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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo II. Historias de familia
Consigna uno Elegir a alguna persona conocida (no necesariamente familiar) que le resulte interesante o que tenga características destacables.
Detenerse a pensar en ella y escribir, en columna, una lista de los atributos de esa persona. Incluya atributos físicos. Al lado de cada atributo escribir una o varias oraciones en las que ese tributo se exprese mediante una acción. Usar lo que escribieron para armar un relato de la persona elegida en la que los atributos están expresados a través de acciones.

EL CUIDADOR

Nadie posee la formula perfecta para encontrar la felicidad. Cuidar a los abandonados puede resultar la mejor opción.
El puesto estuvo  vacante por años, no todos resisten  la soledad, la lejanía del  pueblo, y pasar algunas noches en aquel lugar. Cuando Pedro Sejas llegó en busca de trabajo, le resulto interesante el ofrecimiento, la entrega de una bicicleta nueva, la buena paga. No pretendía más.
Tardó poco tiempo en aquerenciarse del lugar e imprimir un sello personal. Los visitantes recurrían a él en busca de escobas, de agua. Pedro era útil, era feliz.
Todas las mañanas barría con ahínco los pasillos de aquel laberinto de galerías. Lustraba el imponente Cristo de bronce en el pasillo principal; al ingresar su brillo invitaba a persignarse. En el jardín de entrada, había bordeado los canteros de flores con las botellas halladas en su mesa cada mañana.
Tenía por costumbre silbar bajito canciones infantiles, al preguntarle el porqué de tal acción, él respondía: “les encanta no sentirse solos”. Pedro tenía una forma peculiar de brindar cariño. Con su paño sacaba las telas de arañas de cada rincón. Adornaba con flores plásticas los floreros de los nichos más antiguos, de esa manera nadie notaría su abandono. Conocía la ubicación de cada uno por apellido, por fecha.
Por las tardes, antes del ocaso encendía las luces como última labor, momento que elegía para fumar un armado. Sentado en un rincón y apoyado en la reja pitaba lento. Detenido en el tiempo, siendo testigo  del instante en que el ayer y el hoy  se funden para convertirse en un mañana tan próximo como la siguiente bocanada de humo.
Pedro poseía el silencio de los campos sembrados. Desconocía el temor que ese mismo silencio ocasionaba.
Cuando se fue nadie, los sustituyó. Fue una noche de domingo, un frío intenso se había apoderado de él, su cuerpo cansado pitó su último armado.
Todos sus amigos fueron a buscarlo en danzas de túnicas blancas.

Copyright©Verónica Martinoli Vieyra. Junio, 2015
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