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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo VI Focalización

Consigna cuatro Escribir un relato a la manera de Faulkner en Mientras yo agonizo. Pensar en una situación de la que puedan dar cuenta varios personajes, como protagonistas o testigos. La situación debe desarrollarse a medida que el texto avanza gracias a los monólogos de los personajes que alternativamente narran desde su punto de vista en primera persona.

Por ejemplo: la lectura del testamento de una mujer ante sus herederos. La situación puede estar relatada desde la mujer que antes de morir imagina la escena, por el abogado que lee el testamento, por alguien que entra circunstancialmente a servir café y a retirar el servicio, por los propios herederos. Extensión máxima: cuatro carillas, aproximadamente.


LA MATANZA


MADRE

Le tengo dicho que cuando venga a casa tiene que tener cuidado; esto no es la Capital, acá las cosas están bravas, parece que ya se olvidó que vivimos en medio de chorros y pandilleros, que estamos a expensas de estos drogados miserables que todos los días cometen las peores atrocidades. Llega lo más campante, deja la moto en la vereda, se baja confiado y se va a charlar con el Andrés; parece que no entiende… le dije que me avisara cuando salía de su casa para estar atenta a su llegada, pero no… esas son cosas de viejos, que la vida es una sola, que no hay que perseguirse ni tener miedo; encima de todo, se cruza para hablar con ese malandra, tendría que haber entrado de inmediato, sin perder tiempo, ligerito adentro. A quién me habrá salido este hijo mío. Tan bonachón, tan crédulo y tan lindo. La verdad, este chico me puede; trato de que no se note, pero no sé… sus hermanos también son mis bebés, pero este… este, es la luz de mis ojos. Será porque es sensible, cariñoso, servicial… me tiene tan orgullosa. Algún día me va a dar nietos, estoy segura. Es el más familiero de los tres, le gustan los chicos, pero eso sí, la que se case con él va a tener que ser una chica como la gente, no cualquier negrita de pollerita corta. Él va a saber elegir, es inteligente. Seguro que en el trabajo las mujeres lo volverán loco, el uniforme le queda tan lindo, tan elegante. Qué contento estaría el gordo si lo viera. No quiero que sea policía, ponen su vida en peligro por defender qué, me decía cuando yo insistía en que lo apoye. Es lo que eligió gordito, acompañemos su decisión, además no va a ser un policía cualquiera. Va a estudiar en la academia. Así de a poco se fue ablandando y no lo jorobó tanto, faltaba tan poquito para la graduación cuando se enfermó, y por más que yo le decía aguantá viejo, se fue… y no pudo ver al Juanchi con su uniforme.

LADRÓN

Aminorá la marcha, despacio, ¡mirá!... el de camperita, ese no es de acá; y mirá la moto papá. ¿Cómo que lo conocés? y qué importa si es del barrio fiera; ¡mirá la pilcha que tiene! demos la vuelta… ¡dale, girá en la esquina!... despacio, sin llamar la atención… lo tenemos que agarrar antes de que entre; quiero subirme a esa moto papá.  

Sí, sí, todo piola, sin violencia; va a ser fácil, a esta hora no hay nadie en la calle.

Yo me mantengo calmado, ya guardé el arma; vos quedate tranqui y manejá. Ya sé que dijimos que en el barrio no, loco, pero esa moto la quiero para mí, que las minitas se vuelvan locas cuando me vean… me vas a sacar una foto para el feibu, loco.

Te prometo que mañana hacemos lo que vos querés, hoy me quiero dar un gustito. Mirá las pibas que vienen ahí… ¡mamadera! qué buena está la morocha; va derecho al gil ese, te dije que la moto garpa...  mirala cómo se hace la linda revoleando el culo la muy putita. Si la tuviera cerca le daría unos buenos besos y me refregaría en esas tetas enormes que tiene. Qué decís gil, que no me daría ni cinco. Dale, dale, manejá. Demos la vuelta antes que se aviven.


