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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VI. Focalización

Consigna trece beta Escribir un relato en primera persona con un narrador deficiente. Las razones por las que el narrador no acaba de comprender los hechos pueden ser diversas. Es posible elegir alguno de los narradores caracterizados abajo o alguna otra variante no consagrada por la tradición. (máximo dos carillas).
Por ejemplo:

-El narrador tiene alguna falencia o minusvalía: es tonto, loco, carece de algún sentido (es ciego, sordo, etc).

-Es un iletrado, un niño, o pertenece a un mundo cultural muy distinto de aquel al que pertenece lo narrado.

-El que narra es un testigo que sólo puede referir lo que le han dicho o lo que ha visto-La falta de comprensión de los hechos narrados se debe al punto de mira u observación del focalizador y a los obstáculos con que se enfrenta en su visión. Ejemplo: mira por un agujero en la pared.

 

 

Está cerca de mí. Su perfume me abrazó hace instantes y su beso en la frente fue una dulce caricia. El silencio se hace cómplice como en sus frecuentes visitas. Ahora me leerá nuestro cuento favorito de Silvina Ocampo y las noticias del día de mi periódico habitual. De nuevo el silencio profundo donde todos mis sentidos se agudizan y más tarde, el tintineo de sus agujas de tejer. Mientras, un suave murmullo de una canción que canturrea. Me arrulla. Me aleja de todo tiempo y me dejo flotar entre el perfume y la música.

Bailamos. Entre paso y paso, la risa suave que acompaña. Los chicos miran televisión en su cuarto. Ya pronto será la hora de cenar. Me preparo un aperitivo con limón que disfruto hasta el último trago y fumo la pipa del día. Suspiros que llevan aroma a madera y vainilla. Miro al cielo estrellado desde el ventanal. Regreso. Suena el teléfono. “Yo atiendo, Julia”, grité. Es otra vez mi madre que ha salido sin llaves y está esperando afuera. “Ya voy, mamá”, le digo. ”Son pocas cuadras” pienso. Vuelvo enseguida.De prisa sin pausa. La noche fría me recuerda que salí casi sin abrigo. Es cerca, dos cuadras. Camino rápido. La esquina, sí. Está oscuro. Crucé corriendo.Pues entonces caí. Recuerdo bien cuando dejé de estar y volví a ser. Un giro equivocado de un auto en esa esquina oscura. La noche y más noche hasta la luz de hoy. “Qué luz Miguel”, acaso me pregunto. “Si es que no ve, no escucha, no se mueve”, dicen los que saben. Pues, ¿qué saben los que saben pues yo escucho y siento, río y lloro? La puerta se abrió. Vuelvo a estar. Julia, ¿otra vez aquí? –dice Osvaldo, el médico. Ya sé doctor, sólo un rato, me voy, sé que duerme –Julia se apresura a responder. “Es que sólo duerme Julia…”La puerta se cerró otra vez. Julia me besó en la frente y me dijo al oído, “sé que estás, pues aquí estoy. Estamos juntos”. Julia ha estado conmigo siempre. Cada día y desde ese día, cada hora y cada minuto hasta ahora, este instante, ha estado aquí.Un día dijo “Miguel” –hoy te traje unas rosas. “Las amarillas que te gustan. Las que crecen en el fondo junto al limonero. Este año están divinas. Me parece que te alegran el cuarto”.Otro día compartió, “Le festejamos el cumpleaños a Pedro. Vinieron todos sus amigos del Colegio. ¡Eran 30 Miguel! Me ayudó tu madre que tanta mano tiene con la cocina. Si hubieras visto la torta. Te traje un poco, la comeré contigo junto con este café que compré en la máquina del pasillo”. Y dijo luego,  “te traje un dibujo que te hizo Juanita. Te ha escrito, Para papi. Lo extraño y espero que vuelva a casa pronto.”Y más días olvido, mientras otros recuerdo entre sueños, mientras pasa un tiempo que no cuento y vivo tiempos que respiro. Qué saben los que saben. Los invito a mi mundo interior. El que no ha muerto.

 

 

Copyright©Elena Gil. Junio, 2015 

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