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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo V. Oralidad y escritura

Consigna doce alfa Escribir un relato a partir delo que sugieran los siguientes fragmentos de “Él”, que se transcriben a continuación. Para desarrollar esta consigna, estructurar la historia desde la perspectiva narrativa de un niño discapacitado que le da nombre al texto de Katherine Anne Porter. Es necesario tener en cuenta la condición mental del narrador- protagonista y sus posibilidades de percibir la realidad y/o los seres que lo rodean, como así la capacidad de sentir. El lenguaje debe ser adecuado a las condiciones del personaje.

 


CUESTIÓN DE PASOS


Caminamos sin pensar demasiado en dónde estamos parados.

Todo estaba preparado. Una cerca alta de madera pintada para albergar la casa, el jardín y el huerto. Bajo los paraísos más cercanos un columpio de color rosa aguarda a la nueva dueña. Marta y Alberto poseían tanto amor para brindar, no imaginaron las dificultades que conlleva criar a una pequeña como ella. Puedes tener todo muy planificado, lo cual no augura tener resultados de la manera prevista.El sol brillaba en lo alto cuando Marilú conoció a sus papás adoptivos. Era septiembre, los campos sembrados de trigo daban color al paisaje.

Su cuarto poseía lo más apreciado por esta niña de catorce años, un escritorio con lápices y papeles de colores, juguetes, un ventanal con mucha luz y un espejo.

Marilú era conversadora, cariñosa, coqueta. Lo único desacertado en ella era detestar sus pies, le resultaban feos, sucios. De ninguna manera quería verlos debían estar cubiertos hasta en el momento del baño. Amaba peinarse, cepillaba su pelo frente al espejo todos los días después de bañarse.

Marilú hablaba con su amigo espejo todas las noches.
Mamá no sabe. Mamá no sabe. Marilú no quiere a esos. Mamá grita a Marilú "¡Maaa riiii luuu!". Son feos, tienen olor (saca la lengua). Paco y Mario dicen  "Marilú es linda pero sus pies ¡puaj!". No me gusta la noche. No quiero verlos. Quiero las medias. Mamá grita “NOOO”, “Marilú estate quieta”. Papá abraza fuerte, me dá caramelos. (Cepilla sus cabellos, mira su rostro en el espejo, sonríe. Busca hebillas en su bolsita). Esta es rosa, esta me gusta. No quiero esas medias, tienen rayas. Marilú no quiere. ¡Mamá, Mamá! ¡Vení! (Tira el cepillo mientras sigue gritando)
Todos los días antes de cena, Marta debe preparar el baño a la niña. La pequeña canta y disfruta lavar su cuerpo con jabones perfumados. Envuelve su cuerpo con la toalla mientras sus medias chorean agua. Sentada en la banqueta al costado de la bañera Marilú llora. Marta lava sus pies. La palangana de plástico tiene agua calentita, sales de colores y jabón rosa. Mientras frota sus pies, los seca, les pasa crema con perfume. Alberto entra, alza a Marilú aún envuelta en la toalla. La deja sobre la cama, cubre sus pies con unas medias antes de cerrar la puerta. Marilú se viste sola mientras se seca las lágrimas.Han pasado días, han pasado muchos días los que se convirtieron en años. Marilú es toda una señorita. Sus días de clases en la escuela especial han terminado. Marta aún lava sus pies. Las lágrimas se convirtieron en gritos e insultos, los cuales son reprendidos por Alberto mientras le coloca el par de medias.
Es mala, yo te dije espejo, es mala. Mis pies son feos, sucios. Mamá los lava, son sucios igual. No sabe. Son asquerosos. No entiende, es tonta. La doctora es tonta. Yo no los quiero. Son gordos, los dedos son todos gordos, Las uñas se ensucian de negro, ¡Puaj! Mamá es tonta (Marilú enojada sigue cepillando sus cabellos mientras mira de lejos sus medias rosas). Ésta es linda. Son lindas las sandalias. Son lindos pies. Los de Marilú no son así, (con la revista de moda en sus piernas muestra al espejo una modelo).
Era el cumpleaños veinticinco de Marilú. Marta había decorado la casa con globos de colores, con figuras de princesitas en las paredes. La torta era rosa con un  gran corazón rojo. Amigos, parientes, todos habían asistido. Era invierno, en los campos las fuertes heladas escarchaban las plantas. Marilú reía feliz, tantos regalos, tantos paquetes por abrir. Antes de apagar las velas cubrió su cara con las manos, pidió el anhelado deseo.

Las luces de la casa se iban apagando. En su habitación aún había paquetes por abrir. Frente al espejo los desenvolvía mientras hablaba de su fiesta. Pantuflas, dos pulóver, perfumes, bufandas se acumulaban en el borde de la cama. Sólo faltaba uno y apagaría la luz.

La puerta de la habitación se abrió, al igual que la del patio trasero. Saúl, el manto negro, ladró un par de veces moviendo su cola.

Cerca de la diez de la mañana, Marta fue a despertarla. En la cocina el café calentito, las tostadas, el dulce de higo casero aguadaban. La habitación era un revoltijo de cajas, papeles y moños. Marilú no estaba, su cama permanecía cerrada. Todos la buscaron. Joaquín con sus hijos irían hacia el sur para el lado del canal. Marta y Alberto hacia el norte para el monte de los Arregui.

Marilú estaba caída con su carita contra la tierra, sus manos frías, sus pies fríos, todo su cuerpo frío. A un costado de ella un par de sandalias rojas. Sus pulmones se debilitaron, dijo el doctor. Había que aguardar.

La cama está tendida, un pañuelo de colores cubre al espejo y en el cajón los pares de medias prolijamente doblados.

 

 

Copyright©Verónica Martinoli Vieyra. Septiembre, 2015

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