VECINO

Ahí llegó el Juanchi, este sí que la hizo bien, se metió en la poli y ahora miralo, aparece por el barrio de vez en cuando, te saluda de lejos mientras se baja de la moto, se saca el casco, los guantes. Yo le voy a pedir una ayudita, total el “no” ya lo tengo. Este nunca quiso meterse en líos, pero lo que le voy a proponer no es nada ilegal, bueno tampoco es del todo limpio, pero en este país, hecha la ley…

Ahí me vio, ¡Qué hacés boludo! cuánto hace que no te veía. Cuando quieras pasate y tomamos una birra, no será que ahora que vivís en la Capi te olvidaste del barrio…

Picó, ahí viene, vamos cruzá pibe que no tengo todo el día para hacerme el simpático con vos. Ya camina como un rati, lo llevan en la sangre, pensar que fuimos juntos a la primaria, pero este siempre fue medio raro, le gustaba estudiar, siempre seriecito, con la ropita recién planchada, era un nene de mamá…

Cómo te va loco. ¿Todo bien? ¿Y el laburo? Por acá como siempre, viste, zafando. Se hace lo que se puede y lo que no… se compra hecho. Sabés que hace unos días estaba hablando con el Luis y nos acordamos de vos, te acordás del Luis… estamos por empezar un negocio… no me mirés así, loco, todo legal… pero viste cómo es, una manito amiga no viene mal. Che qué buena está la moto… se ve que andás bien eh, empilchadito, camperusa… venís a ver a la vieja me imagino. Debe estar contenta con el hijo que tiene, no como la mía que siempre me echa en cara que soy un vago, pero vos me conocés loco, yo no soy un vago, solo que no me duran los trabajos, pero esto es problema de este país de mierda, loco, no tenés oportunidades.


VECINA

Pero mirá quien está ahí, ¿es Juanchi? qué lindo que está, hace mil que no me lo cruzaba. Dale, vamos, pasemos por ahí, quiero saludarlo, bah… en realidad, quiero que me vea. ¡Cómo me gusta!, tan correcto siempre, en el colegio todas queríamos estar con él, pero ninguna logró conquistarlo, llegamos a pensar que era marica, pero no creo… sería un desperdicio, semejante bombón… cómo estoy, el flequillo así está bien o me lo saco de la cara. Me voy a anudar la remera, así se me ve el ombligo, ¿te parece?

Pero amiga, no seas negativa, bueno, si queda demasiado obvio, la dejo como está; no sé por qué te hago caso… sí claro, será porque vos tenés éxito con los hombres, no me hagás reir.  ¡No seas boba! dale, acompañame, así no es tan evidente que estoy pasando a propósito. Amiga, sabés que si lo tuviera que hacer por vos, siempre estoy, dale, no me dejes sola.


MADRE

Me costó darles una educación, pero ahora que lo veo me siento tan ancha, tan contenta. Los otros dos no me dieron la satisfacción de terminar ni el secundario, pero Juan es diferente, responsable. Qué más puede pedir una madre, lo veo feliz con su profesión, con su vida. Qué le estará contando el Andrés, ese sí que no le da respiro a Dora, siempre anda metido en cosas raras. A veces la gente dice que los chicos siguen el ejemplo de la casa, de los padres, pero éste… si la pobre Dora es una mujer trabajadora, y Daniel… es bruto, pero decente. Para mí son las juntas. Si Andresito hubiera elegido mejor el grupo de amigos… si se hubiera rodeado de los chicos de la parroquia tal vez hubiera seguido otro camino.


LADRÓN

Apenas des la vuelta en la esquina me bajo, voy de caño, pero tranqui, si el pibe no se resiste va a estar todo bien. Dale, quiero agarrarlo desprevenido, que se cague bien cagado, ni ganas le van a quedar de hacerse el lindo. Acá en el barrio no podés venir a enrostrar lo que tenés. Se quiso hacer el galán… ahora se va a joder. Ni ganas, ni ganas le van a quedar… uyy… se cruzó, está hablando con ese otro, cagamos… y las pendejas, vienen caminando directo a toparse con él; ¿cancelar? pero qué te pasa… estás fumado… no importa cuántos haya, no va a pasar nada siempre y cuando se queden quietitos; yo ya dije que la moto es mía y, cueste lo que cueste, la foto para el feibu, hoy, me la sacás.

