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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo IX. La escritura palimpsestuosa

Consigna veintiuno Elaborar un nuevo relato, cambiando el final, o algún otro elemento, de “Hombre de la esquina rosada” de Jorge Luis Borges, “la noche boca arriba” de Julio Cortázar o “El perjurio de la nieve” de Adolfo Bioy Casares con el fin de darle un nuevo significado a la narración. La idea es que la nueva versión se oponga en algún aspecto al texto original elegido para hacer el trabajo (Extensión máxima. 2 ½ carillas)


“Me llamo Ramona López. Sí, señor oficial, me dicen la “Lujanera” porque siempre ando con mi virgencita de Luján. La tengo conmigo por donde voy”. Ahí nomás,  en un diestro movimiento, Ramona desprendió su primer botón de la blusa, para mostrarle la imagen de la virgencita, que llevaba prendida con alfiler de gancho en el sostén de su corpiño. Aunque quiso evitar toda observación, el comisario no pudo desviar la mirada hacia el lugar en cuestión. Ramona continuó con su relato con cierto desparpajo. “Ando como quien dice, de trabajo por el bar de la Julia.

Buena mujer, si las hay. Prolija, el bar anda siempre limpito y a nosotros nos cuida bien. Hace años que ando acá, ahora que me acuerdo, son muchos que lo tiró”, y se quedó pensando. “Usted sabe, en tiempos difíciles, el hombre llega cansado al bar a pasar un buen rato, se toma una caña y está una pa’ servirle y bailarse un tanguito o una milonga. Hace años que estoy ahí, como quien dice, aquerenciada con el barrio y la gente, vio. En mis años de joven, sabía bailar hasta que el sol salía y los muchachos se iban de laburo, pero ahora pispeo cuando van dejando el boliche y me las pianto tranquila pa’ mi casa. Me canso. Vivo con el Rosendo. Bueno, vivía con mi Rosendo. Sí, Rosendo Fraga, señor oficial, que en pa’ me descanse”.Ramona seguía declarando, segura, como si recordara al detalle, “Esa noche hice eso, tal cualito se lo cuento. La noche estaba fresca, me acuerdo, y me juí a buscar un saquito a mi casa, que se me enfriaba el pecho. Cuando vuelvo, entro al boliche y me encuentro a este fulano. El tal Real…, Francisco Real. Alto el hombre, una pilcha que no se ve por estos pagos. Trajeao como pa’ casamiento, pinta de tipo importante. Lo miro de arriba abajo, como que me vino la curiosidá, vio. Sabe venir de todo al boliche pero unos ya los tiene junao a todos. Son de los pagos. Éste, que le aseguro que no eira de por acá. Que no va que el hombre me relojea de arriba abajo. Y una no es una otaria. Y atrás, qué más le digo, empezó la música con bailongo, los muchachos pensaban en la propina que anda pobre y meta que le dieron juerte. No va que nos juimos al baile, abrazados y el hombre gritaba que dale la música y dale. Nos juimos ‘pa juera, al ritmo de la milonga nos abrimos paso, los bailantes nos miraban. Una se agranda. El macho estaba bien puesto, vio”.“No va que habíamos salido a tomar el aire fresco y lo veo parado al Rosendo contra la pare’, pucho en mano. Como esperando estaba el hombre, justo bajo el farol, nervioso, por lo que lo junaba. Me miró primero a mí. Le dije que se juera pa’ casa, que estábamos tomando una copa nomás, por ser buena gente y recibir al visitante.Ya le pesqué la cara de juria al Rosendo y me le jui encima, como en abrazo pa’ calmarlo, vio. Le juro oficial, que agarré mi virgencita, la que tengo acá en el pecho y le recé. Estaba sacado el hombre. Guardaba el facón. Lo tenía bien guardado en la manga del saco. Entre guapos es jodido cuando se endiabla la juria, pero la cosa es que el Rosendo, de guapo tenía poco, era más juria de guacho que le tocaban la hembra. El pintón, del que hablamos, me soltó de una y ni se movió. Se miraron y ahí nomás, hinchado de rabia, Rosendo no va que le vuela el cuchillo pa’ darle justo al pecho. El Rosendo era un buen tipo, pero medio torpe pa’ la cosa de armas. El facón salió volando y derechito no va que se clava en la puerta de madera como a tres metros del punto. Ni lo rozó al hombre, gracia’ a Dio’. Como encaprichao, el Rosendo se dio la vuelta y se jue pa’el fondo entre silbidos y el chamulleo del grupete que estaba de músicos, borrachos y amigos del barrio”. Sin dejar de escribir, el oficial escuchaba a la Lujanera contar, “Y bueno…si pregunta cómo fue, le digo que ni no dimo’ la cuenta. Yo salí pa’ juera no má pa’ hablarle al Rosendo que caminaba pa’ cruzar el arroyo como pegando la vuelta a casa. Y no va que me sigue el alto, este hombre, el don Francisco Real y me acorrala en las sombras, bajo el ombú grande de la entrada al bar. Una, por complacer y hacerle buen trabajo a la Julia, le di al hombre lo qui andaba buscando qui es lo que buscan todo, la verdá. Estábamos entre cosa y cosa y no va que el Rosendo se viene por atrá y le grita que me dejara. Que juera a buscar hembra a otro corral. El pituco se plantó como caballo encabritado y ahí nomá le contestó bien engrupido, que él buscaba las hembras donde le venía en gana. Yo, en el medio de la cosa, como viniendo venir la pelea, me jui al lado del Rosendo y le dije que bajara los humos, que nadie me importaba má. Pero de un puñetazo me tiró al piso y se jué derecho a darle una paliza al lungo. Pero el tal Francisco andaba armado y enseguida sacó el cuchillo y le dio de una al Rosendo, pobre finado. No queriendo rendirse como buen macho, se mantuvo parado hasta que lo acomodamo’ sobre una mesa cuando lo entramo’ al bar. Ahí, el Rosendo quería que le vieran la cara, se murió diciendo que a su hembra no se la tocaba naides. Le cerramos los ojos, abiertos estaban, como que le hubiera entrao el mismo Diablo”.“Lo que usted me pregunta, no le sabría decir. Al lungo no lo vimos más. Que salimo’ a buscarlo y del tipo ni se supo. Dicen que se jue por donde vino. Y la verdá ni sabemo’ de dónde eira este hombre”.

 

La Lujanera terminó de declarar y se volvió despacio caminando a su casa pasando el arroyo. Abrió la puerta y allí estaba el tal Francisco Real tirado en la cama, pucho en la boca y una botella de caña a medio tomar.  “Quedáte acá. Ajuera está jodido. La policía te busca”, le dijo la Lujanera. “A la noche, que acá viene la oscuridá, de seguro que está má seguro para que no te ensarten”. Y entre tanto, me voy al entierro del finado Rosendo. Me lo jodiste lindo, che. Igual, que no era gran cosa pero se lo quería, que lo tiró”.


Copyright©Elena Gil. Septiembre, 2015

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