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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

(TIEL) Módulo I. Variaciones
Consigna 2, alfa.Consigna dos alfa: Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media).
Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:
-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos)

 

Variación 1


Problemas de visión

 
La mujer alta de pelo muy enrulado y voluminoso entra al salón de conferencias del Museo donde se va a dar la charla del dibujante francés. Elige un asiento libre de la primera fila (quedan pocos asientos libres). Creo que el joven que se sentó detrás de ella va a tener problemas para ver la Master Class.Parece que ya están discutiendo. Se nota que el chico le pidió que le cambiase el lugar pero la mujer con vincha de moño dorado que estaba detrás del muchacho comenzó a protestar porque tampoco ella podría ver bien con semejante cabellera frondosa adelante. En cualquier momento se levantan y empiezan a pelear.Bueno, ya prueban los micrófonos. Mejor guardo el cuaderno y continúo cuando salga de acá con el ejercicio del taller de escritura.

 

Variación 2 


Silencio

 
—Sí, ya entré. Casi no había lugar— (…)—Más o menos. Adelante hay una mujer altísima con rulos que habrá ido al baño ahora. — (…)—Sí, ya le dije pero no hay muchos asientos y no pensé que no podría ver bien acá.— (…)— No, má. No hay pantalla gigante.— (…)—Gracias, chau.— (…)—Señora, por favor, por las buenas ¿puede cambiarme el lugar? Si no vaya al fondo en donde no moleste a nadie. — (…)— Sí, sí, me callo, señora. Y se llaman rastas y no nido de caranchos ¡Señora, no! ¡Ay!

 

Variación 3

 
Voz en off

 
“Señores y señoras: les anunciamos que en cinco minutos nuestro invitado, el dibujante francés Benjamín L. dará comienzo a su Master Class. Les agradecemos su presencia en el Museo y les solicitamos que tengan a bien apagar sus celulares y mantenerse en sus asientos para que no se pierda la atención en la exposición del artista”“Señoras y señores, les reiteramos que por favor mantengan su lugar para no perjudicar a otros asistentes”“Señores, les rogamos que hagan silencio y se sienten. Nuestro invitado no puede empezar la clase”“¡Señores! ¡Guardias!”

 


Relato breve

 
Master Class

 
Ya casi empezaba la Master Class. Increíble la cantidad de gente que esperaba entrar. Por suerte encontré un asiento en la segunda fila detrás de una mujer altísima con el pelo lleno de rulos que me impedían ver bien. Qué bronca. La gente no piensa en el otro ¿Por qué con semejante altura y cantidad de rulos no se buscó un lugar atrás?Antes de que la voz en off repitiera que debíamos apagar celulares atendí a mi mamá y le corté rápido. Al menos no insistiría en llamarme para saber si había llegado bien. La mujer de rulos que quizás había ido al baño, volvió a su lugar. Le pedí amablemente que me cambiara el asiento. Lo hizo pero la mujer de vincha con moño dorado que estaba detrás de mí se enojó con la de rulos y conmigo. La ya mencionada mujer de rulos se fue a otro asiento pero un hombre con sombrero también protestó y entonces ella volvió a su asiento original mientras la voz en off insistía con lo del celular y con que debíamos quedarnos sentados. Pude escuchar una voz gruesa que resultó ser la del hombre con sombrero que discutía con una joven de rodete que protestaba porque no podía ver nada, obviamente.En el medio de tanto murmullo y desorden oí  que sonaba mi celular que pensé que había apagado. No entendí quién era porque en ese momento la mujer de rulos y la de vincha comenzaron a gritarse y a querer sacudirse sus melenas conmigo en el medio. Ya no entendía nada y menos entendía lo que decía la voz en off porque la mujer de moño dorado me gritaba en el oído de una forma descomunal. “Salí del medio vos también con ese nido de caranchos” me dijo. Rastas. Se llaman rastas ¿Pero qué iba a decirle? En ese momento unos guardias se llevaron a la mujer de rulos, a la de la vincha ya sin moño y a la del rodete desarmado de tanto ir y venir buscando con quien quejarse. El de sombrero invocó un apellido y pudo quedarse.Lo bueno de todo esto es que mientras todos gritaban yo me acerqué a Benjamín, el dibujante, quien miraba azorado este espectáculo pero que igualmente me firmó los libros.¿La clase? Maravillosa. Y yo feliz porque mis rastas atadas en forma de cono ya no le impedían ver a la señora de atrás.

 
Copyright©Silvana Buono. Marzo, 2015

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