 


Consigna trece beta: Escribir un relato en primera persona con un narrador deficiente. Las razones por las que el narrador no acaba de comprender los hechos pueden ser diversas. Es posible elegir alguno de los narradores caracterizados abajo o alguna otra variante no consagrada por la tradición. Extensión máxima: dos carillas.

Por ejemplo:

- El narrador tiene alguna falencia o minusvalía: es tonto, loco, carece de algún sentido (es ciego, sordo, etc).

- Es un iletrado, un niño, o pertenece a un mundo cultural muy distinto de aquel al que pertenece lo narrado.

- El que narra es un testigo que solo puede referir lo que le han dicho o lo que ha visto.

- La falta de comprensión de los hechos narrados se debe al punto de mira u observación del focalizador y a los obstáculos con que se enfrenta su visión. Ejemplo: mira por un agujero en la pared.


Consigna elegida: El narrador tiene alguna falencia o minusvalía: es tonto, loco, carece de algún sentido (es ciego, sordo, etc).


LA ABUELA

Estoy tan cansada de darles trabajo, nunca pensé que iba a llegar a esto. No poder valerme por mí misma es tan horrible. Cuando todavía veía un poco, por lo menos podía ir haciendo alguna cosita, cocinar, lavar los platos, bañarme, pero de un tiempo a esta parte, ya ni eso. Un día tuve que dejar de hacer una cosa, después otra y así fui pasando a depender de los demás y no me gusta nada. La Mary se queja de que tengo mal humor, es que estoy con bronca por lo que me pasa, y cuando ella viene a la mañana a despertarme, abre las ventanas y pretende que me levante y yo le digo que tengo frío, que cierre la ventana y ella que hay que disfrutar el día, quién puede pensar que yo voy a disfrutar el día en estas condiciones.

—Tendrías que valorar que tenés una familia que te cuida —me dice.

Yo la entiendo, pero… no quiero ser una carga.

Ahí debe haber llegado el Juanchi, ese ruido que hace con la moto es inconfundible. Qué raro que nadie me dijo que hoy era día de visita, será para que no lo espere, saben que si después por algo él no puede venir, yo me quedo mal.

—¡Mary! ¡Mary!

—Voy…

—Es el Juanchi. Fijate.

Qué raro que no entra, se habrá quedado en la puerta. Este barrio se ha puesto tan feo de un tiempo a esta parte. Pensar que cuando nos vinimos a vivir acá los chicos andaban en bicicleta por la vereda y hasta nos sentábamos en el umbral en las tardes de calor. Ahora todo ha cambiado tanto, se ha puesto tan peligroso.

—Mary, ¿abriste?

Me pareció escuchar las llaves. Ella no se queda en la puerta, ella sabe que acá no nos podemos dar ese lujo; debe estar mirándolo desde la ventana. Yo ya no puedo hacer eso, antes me gustaba sentarme junto a la ventana y mirar pasar a la gente, a veces lo hacía con un libro y de a ratos leía, de a ratos miraba.

Este chico que no entra, seguro se encontró con alguien y estará charlando, igual a su abuelo, tan sociable. Pobre viejito, se fue tan joven, y yo que lo retaba siempre porque le gustaba hablar con la gente, todo el mundo lo conocía, lo saludaban hasta las piedras; yo me enchinchaba, no me gustaba que fuera así, porque yo soy todo lo contrario. Te acordás, viejo, me decían la engrupida en mis años mozos, aunque no lo hacía por vanidosa, no me gustó nunca que la gente se meta en lo que no le importa, que chusmeen y por eso mejor mantenerlos lejos, te decía, pero vos seguías saludando y siendo simpático con todos.

Qué serán esos ruidos, Mary, estás ahí, escucho ruidos, hay gente en la vereda. Escuché un auto, Mary… hija, vení. Quién está ahí afuera, voy a salir de esta habitación para ver qué pasa, ¿nadie me escucha?

