Trabajos de taller

Glosario de términos

Buscar

Seguinos en

  • Taller literario online La Argamasa en facebook

“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo I Variaciones

Consigna 1 Escribir dos nuevas variaciones para agregar a las que fueron transcriptas en el inicio de este módulo, respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos.


Variación 1

QUERIDO DIARIO

Martes 18 de abril

Querido diario como todos los martes hoy salí del colegio y tengo que esperar que mamá termine en su laburo para irnos a casa no me quejo me re copa sentarme en el bar de la esquina y ver el mundo a mi alrededor hoy hay un chabón leyendo el diario o haciendo como que lee porque en realidad mira con disimulo a una mujer de vestido floreado y zapatos rojos zarpados sentada en la mesa vecina que espera a un flaco alto que llega al toque pide un café se sienta en la mesa de la mujer de alta pilcha hablan pero no escucho alucino que él es su jefe en la Central de Inteligencia se pone la gorra y le da indicaciones para una misión secreta ella está re manija concentrada en las palabras de él como queriendo absorberlas al fin ella asiente se levanta sale rápido del bar y cruza la calle el chabón que la espiaba abandona el diario y corre tras de ella como queriendo alcanzarla pero en ese momento se detiene el bondi 39 y cuando vuelve a arrancar ya no veo el vestido floreado mientras en el bar siguen pasando cosas el flaco alto también se levanta y sale el mozo piensa que alguno de ellos no ha pagado la cuenta arma alto bardo corre resbala en la vereda mojada por la llovizna y cae

Ya llega mamá la quedo para mañana

María

 

Variación 2

EN UN CAFÉ MUY PORTEÑO

En un café muy porteño

Hojea el diario

Señor de ojos grises

De aspecto ario.

En un café muy porteño

Se han dado cita

Hombre alto de traje

Y mujer bonita.

En un café muy porteño

El diario tapa

Miradas lascivas

Que se escapan.

En un café muy porteño

La dama dice

Un SÍ decidido

Antes de irse.

En un café muy porteño

Irán saliendo

Aquellos actores

Casi corriendo.

En un café muy porteño

Pasa de todo

Que cada cual lo vea

A su propio modo.

 


Consigna dos alfa Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media).

Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar,

un museo, un hotel, un tren, etc.);

-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción

secundaria;

-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos).


Variación 1

TARDE DE VERANO

Anita se divertía arrojando pochoclos a las palomas y correteándolas cuando acudían. La abuela, ya cansada de ir tras de la nieta, buscó donde sentarse entre los escasos bancos de la plaza. Encontró un lugar al lado de un señor mayor con aspecto de jubilado aburrido quien enseguida entabló conversación. Hablaron de los nietos que cada uno tenía, de sus edades y del tiempo que compartían con ellos. Mientras hablaban, el rostro del jubilado se fue animando y ya no parecía aburrido. La abuela, en tanto, mantenía la charla sin perder de vista a Anita que por momentos se alejaba demasiado.

La niña ya se había cansado de las palomas y ahora compartía los juegos infantiles con dos niños rubios que estaban al cuidado de una niñera de largos cabellos negros. Dos señoras de mediana edad con ropas deportivas a la moda, que habían estado trotando alrededor de la plaza, descansaban sentadas en los muros bajos que rodean los canteros.

Sin que nada lo anunciara, en pocos minutos el sol se ocultó tras grandes nubarrones oscuros y gruesos goterones empezaron a caer.


Variación 2 

CONVERSACIÓN

—¿Es su nieta?

—Sí. Le encantan las palomas

—Yo tengo tres nietos, dos nenas de mi hija que ya son grandecitas, y el más chico que va a cumplir cinco. Son una bendición los nietos…

—Anitaaa, no te vayas lejos, ¡quiero verte!

—Y uno disfruta cuando está con ellos ¿no?

—Seguro… yo espero con ansiedad los viernes que es el día que me la dejan. ¡Y es tan sociable! Mire, ahora ya está jugando con esos niños rubios.

—Bueno, de paso la niñera de ellos la cuida a ella también.

—¿Es la niñera?

