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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Módulo VI Focalización

 

TIEL Módulo VI Focalización

Consigna cuatro Escribir un relato a la manera de Faulkner en Mientras yo agonizo. Pensar en una situación de la que puedan dar cuenta varios personajes, como protagonistas o testigos. La situación debe desarrollarse a medida que el texto avanza gracias a los monólogos de los personajes que alternativamente narran desde su punto de vista en primera persona. Por ejemplo: la lectura del testamento de una mujer ante sus herederos. La situación puede estar relatada desde la mujer que antes de morir imagina la escena, por el abogado que lee el testamento, por alguien que entra circunstancialmente a servir café y a retirar el servicio,  por los propios herederos. Extensión máxima: cuatro carillas, aproximadamente.


TESTAMENTO

El doctor Iribarren tenía dispuesto el testamento en el escritorio, pasó un paño a sus lentes para dar tiempo a los herederos a tomar sus respectivos lugares; conozco a esta familia desde hace años, desde que empecé a trabajar como secretario del doctor, ya pasamos por la muerte de la hermana y del padre hace diez años, y ahora la madre. El hermano mayor hace años está desvinculado de la familia, desde que el padre falleció, las diferencias con la madre lo alejaron de la familia, entró al despacho y se dejó caer en el sillón más alejado del escritorio, cercano al ventanal, y comenzó a mirar por la ventana.

La hermana era un par de años más joven, bastante atractiva, era la que intentaba reconstruir el vínculo familiar con su hermano, ya habían perdido a la hermana menor que falleció después de un accidente de tránsito, afortunadamente, si hay algo afortunado en esto, no dejó marido ni hijos.

El doctor Iribarren se colocó los anteojos, tomó los papeles y dijo:

—Buenos días, ¿cómo están?

Laura fue la primera en hablar. —Gracias, doctor, por hacernos un lugar en su apretada agenda, para tratar nuestro asunto. El doctor asintió con la cabeza. Ser la hermana del medio no es fácil, yo carecía de la facilidad de expresión y la simpatía de Inés, y de la seguridad de Raúl. Esto significaba mucho para mí,  la culpa era algo que no me dejaba respirar, el ver cómo se destruía mi familia luego de la muerte de papá fue demoledor, ver las disputas y rencores entre mi mamá y Raúl, me destrozaban el alma y lo peor, la culpa, la culpa de no hacer nada, de no saber, de no estar a la altura de la situación, de no poder poner freno al desastre inminente, al fallecer papá, la familia se desplomó como un castillo de naipes; después del accidente de Inés papá se derrumbó,  porque aunque no lo quisiera reconocer, Inés era su hija preferida, no se pudo sobreponer a la pérdida, y en pocos años perdí a todos, pero no voy a perder a Raúl, es lo único que me queda, el último gesto de mamá, quizás impensado, fue el reunirnos hoy acá. Sonreí sin querer.

Raúl se acomodó en el sillón, miraba al doctor Iribarren mientras leía, me miró y me hizo un pequeño movimiento de cabeza a modo de saludo, al que respondí de la misma manera.

Esto no tiene sentido, no es útil, no quiero nada, tengo todo lo que necesito, pero vine igual para darle el gusto a Laura, desvié la mirada hacia el ventanal por el que podía ver los árboles del parque, y me quedé colgado en las ramas, mientras, retomé una idea que me  daba vueltas en la cabeza desde hace varios días; la vida continúa para nosotros, para papá, para Inés y mamá la vida se detuvo instantáneamente, ya no hay tiempo, no hay horarios, no hay primaveras ni veranos, se acabaron los partidos de futbol, los estrenos en el cine los jueves, las telenovelas, todavía miro el celular esperando una llamada de Inés o de papá, algo que sé que no va a ocurrir nunca más, debería borrar los números telefónicos, pero sería  aceptar que no van a estar más en mi vida, que se fueron, que me dejaron, miré a Laura y nuestro ojos se encontraron, vi en sus ojos las tardes en el patio, la bici sin rueditas, la hamaca, mojarnos con la manguera en verano, para nosotros la vida sigue, no puedo  dejar pasar esta oportunidad, este nuevo comienzo. —Muy bien, Doctor, gracias por su tiempo, estoy de acuerdo con todo.

El doctor los invitó a acercarse para firmar los papeles, saludó a Laura con un beso y estrechó la mano de Raúl, recogí los papeles recién firmados, los saludé con una inclinación de la cabeza, los veo hablar entre ellos, Laura sonríe y salen del brazo, quizás en este último gesto hallamos visto lo más valioso del testamento.


Consigna trece alfa: Relatar los hechos ocurridos en la tintorería de La casa de los relojes cambiando el punto de vista. El narrador, en primera persona, puede ser Gervasio Palmo, Nakoto, la maestra, la madre del niño o uno de los invitados a la fiesta. Es necesario instalar al narrador en una situación comunicativa que haga posibles sus palabras (por ejemplo, la madre cuenta a una vecina lo ocurrido, la maestra comenta la carta del niño a otra maestra de la escuela, uno de los invitados declara en la comisaría). Extensión máxima: dos carillas.

