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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la escritura literaria

 

(TIEL) Módulo II. Historias de familia
Consigna uno Elegir a alguna persona conocida (no necesariamente familiar) que les resulte interesante o que tenga características destacables. Detenerse a pensar en ella y escribir, en columna, una lista de atributos de esa persona. Incluya atributos físicos.
-Al lado de cada atributo escribir una o varias oraciones en las que ese atributo se exprese mediante una acción. Tener en cuenta que incluso los atributos físicos pueden expresarse a través de acciones. (Ejemplo: gordo: le cuesta encontrar ropa a su medida y ha desarrollado un poder especial para detectar los carteles o publicidades que anunciaban talles grandes).  - Usar lo que escribieron para armar un retrato de la persona elegida en la que sus atributos están expresados a través de acciones. (Extensión máxima: 1 carilla.)

ABUELA MARINA

La recuerdo sentada en la gran mesa de comedor. Las uñas largas y rojas hojeaban las revistas de tejidos. En el piso, esperando la próxima labor se encontraba el canasto de mimbre repleto de lanas y agujas. Parecía una estatua tallada en mármol. El pelo peinado hacia atrás. La nariz prominente, el cutis blanco y la espalda recta. Vestida de manera elegante y a la última moda, utilizaba palabras propias de una señora de alta sociedad. Me inspiraba un profundo temor. La observaba como a esos figurines de revistas, lejanas e inalcanzables.
Solo una persona parecía perturbarla y era mi tía Rosario. Esa joven mimada, irreverente, rebelde e irrespetuosa la convertían en un ser humano lleno de defectos. Bastaba que la viera entrar por la puerta para bajar el volumen del audífono o simplemente apoyarlo en la mesa. Este gesto provocativo evitaba cualquier discusión abierta. Sin embargo aumentaba la brecha que se había ido gestando entre madre e hija. En esta guerra silenciosa nadie intervenía. Ni siquiera mi abuelo, un prestigioso médico cirujano, que repetía una y otra vez: “En este caso, me declaro incompetente”; estas lides lo superaban.
Nadie sabía en qué momento había comenzado este conflicto. Creo que ni las orgullosas protagonistas lo recordaban. No era la primera vez que veía a mi abuela manejar el audífono según su conveniencia. Ese minúsculo aparato del cual se quejaba continuamente me parecía una gran arma que hubiese querido tener.
Los domingos parecían sacarla de su estado melancólico. La familia se reunía en su casa. Ayudada por la cocinera de turno cocinaba la pasta casera. El aroma de la cebolla y el tomate inundaban la cocina. Eran las horas anheladas por todos. Los conflictos parecían dirimirse. Sus dos hijos varones le devolvían la sonrisa. Andrea, mi hermana mayor, era la única presencia femenina que soportaba Para ella cocinaba chocolate casero y contaba las historias de su juventud. Como toda gran lectora tenía un gran poder de narración y lograba captar la atención de sus oyentes. A veces nos leía un capítulo de Don Quijote de la Mancha, que quedaba impregnado en mi imaginación durante varios días.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse, buscaba en la radio un tango. De joven había sido una excelente bailarina, pero ahora solo quería cantar. Las letras tristes de los tangos resonaban en el living. El volumen alto convertía a las visitas en meros espectadores. Tatareaba las canciones susurrando.
Mi abuelo entornaba los ojos. Era el momento de volver a casa.

Copyright©Cecilia De Vecchi. Mayo, 2015
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