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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo II. Espacios y travesías

Consigna 16

a. Ud es Emilio Renzi y le envía una carta a Bartolomé Marconi en la que critica la actitud que tuvo con respecto a las cartas de la mujer fea. Renzi, como buen intelectual enmarca su comentario en un tema más amplio: la relación vida/literatura.

b. Como en un juego de cajas chinas, incluir esta carta dentro de un relato que explique la necesidad de la publicación de la mencionada carta. (Extensión máxima tres carillas).  

 

(Sin Título)


Fragmentos del diario del célebre intelectual polaco, Tardewski, y de una carta adjuntada al mismo, encontrados entre sus papeles personales por su mucama, días después de su muerte. 

 
13 de Mayo

Finalmente le manifesté a Emilio lo que Marconi me había relatado casi como secreto de confesión. Era una historia increíble y no pude guardármela sólo para mí mismo. Sé que hice mal. Sé que traicioné su confianza. Pero fue algo más fuerte que yo. Y trajo repercusiones…

Después de darle varias vueltas al asunto, Renzi decidió que lo mejor era enfrentar a Marconi. Aparentemente, lo que yo le había relatado había despertado en él una indignación sin precedentes. Era clara la postura que Bartolomé demostraba y los principios que defendía respecto a lo que “él” creía  constituían un “estilo”, pero en el fondo, su actitud y sus palabras solo lo exponían, según el parecer de Renzi,  como un crítico despiadado carente de auténtico conocimiento de la ficción y de una absoluta ausencia de sensibilidad artística. No dudo que el enfrentamiento dará que hablar…  

 

 

Mi estimado Marconi:

 
Han llegado a mí, ciertos comentarios de nuestro común amigo Tardewski, referidos a una relación de tipo epistolar suscitada entre usted y una mujer cuya identidad, curiosa y extrañamente, se ha negado a revelar. 

Los detalles ofrecidos por nuestro colega, no escasos por cierto, ha desplegado ante mí, un lienzo en el cual plasma vuestra desafortunada e ingrata conducta con la dama en cuestión y cito aquellas frases que, dice Tardewski, fueron expresadas por usted, y a su vez, despertaron mi inquietud a la vez que motivaron la presente: …que sus cartas le parecían un esfuerzo insensato porque lo que ella escribía, esas parábolas estúpidas, no eran otra cosa que pésima literatura…, … que era una mujer increíblemente fea, de una fealdad fascinante, casi perversa… y que ella no había nacido para la literatura, que sus cartas eran, a pesar de su esfuerzo por olvidarse de sí misma al escribirlas, tan informes como su cuerpo… 

Cabe manifestarle el grado de estupor en el que todavía me encuentro y me atrevo a formularle una serie de preguntas que espero será satisfecha en algún momento en un  futuro cercano.

¿En qué supuestos sustenta, mi querido Marconi, el juicio de valor impuesto a la obra  de esta mujer? Basándome en vuestros gustos e inclinaciones, los cuales no me son ajenos por cierto, me atrevería a decir que usted puede dar como válido y aceptar de buen grado sólo aquella literatura que pareciera provenir de la vieja Europa; una literatura que pueda ser leída, aceptada e interpretada como erudita por un grupo refinado y sumamente limitado y excluyente. ¿Me equivoco acaso?

¿Por qué reaccionaría primeramente, de forma tan maravillada ante la maestría con que esta mujer, la autora de esas pequeñas grandes-ficciones, escribe, para luego defenestrar su obra al ponerse al día con los insignificantes detalles de su vida?

¿Por qué negar el prodigio que puede existir detrás de lo ordinario?

¿Por qué no atreverse a aceptar que los reveses de la vida, y la propia negación de la mísera realidad por la que un autor transcurre, pueda ser el germen de la genialidad, de la ficción más pura y de la obra maestra literaria más radical?  

¿Quién es usted que se atribuye la facultad de tildar de vacías aquellas palabras que parecieran poseer la  fuerza de delinear una nueva forma de literatura en la cual el autor decide expresar su visión del mundo, de la vida y de las cosas, creando una ficción que va más allá incluso del mismo autor, al decidir expresar los pensamientos más diversos?

¿Por qué no pensar que al igual que lo hace en la tela de sus manteles, esa mujer elige dejar su huella en el papel de una misiva, mostrándonos como fantasía y realidad se confunden mientras ella va trazando su vida a la vez que creando su obra? ¿Por qué imputar de inválido el producto de una fantasía y un talento que semejan ser superiores a  los de usted mismo?  

Déjeme citarle algo más que me viene a la mente en estos momentos: …“La crítica es la forma moderna de la autobiografía. Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es la inversa del Quijote? El crítico es aquel que encuentra su vida en el interior de los textos que lee”…¿No tiene miedo, Bartolomé, de quedar atascado infinitamente en el papel del crítico? ¿No tiene miedo, Marconi, de encontrarse con que la genialidad de otros, lo dejen preso del lugar en el que sólo le quede la opción de opinar de aquello que pretende conocer, pero en forma tan acotada? ¿No tiene miedo de ser recordado en el futuro solo como aquel que se atrevió a opinar de lo que no pudo alcanzar por su propia mano? ¿No tiene miedo, mi amigo, de haberse encontrado usted mismo en el reflejo de una mujer fea que escribe relatos vacíos carentes de virtuosismo?


Emilio Renzi  

 

 

26 de Junio

Aquella noche cuando llegué al Club, me encontré a un Marconi melancólico y borracho, disertando como loco frente a un público inexistente. Estaba sentado, solo, frente a una mesa repleta de vasos vacíos y hojas de papel borroneadas y ajadas.

Cuando le pregunté que le pasaba, alzó la vista, me miró y me alcanzó una de aquellas hojas; y mientras se limpiaba la boca con la manga del saco empezó a despotricar algo sobre la falta de ética y la envidia de los otros.

Al principio no entendí de qué se trataba, pero no bien leí el comienzo de la carta, entendí a lo que se refería. Me sorprendió que finalmente Renzi hubiese traicionado el secreto bajo el cual le había revelado los detalles de la historia de la mujer fea, pero no dije nada. Hasta último momento pensé que sólo alardeaba, pero era claro que yo estaba equivocado. 

Traté de componer la situación y le sugerí a Marconi que fuera a lavarse la cara. El cuarto se iba llenando lentamente de gente y muchos comenzaban a acercarse a nosotros. 

De pronto, y en medio de un pequeño grupo, Emilio Renzi hizo su aparición como era su costumbre, pasada la medianoche. Marconi se puso de pie, se acomodó los tiradores, y lentamente comenzó a avanzar hacia Renzi, al tiempo que lanzaba unas cuantas palabrotas. 

El gentío comenzó a rodearlos a ambos y mi visión de ellos desapareció en el mismo momento en que se iniciaba una pelea.

Decidí que no era problema mío. Di media vuelta y desaparecí del lugar por la puerta del costado. Cuando llegué a la esquina, me di cuenta de que todavía llevaba en la mano, la arrugada carta que había suscitado  la contienda.

 

 

Copyright©J. A.. Septiembre, 2015

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