Chicos, Mary… esa frenada… ¿qué pasa? Vino Juanchi. Escuché la moto, y la frenada, ¿pasó algo?

Es extraño que no haya nadie, viejo, que nadie conteste, ¿no escuchan? o están todos afuera, ayy, viejo, qué feo es esto de no poder manejarme sola, si vos estuvieses acá…

Qué fue ese estruendo, viejito. Vino de la calle, sonó tan cerca… otro más… afuera está Juanchi… parecen disparos.

 


Consigna catorce Reescribir el cuento “Las hamacas voladoras” a partir de la expresión “sexto punto”, cambiando el punto de vista. El narrador debe estar en tercera persona y el focalizador puede ser el viejo o alguno de los personajes que están en las hamacas: la chica rubia, el hombre gordo, la vieja del sombrero. Extensión máxima: dos carillas.


PARQUE DE DIVERSIONES

Qué está haciendo este chico, el viejo no podía creer lo que estaba pasando, le dije que tuviera cuidado, después del sexto punto la máquina se acelera y puede ser peligroso. Es un desagradecido, aquella noche tendría que haberlo dejado tirado en la calle que se pudra. La mano engrasada del chico se agarraba fuerte a la palanca y sus ojos desencajados disfrutaban del panorama, los gritos de la gente crecían con el vértigo incesante de las hamacas que se movían en un vaivén descolocado. Ayer mismo le pregunté si la maquinaria funcionaba bien y el muy turro dijo que sí.

Sabe que lo estoy vigilando, pero no le importa nada, es como un animalito el muerto de hambre. Ya vas a ver esta noche, pendejo, te voy a dar tantos cintazos que no vas a reconocerte en el espejo. Tendría que haber tenido mano dura con vos, no enseñarte el oficio, para qué, si nunca vas a llegar a nada, mal nacido.

La gente se agrupaba en la boletería y el viejo disimulaba la bronca con una falsa sonrisa; tenía que hacer algo, frenar al chico, pero hacerlo significaba perder un día de trabajo, un día tan lindo como el de hoy, soleado, primaveral. La gente había salido a pasear, a divertirse y el idiota lo estaba arruinando.

Pasen, pasen, vayan formando la fila, tengan los boletos en la mano, les decía el viejo a los compradores de la ilusión de volar. A lo lejos se escuchó el chirrido; ya estaba en el punto siete; el pibe, aferrado al maldito control, sonreía burlón mientras gritaba tanto como los pasajeros, gritaba de furia, de rabia contenida; gozaba con la desesperación del viejo que por fin decidió salir de la pequeña boletería y comenzar a caminar entre la gente, no vas a lograrlo mierda, antes te mato a golpes. La mirada del chico se clava en los ojos furiosos del viejo, lo desafía como nunca antes lo había hecho. Se siente triunfador, manejando la máquina, por fin se siente libre de decidir y lleva la palanca al punto ocho, las hamacas dan un salto. Allá arriba, los gritos son cada vez más agudos.

Parece que los golpes no fueron suficientes, todavía no me conocés, pendejo, te di casa y comida y así me pagás. El viejo avanza empujando a la gente que mira como las hamacas vuelan enloquecidas. Punto nueve.

Pará la máquina, pibe, parala; está descompuesta, no se asusten. Ya la vamos a detener. No te vas a olvidar de esto, pibe, las vas a pagar. Los gritos confusos, perdidos, aterrados de la gente. Las hamacas que bailan a compás del viento, los transeúntes detenidos, todos mirando hacia arriba el espectáculo desquiciado. Ya estoy cerca, va a reventar el motor, el olor a quemado se siente hasta acá. Oyó un ruido más fuerte, un pasajero pasó sobre su cabeza despedido en brutal empujón hacia el vacío. La gente que corre, se escuchan sirenas a lo lejos. Te voy a matar maldito hijo de una gran puta.

 


Copyright©Mónica Faraldi

Marzo, 2021.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.