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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo I. Variaciones
Consigna dos beta Escribir un texto breve a partir de una frase críptica (una fórmula mágica, oracular o mística; un hechizo; un trabalenguas, una adivinanza o acertijo; un nombre secreto; una orden encubierta; una fórmula científica arrancada de su contexto para hacerla circular en otro; una fórmula que selle un pacto; un réquiem; una frase inscripta en una cripta o tumba; un canto popular infantil que haya perdido su significación inmediata; un palíndromo (frase que puede ser leída de derecha a izquierda o de izquierda a derecha y mantiene los mismos sonidos, por ej.: “¿Sanatas a satanás?”).
La frase elegida puede estar en cualquier parte del relato: intitularlo, cerrarlo, incluso puede no estar, puede ser parafraseada o tomada para estructurar el relato o sugerida de modo que el lector la adivine o bien que el relato se constituya en una pista para que el lector la construya.
Sugerencias: a) revisar en la memoria y anotar toda clase de frases rítmicas que vengan a la mente (las que se recuerdan de la infancia suelen convocar mundos propios y experiencias ricas para ficcionalizar); b) hacer una lista con las recordadas y con las buscadas en diversos tipos de libros o en la memoria de los otros; también puede ser inventada. Elegir después una de esas frases para resolver esta consigna de escritura.


“Si tragás las semillas de la sandía, te va a crecer una”

La mayoría de los domingos almorzaba en la casa de mis abuelos. Con Lu, mi hermana, nos quedábamos a dormir los sábados a la noche. Los domingos a la mañana mientras desayunábamos, y mi abuela Didi nos hacia tostadas, café con leche para mi hermana y matecocido para mi; mi abuelo prendía su viejo tocadiscos y los cuatro cantábamos las canciones del disco de Gabi, Fofó y Miliqui.
Cuando llegaba el mediodía, venían mis padres y almorzábamos todos juntos. Muchas veces el postre era sandía, mi abuelo la rebanaba y nos iba dando un pedazo a cada una, uno a Lu, y otro a mí. Y nos advertía que tuviéramos cuidado con las semillas, “si las tragan, les va a crecer una sandía”.
En octubre se cumplieron 10 años de la partida de mi abuelo. Una persona que marcó mi infancia y nos dejó su ejemplo de integridad, bondad y humildad. Cada vez que escucho “la Gallina Turuleca” y “Adiós don Pepito, Adiós don José” no puedo evitar que se me llenen los ojos de lagrimas, recordando a mi abuelo y esos domingos con olor a tostadas y advertencias de sandias.

Copyright©Mariana Nudenberg. Mayo, 2015
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