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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo VI. Focalización

Consigna doce Escribir un relato a la manera de Faulkner en Mientras yo agonizo. Pensar en una situación de la que puedan dar cuenta varios personajes, como protagonistas o testigos. La situación debe desarrollarse a medida que el texto avanza gracias a los monólogos de los personajes que alternativamente narran desde su punto de vista en primera persona.

 


Sonia


Llegamos temprano para seguir embalando algunas cosas que aún quedan en la casa y Juana no dejó de dar órdenes de cómo y dónde poner tal o cual. Siempre ha sido así. Mamá solía decirle: “Juana Anchorena, puedes ordenar tu vida y la de cinco más” y así fue. Con cuatro hijos y un marido parece que hubiese querido cumplir con el mandato proferido. Pobre Tomi, no ha parado de bajar y subir cajas con su hermano Manuel, según se les indica. Como madre, Juana ha sido muy estricta con ellos. Con los mellizos, que llegaron años después, todo fue distinto. Amotinados en dupla, hacen y deshacen lo que quieren de sus vidas. Desde la ventana, los veo jugar a la pelota arrasando con todo a su paso. Sin culpa, gritan, patean y rompen. Si mamá los viera, sin duda, la escena no sería la misma. Un cantero sin flores con algún arbusto mustio, ya poco justifica un reto de una tía entrometida.

Luego llegó María. Bastó su pisada en tierra firme para dar comienzo a uno de sus eternos discursos de queja, “No puedo creer que haga tanto calor acá”, dijo, “no sé cómo pudimos soportarlo todos aquellos veranos. Por favor, terminemos con esto de una buena vez”. Creo que la entiendo, su vida no ha sido fácil. Sola, después de una unión amorosa frustrada, abocada a su trabajo de manera obsesiva, no dejo tiempo para hijos o amigos. Hoy se ha tomado el día para estar presente y avanzar con lo que aquí nos ha reunido pero no deja de repetir que su tiempo, “vale oro”.Pienso esto mientras sigo mirando desde la ventana lo hermoso que es este lugar. Árboles añejos de sombras tupidas que aún se yerguen con fuerza imponente. Bancos de plaza despintados hacen rincones de belleza poco frecuente donde todavía conviven arbustos desprolijos y flores silvestres. Tengo recuerdos de tardes de siesta únicos e irrepetibles. En esos mismos rincones, solíamos sentarnos las tres a leer, jugar a la escoba de quince o  pegar figuritas en el último álbum de moda que papá nos conseguía de un amigo “Don Señor Distribuidor, ¡Dios de la figuritas!”. Todavía recuerdo que tenían brillantina, que después nos sacábamos del cuerpo jugando con la manguera sin sentir calor jamás, sin la queja que envejece o la orden que reprime. La risa todavía la siento presente en mis oídos y mis pies parecen de pronto refrescarse con esas aguas. El grito de mamá: “¡Chicas, está la merienda!”, parece venir una y otra vez. Puedo escucharlo lejos pero claro y de mis oídos va directo al corazón.

 


Juana

 
No puedo creer que Sonia continúe petrificada mirando la ventana como si no tuviéramos nada que hacer. Los roperos son inmensos, no los recordaba tan grandes. Si no seguimos con el ritmo adecuado, no sé si llegaremos a embalar todo en los tiempos comprometidos. Incluso me pregunto ahora si habré hecho debidamente el cálculo de las cajas de cartón que compramos en el Once en cantidad. Yo entiendo que Sonia quiera llevarse recuerdos, objetos de los que no desea desprenderse pero estimo que a este ritmo, no vamos a terminar más de vaciar el lugar. La casa debe quedar vacía en dos semanas. Me desespero, es que no entienden, por ejemplo, la importancia que tiene el simple rotulado de las cajas con  marcador negro indicando el contenido. Son tantas y tan variado su contenido. ¿Cómo saber qué irá luego a cada lugar? Ahora tengo que organizar el almuerzo. Con el calor, unos sándwiches y las gaseosas que traje será suficiente. Sonia podría preparar todo si es que alguna vez abandona la ventana.

 


Pedro

 
Si mis hermanas piensan que me voy a pasar casi una semana viniendo a este lugar, perdido en el campo, a guardar cosas en cajas que lo mismo me dan si las tiran o regalan, pues están ciertamente equivocadas. Hoy será mi despedida de esta casa a las que pocas veces vine, de hecho. Poco le gustaba a Mamá dejar la capital para venir al campo. Ya casi no recuerdo mis veranos aquí, irnos a la costa fue una excelente decisión cuando los veranos se hicieron tan largos y calurosos. Tengo hambre. Seguro que Juana ya se encargó del almuerzo. Luego les digo “hasta pronto hermanitas” y llego justo para cenar en Capital.

