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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo II. Relatos del yo 

Consigna quince beta. Buscar viejas fotografías familiares a través de las cuales se pueda establecer una secuencia de recuerdos, es decir, una historia. Tomar a uno de sus personajes como narrador protagonista y/o testigo y escribir el tramo de su diario íntimo correspondiente a esos acontecimientos.


Otra vuelta de tuerca:

Consigna quince delta. Cualquiera haya sido la opción elegida, agregar al texto una nota a pie de página firmada por El Editor, o un prólogo, o un relato, que le sirva de marco como en el inicio de “Loco” y justifique su publicación.



DIARIO DE UN INMIGRANTE DEL GRAN CHACO

 
Como parte de los festejos del 80° Aniversario de la fundación de El Colorado, la Dirección de Cultura Municipal ha realizado una selección de cuentos, poesías, anecdotarios, biografías, con el fin de publicarlos en el semanario local. Recorriendo así la historia de nuestros orígenes desde la pluma de sus protagonistas, los primeros inmigrantes. He aquí uno de los relatos en primera persona. 

 
11 de Marzo 1942

Papá me regaló este cuaderno y un lápiz. Cumplo once años hoy.

Tengo poca luz. Solo puedo escribir mientras marcha la volanta. Son las únicas horas que no hay casi nada que hacer. Hace ya una semana que salimos de Las Breñas. La sequía nos dejó sin siembra. Ya ni nos podíamos lavar. El agua barrosa del pozo la usábamos solo para tomar, después de filtrarla en la tela del único vestido bueno de mamá. El nono y papá dicen que donde vamos hay un río enorme. Hay tanta agua que los animales y las personas nunca tienen sed. Es un paraíso. Janos Rhaam es también húngaro. Y nos avisó por carta que están entregando tierras cruzando el río en la zona del Zapallar. Muchos vecinos juntos abandonamos el Chaco. Pienso en cómo será un paraíso. ¿Vamos a comer y beber agua todos los días? 

 
13 de marzo de 1942

Estamos viajando hacia el norte en una volanta tirada por dos caballos. Los hombres construyeron una casa sobre ella, toda en madera, con una ventanita que se mantiene abierta con una rama y un agujero en el techo por donde sale el humo. En el centro va el brasero encendido. A veces podemos tostar algo y comer, sin parar. Hace mucho ruido al andar porque todas las cosas cuelgan a los costados. Somos cinco hermanas mujeres, tía Pepa y mamá, Leonilda. Onelia, la mayor va con fiebre. Las gallinas cuelgan abajo en sus jaulas. Dos vacas y otro caballo atados por detrás. Durante el día caminamos junto a ellos por turnos, paramos sólo a dormir y comer. Pepita hierve los huevos y ordeña. Tomamos la leche tibia, con espuma y canela. Los hombres traen algún pato, una perdiz, con suerte, un morito, y, si eso sucede, hacemos una fiesta con Don Boos tocando el acordeón. Desde ayer que llueve. Nos metimos en el monte bajo los árboles. Todos los carromatos juntos formando un círculo. Tengo miedo, pero no sé por qué. No podemos seguir viaje. Los rayos que caen parecen recorrernos el cuerpo. Los caballos están inquietos. Se rompió una rueda de los Boos. Se la están arreglando. No los podemos dejar acá. 

 
15 de marzo de 1942

Seguimos varados. Ya no llueve, pero el calor y la humedad nos sofocan. Las ruedas están enterradas en el barro. Los hombres montan sus caballos y se adelantan. Onelia está mejor, pero muy débil.  Mamá se sentó con el rifle cargado en el pescante. Gracias a eso estamos vivas. Anoche, nos atacó un puma. Saltó desde un árbol al techo de la volanta. Volvió a saltar desde allí sobre un ternero al que mató mordiéndole el pescuezo y desparramando sus tripas. Luego se dio vuelta y gruñó. Parecía que atacaría de nuevo, pero ahora a nosotras. Estábamos todas quietas, aterradas, temblando en el interior del camarote. Yo ya veía nuestras tripas en el piso. Un olor nauseabundo nos llegaba desde su boca abierta mostrando sus dientes ensangrentados. Mamá disparó. No sé cómo, le dió entre los ojos. Toda la noche pasamos espiando los árboles y el cadáver del puma. Unas horas después de amanecer, cuando llegaron los hombres, cargando madera, y muchas provisiones, fuimos capaces de bajar y acercarnos a verlo. Aún muerto daba miedode tan bello. El nono le arrancó los colmillos y se los dio a mamá. Los puso en la misma caja en la que lleva el collar de monedas de plata que perteneció a la abuela Berta, allá en Temesvar, en Hungría. La nona murió joven, en el molino, embarazada. 

 
19 de marzo de 1942

El paraíso queda lejos. Parece que nunca llegaremos. El recuerdo del puma mantiene a los hombres montando guardia de noche. Comentan en el campamento que nos debe haber seguido durante días. Hay tantos bichos que la piel no termina de curarse de las picaduras. Murieron doña Eulalia y Aníbal, el pequeño, a causa de las yararás. ¿Llegaremos todos?

 

 

Copyright©Delia Plazaola. Octubre, 2015

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