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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VI. Focalización

Consigna catorce Reescribir el cuento “Las hamacas voladoras” a partir de la expresión “sexto punto”, cambiando el punto de vista. El narrador debe estar en tercera persona y el focalizador puede ser el viejo o alguno de los personajes que están en las hamacas: la chica rubia, el hombre gordo, la vieja del sombrero. (Extensión máxima: 2 carillas).

 


LAS HAMACAS VOLADORAS


Cerró los ojos por un instante e imaginó estar tras las rejas por culpa del muchacho.

Lo recogió de la calle, le enseñó todo lo que sabía sobre las hamacas voladoras y ahora se lo pagaba de este modo, llevando la palanca al tope de la velocidad. Justo ese día el juego estaba completo en su capacidad y hasta había gente esperando para subir, haciendo cola como nunca solía ocurrir.

Dejó la boletería, furioso, nervioso, desesperado, se dirigió con prisa hasta donde se encontraba el joven manejando de forma desquiciada la máquina.

Vio en su rostro odio y rencor, sus ojos estaban inyectados en sangre, su boca tenía una sonrisa macabra y su actitud… provocadora, perversa. Poseído, lo creyó.

Al mirar hacia arriba solo veía una rueda gris, no distinguía caras, siluetas, ni formas, solo se oían gritos al unísono que rompían la calma de esa tarde tan soleada.

Con los ojos llenos de lágrimas le suplicó bajar la velocidad de a poco, hasta llegar al punto cero, pero la maquinaria ya crujía y las cadenas azotaban el aire, como él lo hacía muchas veces con su cinto sobre el cuerpo del muchacho.

Pensó que quizás tantos golpes le afectaron la cabeza, muy en su interior sabía que era cierto y sintió culpa, pidiendo en voz baja perdón y redención.Lo hecho, hecho está, lo único que quedaba por hacer era hablarle, convencerlo de que se alejara de allí, que juntos podrían empezar de nuevo en otro parque de diversiones, con mejores y más modernos juegos.

La multitud se agolpaba morbosamente esperando el desenlace.

Nada ni nadie parecía conmover al enajenado conductor. Cuando reparó que la palanca llegó al punto nueve, supo que ya no había vuelta atrás y maldijo haberle dado la oportunidad aquel día.

Comenzó a gritar pidiendo ayuda, buscaba entre la muchedumbre algún héroe que salvara a toda esa gente de aquel desastre. Pero su corazón empezó a latir rápidamente, la respiración se aceleraba segundo a segundo, hasta que se le nubló la vista y desplomándose en el suelo perdió el conocimiento.

Al despertar estaba rodeado de policías y paramédicos que corrían de un lado para el otro con camillas cargadas de heridos.Sangre, dolor y muerte lo envolvía, solo atinó a levantarse para ver dónde estaba el muchacho.

Esposado lo subían a un patrullero, parecía un animal salvaje, se sacudía, pegaba patadas y mostraba los dientes entre la espuma que largaba su boca.La noche caía sobre el parque, sintió como lo invadía la oscuridad, atrapando a su mente y a su alma.

Ya pasaron varios años del incidente y continúa despertándose en medio de la noche, siempre con la misma pesadilla de la palanca llegando al punto diez.

Intenta volver a dormir en su cuarto de paredes blancas acolchonadas y sin ventanas, acomodándose el chaleco que alguien le puso al revés, seguramente por error.

 

Copyright©Stella DiMare. Junio, 2015

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