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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo III. Crímenes y castigos: pervertir el género

Consigna siete beta  Escribir tres relatos a partir de los casos narrados por Enrique Sdrech en la entrevista inicial: 
1- el de la mujer atropellada por un tren luego de ser saltada en un yuyal, 

2- el de los amantes baleados en Quilmes, 

3-  el del hombre hallado muerto entre los hierros retorcidos de un auto.

 


EL TREN DE LAS 22


Suena el teléfono. Raúl Maranet mira su reloj, 22,30 horas. Manuela Perrena, policía científica, está del otro lado de la línea: “Es urgente”. El tren carguero de los jueves ha arrollado a una persona.

El silbato del tren comienza a sonar mucho antes de llegar al pueblo. Su marcha es lenta. La máquina lleva consigo treinta vagones cargados. Esa noche se detendrá en forma inesperada.

La sirena de los bomberos retumba en las cuatro direcciones. Los habitantes se sobresaltan con la certeza que algo fatal ha sucedido. La policía ha cercado el lugar. Nadie traspasa la cinta amarilla. El tiempo transcurría en silencio. Pocas voces, sólo las indispensables con las órdenes justas. Todos conocían a la victima.Raúl y Manuela dialogan antes de iniciar el trabajo. Caminan a paso lento examinando los hechos. Las escasa manchas hemáticas demuestran lo inesperado, no fue suicidio. Comienza el rastrillaje por parte de los efectivos policiales. A pocos metros, entre los eucaliptus y los pastos altos, encuentran lo buscado. Un cuchillo pequeño muy afilado, totalmente ensangrentado. A escasos dos metros una gran mancha de sangre.

Cerca de la medianoche Maranet habla con el juez de turno. La caratula debe cambiarse de “accidente en las vías férreas con saldo mortal” a “asalto a mano armada con arma blanca”.

La investigación prosigue. El análisis forense exhaustivo logra extraer ADN debajo de las uñas de la víctima. Los dos agresores son condenados. Al concluir las tareas en el taller, Sonia regresa a su casa. Transita por un sendero de cemento iluminado con farolas de luz amarilla. Deberá atravesar el monte de eucaliptus, las vías y el puente de madera, para llegar a la calle pavimentada. Antes de llegar al puente, una mano le toma el brazo. Siente como tiran de la cartera. Ella forcejea. Alguien patea sus tobillos.

Al elevar la cara reconoce a sus agresores. Grita. Grita sus nombres.Frío como el hielo siente que le lastiman el vientre. Cae al suelo. El dolor es insoportable. Se quita el cuchillo y tapa con su mano la herida. Tiene que volver pero las piernas no le responden. Tiene que pedir ayuda. Tiembla, llora. Se arrastra hasta perder el conocimiento. Desde esa noche, el tren de las 22 no pasa más.

 


Copyright©Verónica Martinoli Vieyra. Julio, 2015

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