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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VI. Focalización

Consigna trece alfa Relatar los hechos ocurridos en la tintorería de La Casa de los Relojes cambiando el punto de vista. El narrador, en primera persona puede ser Gervasio Palmo, Nakoto, la madre del niño o uno de los invitados a la fiesta. Es necesario instalar al narrador en una situación comunicativa que haga posibles sus palabras (por ejemplo, la madre cuenta a una vecina lo ocurrido, la maestra comenta la carta del niño a otra maestra, uno de los invitados declara en la comisaría).  Es necesario instalar al narrador en una situación comunicativa que haga posibles sus palabras.

 

 

Doy gracias al Cielo que Pedro está bien. Que me lo pudieron sacar a tiempo de la tintorería mientras pasaba la terrible tragedia. Se imagina, doña Clara, qué hago yo si a mi Pedrito le pasa algo. Me muero muerta para siempre sin mi hijo. Ya le recé dos rosarios completos a la virgencita para agradecer pero no me alcanza. Rezo y rezo porque me lo sacaron a tiempo a mi Pedro. Dicen que cuando prendieron la caldera para calentar la plancha, el vapor venía contaminado. Todo porque el pobre Estanislao, Dios lo tenga en la Gloria, tuviera su traje planchado. La cosa fue con buena intención, nomás. Cuando el hombre apareció en la casa de doña Ana, bañado, peinado y vestido como de casamiento, nos pusimos todos  contentos. Usted vio, cómo era el pobre Estanislao, no andaba mucho con nadie, más bien siempre solo se lo veía. Se aparece con cara de feliz cumpleaños y nos dio alegría que viniera a la fiesta. Todo estaba precioso. El patio adornado con serpentinas de colores, rica comida. El mocoso bautizado, un primor.

Le sigo con lo del Estanislao. Estaba precioso el hombre pero el traje con tanta arruga que daba pena. Nakoto, de buena persona que es, ofrece plancharle el traje y sin cobrarle. Salieron todos para la tintorería para dejarlo al Estanislao como nuevo. Yo a mi Pedro no lo dejé ir porque quería que me ayudara a ordenar cosas de la casa pero el chico se me escapó. Así es de curioso y salió corriendo con los demás. Por el patio se me escapó. Ya le puse doble penitencia pero la verdad que me muero muerta si le hubiese pasado algo, ya le dije. Parece que cuando abrieron la puerta de la tintorería se dieron cuenta que no había mucho lugar y que entraban bien apretados pero todos querían saber como Nakoto dejaba la ropa tan limpia y planchada. Uno no le entra siempre al vecino, por más mucho que lo conozca, a mirarle cómo tiene las cosas por adentro. Y bueno, le sigo contando. Parece que le dijo al pobre Estanislao que se dejara el traje puesto, que se lo planchaba así nomás. Nadie podía creer semejante cosa. Imagínese doña Clara. Así que más se quedaron todos viendo como Nakoto hacía el milagro. Pero cuando puso en marcha la caldera, sintieron como una explosión. Mi Pedro me dijo que corrieron y gritaron pidiendo ayuda. Dice que enseguida salió afuera y empezó a vomitar. Le pusieron un pañuelo mojado en la boca y don Juan, que justo estaba mirando todo, desde la puerta de su casa de enfrente, corrió y lo trajo a mi Pedro a casa. Me lo salvó. Los bomberos tardaron como una hora en llegar. Hasta don Francisco, que es más fuerte que un roble, cayó al piso descompuesto que casi lo sacan muerto. Y el pobre, todo por salvar a Estanislao, Dios lo tenga en la Gloria. Parece que fue el último en salir, y cayó muerto en la misma vereda, en la puerta del local. Trataron de salvarlo pero tanto tragó de ese humo negro y picante, que dicen que ya estaba medio muerto cuando llegaron los bomberos. Le digo, doña Clara, porque le digo de verdad que si no fuera porque a Nakoto lo queremos tanto, le hacemos cerrar la tintorería. Comentan que no andaba con los papeles de habilitación al día y no sé que más. Se imagina qué peligro. Jacinta y su marido, vecinos pegados, estuvieron asustados. Dijeron ellos que el olor entraba por el patio y se metía por toda la casa. Tuvieron que pasar la noche en la vereda mientras ventilaban. Nakoto estuvo mal, muy descompuesto. Se lo llevaron al hospital con otros cinco y cuando volvió, al día siguiente, dicen que parecía un fantasma. Anduvo como alma en pena que no se perdona. Dicen que fue un accidente. Pobre el Estanislao. Le digo doña Clara que piensan vender todos los relojes que tenía en su local para pagar  deudas. Vino una hermana de Córdoba para hacerse cargo de todo y se lo lleva para que duerma en paz en su pagos. Se lo va a extrañar. Buen hombre el Estanislao, Dios lo tenga en la Gloria.

 

 

Copyright©Elena Gil. Junio, 2015 

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