 


Sonia

 
¡Ya voy! – le dije a Juana, cuando desde la cocina seguía reclamando mi presencia. Necesito pensar y recobrar estos recuerdos que no quiero olvidar y deseo embalar en una caja con el resto de las cosas. Rotulado: “Frágil, imborrables del alma”. Allí he puesto: el juntar renacuajos de la zanja en un frasco después de unos días de lluvia, mis andadas en la bicicleta grande y sin rueditas. Papá me enseñó a andar así “Vamos, Sonia Anchorena, como una grande” – decía siempre– como la mayor. Hoy quisiera decirle: “No, papá”, no lo era y no lo fui hasta hace poco tiempo. Es que Juana fue grande de siempre. Lo mismo fue para ella si tenía o no rueditas la misma bicicleta porque todo era cuestión de práctica y constancia. Siempre inteligente , fuerte, emprendedora. Y Pedro…Pedro nunca se subió a algo más alto que su pequeño cuerpito de niño feliz y siempre seguro de que lo llevara a motor. –¡Ya voy, Juana! –insisto. Creo que no entienden que no podré embalar estos recuerdos tan pronto.

 


Pedro

 
–¡Qué rico, hermanitas!, me encantan estos sándwiches triples que tienen de todo y no se sabe qué, jaja –creo que a Juana no le gustó el chiste pues me ha clavado los ojos con su mirada de voy a matarte, encima que no trajiste nada–Juana, tengo un par de gaseosas en el auto. Ya las traigo –le dije. “Bueno, pongamos garra”, pienso, mientras camino al auto. Esto no es un velorio. Es ponerle un cierre a algo que fue. Una casa que se vende y ya. Muy lindo el campo, la naturaleza y el melodrama del recuerdo pero hoy vale fortunas. Quiero la plata, me viene muy bien. Mientras busco las gaseosas en el auto veo las nubes negras. Tenía razón María. Se asoma una tormenta. Me parece que adelanto la partida. No sé cómo se los digo. Juana me va a querer matar.

 


María

 
Es increíble que Mamá haya guardado este disfraz de holandesa que nos poníamos para jugar en carnaval. –¿Se acuerdan? –pregunta y agrega– Es un espanto. Feo y arrugado, se tira y punto. Me parece que escucho unos truenos. ¡No puedo creerlo!, no sólo este calor insoportable, ahora una tormenta. Puedo estar en un lugar peor, digo. Tengo tanto para hacer. Esto no me puede estar pasando. ¡Pedro! –mejor le digo que lleve mi auto bajo el cobertizo del fondo por si cae granizo y hay que sacar las cajas del auto de Juana antes de que llueva y ya no podamos hacerlo. ¡Pedro! –no puedo creer que este turro desaparezca así. En realidad no me sorprende. Su vida ha sido y será siempre fácil. 

 


Pedro

 
No lo puedo creer…llueve a cántaros y yo acá. No me puedo ir con esta tormenta terrible. No sé si Juana pensó también en la cena pero ya tengo hambre.  – ¡Sí, ya voy María!, ¿cuántas cajas te llevo? –y no paran de trabajar estas hermanas mías. La verdad, es que me quiero ir. Cómo escaparme justo en este momento. Veo que mis sobrinos rompieron de un pelotazo una silla mecedora. Sonia se enojó muchísimo. Decía que era la preferida de papá. Entonces fue cuando comenzó a pelear con Juana, recriminándole la débil autoridad en la crianza de sus temibles mellizos. –Es así, Sonia, si vos tuvieras cuatro hijos, no me estarías diciendo esas cosas horribles –dijo enfurecida– es fácil hablar cuando sólo has criado a un hijo que ya es hombre y te ha dejado libre. Golpe bajo, pienso.Sonia comenzó a llorar desconsoladamente pero tanto que me acerqué a ofrecerle un vaso de agua y un pañuelo de papel. Creo que no entienden que esto hay que terminarlo y ya. No hace falta que tengamos que pelear justo ahora.  Seguramente luego nos veremos tan sólo en Navidad y entonces nos saludaremos con mucho cariño, hablaremos de cosas tontas, de las vacaciones y si el pan dulce está bueno.Pero su llanto eterno y prolongado, inundó cada lugar de la casa. Pudo oírse como eco en cada espacio y rincón. Fue un lento peregrinar sin consuelo para una despedida que deseaba prolongar. María se acercó y la abrazó.

