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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo II. Relatos del yo: ficción, realidad y cajas chinas

Consigna quince alfa Siguiendo el modelo de los textos anteriormente citados, o inventando uno propio, elaborar un diario íntimo fragmentario donde se reescriba en primera persona la historia contenida en alguna crónica periodística, la que se pueda desprender de algún aviso clasificado, o de alguna anécdota personal.

 


RESABIOS DEL 19/20 DE DICIEMBRE DE 2001


Me encanta visitar librerías que venden libros usados. Me despierta esa impresión indescriptible de tener un libro que ha pasado por otras manos, que ha despertado sentimientos o generado sensaciones, expectativas, que se ha manifestado en los labios de quien lo leyó y no pudo contener necesidad de convertir las palabras en sonidos. En especial me gusta la librería de Don Justo, el compra lotes de libros en remates y es allí donde se encuentran tesoros, pues la mayoría de estos parecen contener material literalmente arrebatado de bibliotecas privadas, libros, revistas, manuales de electrodomésticos, agendas, recortes de diarios, todo tipo de papel impreso o manuscrito.

Fue en ocasión de una visita a su librería, como un arqueólogo literario, rebuscando, hallé una libreta vieja con lomo de resorte, sus tapas cubiertas de calcos y una bandita elástica sosteniendo sus tapas para que no se abran, pero lo que me llamó la atención fue un puñado de hojas de papel de diario, que sobresalían dobladas prolijamente. Me quedé con esta misteriosa libreta, incluso no la abrí hasta pasados unos días como presintiendo el dolor que me causaría su lectura. Efectivamente las hojas correspondían a una nota periodística donde un matutino resumía los pareceres de familiares de víctimas de la violencia en diciembre de 2001, allí remarcadas en resaltador color rosa, se podían leer algunas frases como “Mi nombre es Raquel Arrieta, mamá de Damián Ramirez”, “Un chico de buen corazón, muy bien educado, muy bien criado, muy bien enseñado, estaba en 8º año, jugaba en la escuelita de River en Don Bosco”, “Cuando mi esposo se iba a trabajar a la panadería, él lo acompañaba; con 14 años Damián sabía el oficio de panadero”, “Damián estaba paradito en una vereda, enfrente a donde estaban los imputados, en diagonal, y los asesinos tiraban en diagonal al amontonamiento de gente y una de esas balas le pega a Damián, que le entra por debajo de la orejita derecha y le sale por debajo de la orejita izquierda. Damián siempre estuvo parado en el medio de la vereda”. La libreta se correspondía con un texto a modo de diario, escrito por una mujer joven y estas páginas arrancadas de un matutino capitalino estaban justo al final de la escritura a pesar de que quedaban muchas hojas en blanco. Transcribo solo los cuatro últimos días plasmados en este diario, en estas líneas, como una exhalación, se vive intensamente el amor y el dolor, de manera tan increíble que ni el mismo Shakespiare pudiera haberla imaginado.

 


Lunes 17 de diciembre: Hoy en la escuela me pasó algo increíble, ese pibe Damián Ramírez, el del otro 8°, nunca me dio bola, la comunicación entre nosotros siempre fue nula, el con su grupo de pibes y yo “en la mía”, incluso creo que nunca le había prestado atención. Hoy me sorprendió, de repente  él comenzó a molestarme, pero de tal manera que me hizo enojar, su modo de acercarse me pareció tonto, muy infantil, me daba vergüenza que me molestara porque lo hacía delante de sus amigos y de mis amigas. Se la pasó todo el día diciéndome cosas, no logré descifrar lo que quiere o lo que siente realmente. Es tonto y feo, no le pienso dar ni cinco de bola mañana. ¿Qué se cree? ¿Qué busca el pavote? Karina dice que es lindo. Yo no le veo nada de lindo. Desde hace años que cada vez que se me acerca lo rechazo con la mirada y él sale con el rabo entre las piernas. ¿Qué se cree, que me va a dar bola cuando el quiere? No, querida, no voy a permitir que me tome por cualquiera. ¿Cree tal vez, que soy un juguete? Soy una señorita. No una cualquiera.

 

 

