Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I. Variaciones 

Consigna uno Escribir dos nuevas variaciones para agregar a las que fueron transcriptas en el inicio de este módulo, respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos. Extensión máxima de cada variación: media carilla.

 

 

Variación 1


Hola, Pablo. ¿Me escuchás? Me costó mucho comunicarme. Desde algún lugar de tu agenda, en el que no me sabés encontrar, quería decirte que me siento de a ratos un fantasma, como vos decís. Te esperé un poco más de una hora en el bar. Vi entrar y salir a muchas personas. Reparando, sin excepción, en todas.  A punto de generar situaciones incómodas en varias ocasiones. Fiel a la ilusión de conocernos respeté las señas acordadas: me vestí con el atractivo  vestido de flores y me dejé  llevar por mis zapatos rojos. Sé que convoco así la atención en general, pero  por lo visto, no logro llamar la tuya. Debo figurar seguramente atesorada  en el interior de tu agenda, o en ese  famoso libro de tapas amarillas, pero sin tiempo y sin edad. Porque mis ojos revolotearon como pájaros locos por las mesas buscando los tuyos y no los encontraron. Y es verdad: presiento que alguien me  sigue. Un tipo que estaba en una mesa cercana, con un diario que no leía y un café que no tomaba,  parecía invadirme con la mirada.  Quizás,  al envolver mi rizo en el dedo índice de mi mano imaginó que lo seducía…, no lo sé. Lo soporté y te seguí aguardando. Hasta que vino el del  traje gris y en verdad le di un sí,  no sin  temor. Aunque ante los  ojos de extraños sugiriera  todo lo contrario. En ciertas ocasiones a las mujeres no nos cuesta fingir. Me fui con él.  Seguramente ya te habrán contado. Pero no juntos. Yo arrastraba mi sombra de mal grado y él me siguió apenas distante, a unos pasos, como una sombra no más. Con falso pudor. Subimos al colectivo y nos fuimos.  Es todo. Quizá, el anular el  tiempo y la distancia hace que nos vayamos quedando solos: vos con tu libro y yo… con un sí.

 


Variación 2         

 
El verla calzarse sus zapatos rojos me apremió a seguirla. Sin que ella lo notara. Supuse que algo fuera de lo normal ocurriría. Fueron tres cuadras, no más. Hasta que entró en un bar. Yo me planté en la puerta,  sin animarme a entrar.          

Sus treinta años balanceándose en  sus caderas invitaban a la seducción.  Por acomodarse el vestido de flores, no se percató al pasar de la  presencia de aquel  hombre de rostro anguloso, encuadrado en la opacidad de la  ventana que daba hacia Corrientes  y a quien ambos conocíamos. Con uno de sus codos sobre un diario, sosteniendo  sus pensamientos sobre el dorso de la mano. Solitario, pasivo. Reflexivo y preocupado como el pensador de Rodin. Con un café frente a sí. Sus ojos grises lucían neblinosos como el día. Los noté  diferentes a aquéllos a los que me tenía acostumbrado. Al  verla, aquel hombre  hizo una mueca de evidente  desagrado, dirigiéndose  hacia mí. Ella se sentó a sus espaldas, muy cerca.          

Minutos más tarde, llegó un hombre de traje gris, que al notar mi presencia se molestó.  Al entrar,   resueltamente se dirigió hacia donde ella estaba y  se sentó enfrente. En el espejo de la pared pude ver sus sonrisas correspondidas. Se besaron. Luego, entretejieron los dedos de sus manos.  A poco de comenzar a hablar, ella le concedió a aquel hombre de traje un  evidente “sí”  gestual, sin palabras.  Luego se retiraron.          

En el trayecto de mi mirada se cruzó una mujer mayor, de rostro muy dulce. Con una seña,  me invitó a su mundo. Me llamó. Comenzó a dibujar despaciosamente una sonrisa,  que yo  correspondí. Parado en mis dos patas traseras,  y cerrando mis ojos, me pareció sentir, como nunca antes, una caricia atemporal deslizarse por mi lomo… Al mover  mi cola,  supo  que me agradaba y que yo también  necesitaba una compañía fiel.  Cuando nos íbamos,  vi salir presuroso del bar a aquel hombre a quien yo conocía, agitando el diario en su mano, en busca de un taxi. Tratando de seguirla. Supongo. Por última vez, aunque en vano,  le ladré.

 

 

Copyright©mar. Septiembre, 2015

Todos los derechos reservados