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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VI. Focalización

Consigna catorce Reescribir el cuento “Las hamacas voladoras” a partir de la expresión “sexto punto”, cambiando el punto de vista. El narrador debe estar en tercera persona y el focalizador puede ser el viejo o alguno de los personajes que está en las hamacas: la chica rubia, el hombre gordo, la vieja del sombrero. (extensión máx. 2 carillas).

 


Y un ruido fuerte esta vez. Lejana queja de los engranajes agotados. Las hamacas no dejaban de girar y Alicia sentía que tocaba el cielo con las manos. Su cabello rubio ondulado flotaba en el aire  al ritmo giratorio de su cuerpo. Había aumentado la velocidad y sin dudar, se tomó fuerte del borde de la hamaca. Tanta su alegría. Sí. Extendió sus brazos como tocando las nubes.

Nuevo golpe. Se asustó. La fuerza que la hacía volar no dejaba que tocara siquiera el cinturón de cuero que la sujetaba a la silla. La señora que viajaba en la hamaca de adelante comenzó a gritar. “No tenga miedo”, Alicia la consolaba. “Esta señora mayor no sabe disfrutar” pensó “¡Esto es la felicidad!”. Pero gira y gira cada vez más fuerte. Abajo, sólo una masa circular en la que se repiten las imágenes una tras otra.Y de pronto, de un nuevo cruje, más fuerte. Las hamacas no paran y todos las voces se unen en un solo grito. Fue entonces cuando la vio. Una masa oscura sale volando atrapada a la hamaca. Cae en picada al piso del parque y ya no puede verla. Entonces todo terminó. Lentamente las hamacas dejaron de girar. Se oían sirenas de bomberos. Se acerca un señor. “No te asustes nena”, dice, “Ya está. Mirá, mirá, allá está tu abuela” y la abraza con una manta. Todo es confusión. Lo ve al viejo de la boletería sentado con los bomberos llorando y el chico junto a la máquina, allí donde se veía siempre la palanca. Cerca, muy cerca. Su cuerpo yacía en el piso rodeado de sangre. Le recuerda a una película de cine pero no es de mentira. Está allí. No se mueve. Sus ojos abiertos sin vida miran hacia el cielo. Más lejos, muy lejos. “Fue la palanca”, escuchó. Un bombero decía “se salió del eje y se le clavó como una lanza en el pecho.” Alicia caminaba despacio mientras su abuela la abrazaba sin consuelo. No pudo evitar mirar el cuerpo de la señora aún atado a la hamaca. La taparon con una manta blanca. Nunca más el viejo o el chico vieron volar las hamacas. El parque se llenó de plantas, bancos de plaza y flores. Alicia cruzaba rumbo al trabajo. Lejos, la música de una calesita que suena. Ya la vio girar una vez cuando se acercó. No subió. El mismo viejo en la boletaría sonreía, una chica rubia de pelo ondulado compraba un boleto, una señor mayor se subía con su nieto a un lindo caballo alado blanco, un gordo se acomodaba el pantalón listo para girar tomado de un caño rojo y verde. En un puerta entre abierta, pudo ver la palanca. Suena una campana y empieza la música. Primer punto y vuelta a girar.

 

 

Copyright©Elena Gil. Junio, 2015 

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