Consigna trece beta: Escribir un relato en primera persona con un narrador deficiente. Las razones por las que el narrador no acaba de comprender los hechos pueden ser diversas. Es posible elegir alguno de los narradores caracterizados abajo o alguna otra variante no consagrada por la tradición.

Extensión máxima: dos carillas.


TINTORERÍA

Sabe, no entendí lo que pasaba hasta que fue demasiado tarde, Estanislao trabajó en el barrio desde que soy chico, él y mi padre eran grandes amigos. En ese entonces no había tantas casas ni tantos comercios, Nakoto fue uno de los primeros, puso su tintorería ni bien llegó al país. Las cosas no salieron bien para todos y tampoco mejoraron cuando llegó Palma.

El señor Gervasio se dedicó a comprar algunas casas y asociarse con algunos comerciantes del barrio caídos en desgracia, un explotador, así fue cómo se asoció con Nakoto, siempre le insistió a Estanislao, porque vio la oportunidad de los relojes, pero él sabía manejar su negocio, además era muy austero, creo que por eso era al único al que le iba relativamente bien.

Después pasó lo de la esposa del señor Gervasio, se dijo que tuvo un amorío con Estanislao, pero nunca se comprobó nada, yo no lo creo, pero cuando ella se fue y lo dejó a Gervasio, el resto del barrio le hizo la cruz, y hasta pensé que el problema de la espalda era una maldición de la gente, el único amigo que le quedaba era Nakoto, todas las tardes se juntaban en la tintorería, no molestaban a nadie.

Me sorprendió el festejo para Estanislao, podía ser su cumpleaños, yo realmente  desconozco cuando cumple años, también pensé que a lo mejor volvió la esposa de Gervasio y se aclaró todo y quizás las cosas se habían arreglado, me despertó el alboroto en la tintorería a la madrugada y después me enteré de la muerte horrible de Estanislao y Nakoto, por lo que contaban los vecinos, Estanislao estaba contento, hasta lo hicieron bailar, fue todo el barrio, no faltó nadie que lo conociera o lo hubiera tratado, sabe, era buena persona, no se merecían lo que les pasó, y Nakoto, no tengo idea de porqué cayó en la volteada, el japonés casi ni hablaba, no se metía con nadie,  creo que ninguno de los dos se la vio venir, parece una broma, el colmo de un tintorero morir planchado, sí, disculpe oficial, estuve mal.


Consigna catorce Reescribir el cuento “Las hamacas voladoras” a partir de la expresión “sexto punto”, cambiando el punto de vista. El narrador debe estar en tercera persona y el focalizador puede ser el viejo o alguno de los personajes que están en las hamacas: la chica rubia, el hombre gordo, la vieja del sombrero. Extensión máxima: dos carillas.


HAMACAS VOLADORAS

Hoy es el  primer día que puedo venir a la feria, ya estoy acá, está lleno de gente, de todos los juegos el favorito parece ser el de las hamacas voladoras, ya  baja una tanda de gente y hay una fila larga esperando por su turno, se completaron los lugares en las hamacas, los viajeros son bastante diversos, de todas las edades y tamaños, hasta hay una mujer  de vestido rosa con un sombrero enorme, me imagino que dejará el sombreo abajo, parece un juego peligroso, me da un poco  de desconfianza el chico que maneja la máquina, pero peor es el viejo de la boletería.

La hamaca parece bastante incomoda, ya empiezan  a girar, es lindo el viento en la cara, a medida que van más rápido se van elevando, es casi como volar, desde acá todo se ve más chiquito, cada vez que el chico mueve un poquito la palanca se ve todo más chico y pasa más rápido, la gente abajo  mira fijo, cada vez que salta la palanca vuelan cada vez más livianitos y más rápido, ya paso al sexto punto de velocidad, vi pasar volando el sombrero  de la señora, casi todos están gritando asustados, las cadenas rezongan y el eje cruje, algo no está bien, los brazos y piernas de algunos se mueven como si fueran de un muñeco de trapo, desde abajo no se distinguen a las personas de las otras hamacas, son todas manchas borrosas, lo único distinto es una mancha rosa que pasa regularmente, da miedo verlos girar enloquecidos, el chico de la palanca sigue subiendo la velocidad, se escucha gritar al viejo de la boletería, tenían razón, era un juego peligroso, la gente abajo corre, el eje central se balancea, el viejo sale de la boletería con los ojos desencajados, con una mueca de terror en el rostro , empieza a gritar y a correr hacia la palanca, el chico de la palanca ríe frenéticamente, el eje se ladea  y las hamacas empiezan a golpear en el suelo, todo se desmorona, es tarde para correr.

 


Copyright©Carlos Mori 

Septiembre, 2017.  Todos los derechos reservados por su autor.

 


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor.