentra la fuente que aparece en la presentación de la serie Friends, en Time Square el Bubba Gump de Forrest Gump y sobre la Quinta Avenida el Hotel Plaza de Mi Pobre Angelito.
Y también New York es realidad aunque parezca ficción. Junto al cinematográfico asesinato del célebre John Lennon a la salida de su casa en el Edificio Dakota, aquellas imágenes de los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas –que parecieron las mejores logradas como para ganar un Oscar– terminaron siendo las tragedias más reales, más dolorosas y más contundentes que esta ciudad haya sufrido. Un rincón en el parque central donde se encuentra el mosaico de Imagine, está dedicado a la memoria del ex Beatles y dos enormes huecos cuadrados son el fiel testimonio del espacio que tan orgullosamente ocuparon las torres derribadas una espléndida mañana de septiembre.
Ciudad cosmopolita por excelencia. Su gente no es del lugar porque el lugar no le pertenece. Europeos, latinos, orientales, musulmanes, judíos, negros y blancos cohabitan en la Gran Manzana sin convivir. Atuendos de los más diversos, de moradores y visitantes. Murmullos en lenguas de todas las latitudes. Capital del mundo, la Babel moderna. Mucha ficción y algo de trágica realidad. Aquí todo puede suceder porque Nueva York es Nueva York, y… that´s all.

Valeria Sáenz

Copyright©Valeria Sáenz, 2014
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