 


Juana

 
No siento pena por lo que dije. Ha sido la pura verdad. Después de todos estos años, Sonia ha sido la pobre hermana mayor que nos ha hecho creer que nuestros padres fueron duros con ella. Aún así, es la que más se apega a los recuerdos. No tiene lógica. Siempre he sido práctica en todo lo que he hecho y mis hijos se han criado sanos y enteros. Guardaré su opinión para discutir en otro momento. Siento que está perturbada, debería hacer terapia como yo.Se ha cortado la luz. Debe ser la tormenta. Siempre ha ocurrido. El problema es que no recuerdo dónde se embalaron las velas. ¡Si tan sólo se hubiesen rotulado las cajas como les dije!Veo que Pedro se acerca con una linterna. Nos encontramos los cuatro en el comedor, para vernos, al menos. Los chicos vienen detrás, entre susto y juego.Bueno gente –les digo– hasta que no vuelva la luz, nos miramos la cara. Nadie ve más allá de esta linterna y afuera reina la más absoluta oscuridad.

 


Pedro

 
Esto no me puede estar pasando. No me importa nada de este lugar. Debe haber un tablero de electricidad para dar una mirada. Por la cocina, el lavadero. Mejor nos separamos. Propongo que se encienda un farol que andaba por ahí para darme libertad. Están todos de acuerdo.–Chicas, voy a revisar el tablero –deben haber saltado los tapones. Vuelvo enseguida.

 


María

 
Me sorprende Pedro que nunca cambió una lamparita. Bueno, tal vez el chico maduró. Hay que darle una oportunidad. Se nos viene la noche y llueve copiosamente. Voy a hablar con Juana para que organice a sus hijos y evaluemos la posibilidad de pasar la noche acá y que lo hagamos en paz. He visto llorar demasiado a Sonia para seguir junto a ella sin un manto de perdón que nos acune.Juana ha aceptado pedirle perdón y preparar algo de comer a la luz del único farol que tenemos. Tenía razón Juana, había como diez. No tengo idea dónde ni cuándo pero creo que yo los embalé pero jamás rotulé la caja.

 

 


Pedro

 
Al menos tengo señal en el celular. Voy a avisar que nos quedamos a pasar la noche los cuatro. Sonia está muy seria. Creo que continúa ofendida. Ha hablado a Buenos Aires varias veces. No sé con quién. A lo mejor, su ex marido. Entiendo que el divorcio no ha sido fácil. Todavía están con temas de papeles.Ya hemos cenado con lo que nos quedaba y los chicos se tiraron por ahí. Los escucho roncar. María fue a ver si su auto sigue bien y fuera de peligro. Creo que se ha quedado escuchando un rato de música en la radio, a solas. El auto está encendido. Los focos iluminan parte de la casa. Hermosa casa, aún de noche y a oscuras. Qué buen negocio hemos hecho. Ha sido un éxito la venta. Suerte el que la compró. Imagino que va a disfrutarla mucho. Como lo hicieron varios Anchorena.Sonia se ha sentado en un sillón junto al mismo ventanal que la atrapa sin fin. Me acerco y le pregunto qué le ocurre. “Nada, Pedro”, me dice, “ya vendrá el amanecer y el sol de la mañana nos hará ver las cosas diferentes”. 

 


Sonia

 
Ya amanece. Me avisó por un mensaje de texto que en una hora ya está acá. Preparé la mesa para el desayuno. Veo que María se ha levantado de buen humor y Juana programa las actividades restantes del día. Pedro es probable que aún duerma un poco más. Suena una bocina en la tranquera. Todos se miran. María pregunta –¿acaso esperamos a alguien?. Siento que debo actuar aunque estoy como paralizada.  “Está bien que ingrese, yo lo esperaba”, contesto. Las manos me tiemblan, la piel se me eriza. Quiero que esto ocurra y que pase pronto.Todos me miran con cara de absoluta sorpresa. Caminé hasta la tranquera y lo dejé pasar.Ya cerca de la casa, él abrió la ventanilla del auto y sólo nos dijimos: “Hola, qué gusto verte”. Pude ver en su rostro una enorme felicidad y eso me dio la fuerza que estaba necesitando.Entramos a la casa. Todos sentados en la mesa, prontos a tomar el desayuno, lo miran fijamente. También a mí, que tomando valor pasé a decir las palabras que tanto y tanto practiqué.Comencé diciendo: “Hoy es un gran día para nuestra familia” . Les presento a Miguel. Él es nuestro hermano, el que no conocimos, el que hoy se presenta. Él es Miguel Anchorena y viene a conocer la casa que se ha comprado. A él le dejo mis cajas. Sé que son muchas pero he querido guardarle algunos de los recuerdos que debió compartir.

 

 


Copyright©Elena Gil. Junio, 2015 

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