Martes 18 de diciembre: Qué desgracia. No pude dormir en toda la noche. Cierro los ojos y se me aparece su imagen. ¡Luisa! ¿Qué te pasa? ¿Te embrujaron? Ja, ja. Es feo y tiene amigos feos, no tiene nada que te pueda interesar, deja de pensar en él. Mejor no voy hoy a la escuela, así evito verlo. Faltan dos horas y ya quiero salir corriendo a la escuela pero, qué sentido tiene si el no va a estar allí. Me muero de desesperación, me agobia la ansiedad. Qué locura. No podía esperar a llegar a casa para escribir. Nunca pensé que me podría pasar esto. Llegué temprano y me quedé esperando en el patio, quería verlo antes que llegaran mis amigas. Lo vi entrar, parecía en cámara lenta, me miro con esos enormes ojos enmarcados por unas pestañas que le llegan a las cejas, me derretía, me moría de amor. ¿Qué me hizo este pibe? Caminó lentamente hacia mí, parecía determinado, llegó y se detuvo frente a mí. No hablaba, no se movía, solo me miraba. ¿Qué quiere? Qué me muera de ansiedad. ¡Hablá! Decime algo, no te quedes mudo, como de piedra. ¡Hola! Estoy acá. Las piernas me temblaban, ya estaba por empezar a correr lejos de allí y me susurró “Qué lindos ojos tenés”. ¡Me desmayo! No quiero parecer ridícula, pero solo me salió “gracias”. La veo llegar a Karina y me siento aliviada pensando que me va a salvar, pero la muy tonta me hace señas de pulgar arriba y se va. El descarado sigue parado delante de mí, me mira y parece que me embrujó, porque las piernas no me responden, tengo la voluntad de escaparme, pero no puedo, estoy petrificada. Se acerca más, pone su boca junto a mi oído y me dice muy suave “Me gustaría besarte”. Qué caradura, ahora si no lo puedo creer, las palabras me salen como en una catarata, “Ni sabes cómo me llamo y querés besarme”, “Caradura, tomatelás y no vuelvas a hablarme hasta que aprendas modales”. No pude prestar atención a ninguna clase en todo el resto del día. Tuve ganas de llorar y también ganas de correr y besarlo. Basta, debo dejar de pensar en él.

 

 

Miércoles 19 de diciembre: Llegué a la escuela y no quería estar sola en ningún momento, por eso le pedía a Karina que viniera temprano, que no me dejara sola. Nos quedamos paradas en el patio, me sentía segura a su lado, el caradura no se va a animar si estoy con ella. Cuando entro a la escuela, se vino directo a mí, el muy descarado no tuvo reparos en acercarse, a pesar de que Karina estaba conmigo y me pregunta “¿Luisa, te puedo saludar con un beso?”. Pero, de dònde averiguó mi nombre, su caradurés no tiene límite, lo quise mandar a pasear pero mi boca pronunció “sí, me encantaría”. Dios mío, la cara de Karina me lo ha dicho todo, no daba crédito de mis palabras, mi corazón estaba desbocado, mis labios se llenaron de sangre, sentía el calor subir por mis mejillas. El posó sus labios sobre los míos, el contacto fue breve, pero el impacto resultó devastador, perdí todo rumbo, ya no pude ver y oír otra cosa que no fuera su nombre o el sonido del beso retumbando hasta el infinito. A pesar de mis intentos de acercarme, no tuve oportunidad, pero no quiero que solo sea esto, quiero otros besos, quiero muchos besos, quiero mil besos, no quiero ir a mi casa, quiero ir a sus brazos. Nunca pensé que en este humilde barrio de La Matanza viviera un príncipe. Mi príncipe. Sé que hoy no voy a poder dormir.

 

 

Jueves 20 de diciembre: Dolor. Mi corazón se ha hecho añicos. Mi mamá ayer por la tarde entró de la calle corriendo y gritando que habían matado al hijo de doña Raquel Arrieta, la mujer del panadero. Al principio no lo relacioné con nadie que yo conociera, sin embargo cuando ella comenzó a describirlo y apuntándome con su dedo índice dijo “El que va a la escuela con Luisa” sentí que de ese dedo salía una bala y me atravesaba el corazón. La muerte me alcanzó en medio de la sala de mi casa, frente a mis padres y mis hermanos, sentí la muerte penetrar en mi cuerpo, sentí que la vida se me escapaba en cada exhalación. La muerte me sorprende, me aleja de tus caricias, nunca gozadas, me quita tus besos, apenas manifestados, me niega el ver tus ojos, recién descubiertos. Mi madre no entiende qué me pasa, no llega a comprender la razón de mi tristeza y yo no entiendo y no encuentro respuestas. ¿Qué hicimos para merecer este castigo?  ¿Qué tenemos que ver nosotros con la política y la economía? ¿Por qué tenemos que ser víctimas de estos acontecimientos tan funestos?  Tenía apenas catorce años y la curiosidad adolescente lo impulsó a husmear y ver qué pasaba en la esquina de su casa. No tuve tiempo de conocerlo, apenas me queda el recuerdo de las pocas palabras que me susurro, mi soledad es infinita y mi tristeza sin fin. Aun no sé cómo seguir adelante, no es solo lo terrible de perder a una persona que era cercana a mi corazón, es la indignación de saber que no valemos nada, que cada vez que salimos a la calle no tenemos la certeza de volver. Debí haberlo conocido antes, debí prestarle más atención incluso debí haberle pedido que no me abandonara esa tarde y tal vez aún estaría vivo. Estas últimas líneas son tan tristes para mi, que aquí cerraré estas páginas, para no volver a abrirlas nunca más, este diario que me ha acompañado por tanto tiempo, será el único testigo de este amor profundo y sincero, testigo de este recuerdo de ti, joven y sonriente, de este dolor que me deja desamparada.



Copyright©Jorge Fraga. Agosto, 2015

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