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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Y Dios no me escucha

Si el dentista sale ahora y dice que por hoy no trabaja más, te prometo, Diosito, que me porto bien una semana completa, detesto venir a este lugar, mamá realmente se porta mal cuando me trae. Y está tranquila ella, ¿eh? claro, total la boca y los dientes son míos, ya me dijo como mil veces que hay que venir cada seis meses a controlarse los dientes para ver que no tenga caries y
que todos lo hacen. Esos “todos” deben ser más valientes que yo, seguro, porque, la verdad, muy valiente no me siento en este momento.

¿A quién se le ocurre trabajar como dentista? Todo el día mirando bocas ajenas, con dientes podridos y olores feos. Y de adorno, ¡ponen dentaduras de plástico, de cerámica, no sé de qué son! Lo que sí sé es que son asquerosas, yo pondría flores, libros, juguetes, por lo menos, como hace el doctor Juan Carlos, que es mucho más bueno que éste. Aunque ahora que me acuerdo, ése fue el que le hizo acordar a mi mamá que me traiga… otro, ¿por qué no se encarga de los dientes de él, que ya son bastante viejitos y se le deben estar por caer? Cuando a un viejo se le caen los dientes, ¿también pasa el Ratón Pérez a dejarles plata?… un ratón que tiene plata y que la cambia por dientes, ¿para qué los querrá?, y no sé para qué me traen tanto a cuidar unos dientes que se me van a caer, además yo quiero que se caigan, así el Ratón me trae plata y me puedo comprar algún juguete nuevo, si no me lavo más los sientes seguro se me caen antes, voy a probar.
También tiene carteles por todos lados con dibujitos de dientes, de muelas, de cepillos, de pastas dentales; me acuerdo cuando era chiquito y veía un cartel de “prohibido fumar” decía que significaba “prohibido lavarse los dientes”, claro, me confundía el dibujito del cigarrillo con un cepillo de dientes, jaja, qué chiquito tonto era. No sé, me dan ganas de irme ya o de hacer un escándalo cuando el dentista abra la puerta y negarme a abrir la boca, ¿qué pasa si hago eso? Mami me mira con una sonrisa, si supiera lo que estoy planeando, me mata, es capaz de complotarse con el médico y hacerme abrir la boca a la fuerza… no entiendo a los padres, tienen hijos para torturarlos: “no pelees, portate bien, lavate los dientes, comé todo, hacé los deberes, andá al dentista”. Me gustaría morirme para ver qué pasa, a ver si llora; y sí, va a llorar y se va a poner triste y va a prometer que no me va a hacer nada de lo que no me gusta y ahí nomás me despierto de nuevo y le digo: “para empezar, nunca más dentista”. Mejor no pienso más estas cosas que me dan ganas de llorar a mí… lo peor es si me dicen que tengo que usar aparatos, no quiero tener los dientes llenos de alambres como mi amigo Joaco, no puede comer caramelos y siempre se le llenan los alambres de comida, qué feo.
Ahí abre la puerta y se hace el simpático, el  nene que se va está contento y no es tan grande, me voy a tener que hacer el valiente, nomás. Y Dios ni me escuchó, claro, sabés la cantidad de chicos que le deben estar pidiendo cosas imposibles a la misma hora, y bueno, que me mire la boca pero que no me haga doler porque ahí sí que grito… y que se enojen todos.

 

Victoria Nasisi