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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I. Variaciones

Consigna dos alfa Inventar una nueva anécdota nimia y realizar tres variaciones. Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve.

 

Variación l  


El Extranjero


Antes de salir de su casa Amelia controlaba que las luces  estuviesen apagadas, el gas cerrado y que el ambiente oliera rico, secretamente albergaba la ilusión de volver con algún invitado. Ese día tocaba una de sus bandas predilectas. Sonaba Jazz en Clásica y Moderna, había decidido ir sola a deleitar un vino blanco, la idea de salir sola nunca le había parecido un buen plan, pero ese día se lo permitió, los astros estaban alineados.

Cuando llegó la puerta del lugar presintió que era una noche especial.  Un grupo de personas reían a carcajadas y se culpó por no haber invitado a una de sus amigas, por lo menos para comentar algunos de los discos que estaban en exposición. Alguien la mira de lejos como saludándola, ella ensimismada en su pensamiento no percibía la belleza de aquel hombre que se acercaba rompiendo la ronda de la cual formaba parte, le pide fuego en acento extranjero. Compartieron un cigarrillo y sin darse cuenta también reían, él le preguntaba acerca de lugares donde se pudiera escuchar tango o alguna orquesta en vivo, su estadía en Buenos Aires no sería muy larga. Franz, así se llamaba, no conocía la ciudad y estaba dispuesto a compartir y si fuera necesario, no dormir ni una sola noche.  El hotel donde paraba estaba cerca de su casa, lo único que tenían claro era que esa noche volvían juntos al barrio.

 

 

Variación 2

 

Karma


Antes de empezar el relato es necesario aclarar que Soledad es un nombre que le pusieron sus padres por casualidad, aunque dicen que la casualidad no existe. Y ella decidió no pasar ni un solo día sola, desde niña tenía muchos amigos, era la simpatía caminando, su físico quizá no era el más agraciado, pero ella podía trascender esos límites. Desde muy chica supo que su nombre no sería un karma. Esa tarde le costaba salir de su casa para ir al chino a comprar yerba y unas galletas, pero se calzó sus zapatillas azules y su sobretodo anaranjado y casi en un solo paso hizo media cuadra.

Sabía que su vestuario no ayudaba a la trasnochada del día anterior, fue cuando tropezó que entendió, se había llevado por delante a un chico que iba escuchando música. Se reconocieron, hacía años no se veían, él le recordó aquel encuentro, donde ella no solo había sido descortés, sino que nunca más lo había querido ver. Se rieron, ella más incómoda que él. Paso una vecina solterona, de esas que venden productos de Avon y la saludó con gesto cómplice y envidioso al mismo tiempo, siguió sorprendida por el encuentro mientras él tejía artilugios para concretar una cita. Ella improvisó una seguidilla de excusas para no volver a verlo, ni ese fin de semana, ni nunca. Por suerte, llego al chino sacándose de encima a un pesado.  La esperaban en casa sus dos gatitos y ese mate uruguayo que tanto placer le producía llenar con diferentes hierbas. Ya eran las 6 y empezaba su serie favorita.

 

 

Variación 3

 

Terapia


Juan era psicólogo.  Cada tarde atendía pacientes en un Instituto de psiquiatría y por las noches hacía acompañamiento terapéutico. Llevaba 3 años con su novia quien trabajaba todo el día en una agencia de publicidad. Casi no se veían. Eran la pareja más feliz que habían conocido en sus vidas,  familia, amigos y conocidos de su entorno los querían porque eran muy solidarios y generosos. Los  encuentros en su casa  siempre eran agradables. 
Pero Juan hacía tiempo que tenía una preocupación, sentía que la vida estaba perdiendo sentido.  Una tarde llegó a la clínica y su jefe lo llamó al despacho, la  paciente a quien  debía acompañar tenía 22 años, medicada por trastornos graves de personalidad, abandonada recientemente por su novio quien no soportaba su depresión y los reiterados ataques de llanto. Bajo protocolo, Juan solo podía llevarla a tomar un café, dos horas y volver para que le haga el relevamiento un nuevo acompañante. Ese día algo cambio, se había sentido raro. Los relatos de su paciente lo sensibilizaron, se sintió vulnerable. Volvió a su casa pensando que debía hacer un viaje,  tal vez solo, algo en él no estaba bien. Clara, su novia, lo entendería,  ya alguna vez lo habían charlado, Mientras cenara se lo iba a informar.  Unas cuadras antes de llegar a su casa, la ve a Clara bajándose de un auto último modelo. Su jefe manejaba. Ella lo despidió muy cariñosamente con un beso en la boca.

 


Relato breve
Material elegido: Variaciones 2

 

Karma


Soledad había teñido muchos novios en su vida. El primero se llamaba Gastón, rubio, ojos celestes, alto. Era seductor, siempre lo recordó como el novio que se parecía a Leonardo Di Caprio,  aunque más bien un chico de barrio. Eso no la dejaba dormir, ella se veía en un castillo como la princesa y Gastón no cumplía los requisitos de príncipe. De todas formas, había sido él, quien la besó por primera vez. 
Soledad ya había empezado a fantasear con la idea de hacer ¨el amor¨, su imaginación llegaba a lugares insospechados por su familia y sus amigas, quienes todavía jugaban con muñecas, 13 años era una edad un poco prematura, una adelantada en este aspecto. Incluso desde niña ya había teñido algunos encuentros a escondidas con sus primos, era parte del juego.  Fue ahí quue decidió casarse con su primer novio, tener hijos, formar la pareja para toda la vida. Ella se lo creía,  él también. Finalmente  la relación duró un año y medio, no se sostuvo. 
Gastón sufrió. Soledad voló.  
Ese hecho, marcó sus futuras historias de pareja. Fue recorriendo cuantos nidos pudo, picoteando como una mariposa cada polen con su curiosidad e hiperactividad a flor de piel, bailaba, cantaba, viajaba, era una líder generacional para sus pares. Su energía era desbordante. Así vivió, estudió y terminó conviviendo con Brad Pitt. Ahora sí, el amor para toda la vida. Bueno, su último novio, que le gusta también recordar así, como un actor de cine, no solo por bello, sino por lo ilusorio de la relación, convivieron siete años,  casa, perro y auto. Cuando cortaron ella se dio cuenta, no solo que no lo conocía a él sino que además no se conocía sí misma.
Esta vez sufrió y  a él,  lo voló. 
Empezó Yoga. Tai chi. Astrología. Bombo leguero. Danza butoh. Viajó. Las relaciones íntimas la perturbaban bastante. Así, pasaron sus años,  con relaciones esporádicas, algunas largas, otras cortas,   pero  siempre con amor. 
Esa era la palabra opuesta a su nombre ¨Amor¨Ella buscaba el amor en los grafitis de las calles, en las peliculas que miraba, en el sexo,  en los perros callejeros, en los ancianos, en las personas que sufren, en sus amigos, en el portero, en la luna creciente,  en el pan tostado, en la miel, en una estampita que le dejaron en el tren, en el polvo que se levanta antes de la lluvia, en las enfermeras,  la china del súper, en el subte, en el curso de milagros, en el cura, en la negra afro, en la ayahuasca, en el vino, en el agua, en las miradas. Eso sentía profundamente cada vez que volvía a su casa sola, amor, Soledad sentía amor con todo y pintaba.
Hace un par de semanas atrás, fue a un bar con unos amigos, la invitó a bailar un chico  y ella salió, él la engañó. no bailaba, no sabía, estaba aprendiendo,  casi no tenía ritmo, pero sí cadencia, a ella le divirtió la idea y se subía  a una nueva peli, un poco se parecía a Ethan Howke pero más pelado.  
Así, buscando el amor en cada conversación, conoció a Ato, a ella le gustó como sonaba su nombre y se enamoró de esa sonoridad instantáneamente, algo en él era loco, no todo él, solo una parte, no bailaba, su nombre era falso pero hacía grullas en papel origami, le construyó una en el mismo momento que ella lo invitó con una cerveza, él también respiraba amor
Y ambos volaron

 sobre castillos de papel, 

pero a ella,

principalmente,

se le volaron los libretos.



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