—No me parece que sea la madre.

—Usted que es observador, aquellas señoras sentadas al borde del cantero nos miran y se ríen, ¿por qué será?

—No sé, pero riámonos también ¿quiere? Así ellas se preguntan de qué nos reímos nosotros.


Variación 3

LA NIÑERA

¡Ya podemos ir a la plaza! La señora me dijo que los lleve a los chicos cuando no pegue tanto el sol. Les pongo las zapatillas y nos vamos. Ahí va a estar más fresquito, ¡este departamento es un horno! Oh, pero está lleno de gente, todo el mundo salió. Están las señoras que corren, está la nena que viene siempre de la mano de su abuela y ¡están las palomas¡ ¡Son lindas las palomas! Lástima que son tan sucias. Bueno, pero los chicos se entretienen. Ahora juegan con esa nena. La que es traída por la abuela. Anita, creo. Si quieren ir al tobogán o a las hamacas, mejor. Ellos juegan y yo miro a la gente en la plaza. La abuela encontró con quien charlar y parece muy entretenida. La verdad que hacen una linda pareja con el viejo que se sentó a su lado ¿O ella se sentó al lado de él? Pícara la abuelita, ja ja ¿Cuándo conseguiré yo alguien con quien charlar? ¿Y si fuera algo más que charlar? ¡Ojalá! Uy, parece que va a llover, ya está empezando a gotear. Mejor vamos rápido al departamento. Si llego con los chicos mojados, me gano un reto de la señora, seguro.


Relato

CHAPARRÓN

El calor era agobiante. Al caer la tarde muchos vecinos buscaban alivio en la sombra de los enormes ceibos de la plaza. El jardinero, el placero como le llamaban, se encargaba como siempre de mantener húmedos y frescos cada uno de los senderos, veredas y canteros, regándolos con frecuencia.

Anita se divertía arrojando pochoclos a las palomas y correteándolas cuando acudían. La abuela, ya cansada de ir tras de la nieta, buscó donde sentarse entre los escasos bancos de la plaza. Encontró un lugar al lado de Manuel, un señor mayor con aspecto de jubilado aburrido quien enseguida entabló conversación. Hablaron de los nietos que cada uno tenía, de sus edades y del tiempo que compartían con ellos. Mientras dialogaban el rostro de Manuel se fue animando y ya no parecía aburrido. Celia, en tanto, -que así se llamaba la abuela- mantenía la charla sin perder de vista a Anita que por momentos se alejaba demasiado.

La niña ya se había cansado de las palomas y ahora compartía los juegos infantiles con dos chiquillos rubios que estaban al cuidado de una niñera de largos cabellos negros.

Dos señoras de mediana edad con ropas deportivas a la moda, que habían estado trotando alrededor de la plaza, descansaban sentadas en los muros bajos que rodean los canteros y, mirando hacia donde estaba la pareja mayor, bromeaban sobre su propio futuro en el que hechizarían a un jubilado en la plaza.

Sin que nada lo anunciara, en pocos minutos el sol se ocultó tras grandes nubarrones oscuros y gruesos goterones empezaron a caer con fuerza hasta transformarse en copioso aguacero.

Rápidamente el escenario cambió. Las palomas desaparecieron como por arte de magia. La abundante concurrencia se dispersó. El placero recogió con presteza sus herramientas de trabajo. Las señoras deportistas partieron trotando en busca de refugio. La niñera lucía preocupada con uno de los niños en brazos y el otro arrastrado de la mano para irse cuanto antes.

A contramano de la prisa que todos mostraban, Celia y Manuel seguían con su charla que se había vuelto divertida a juzgar por la risa de ambos. Recién cuando percibió que sus ropas comenzaban a empaparse, Manuel desplegó con calma un paraguas que llevaba oculto no se sabe dónde y se lo ofreció a Celia. Ésta abandonó su asiento con una agilidad impensada y, mientras agradecía, se alejó en busca de Anita.

Fue la primera de muchas tardes en que Celia y Manuel se encontraron en la plaza.

 


Copyright©María Lapasset

Diciembre, 2020.  Todos los derechos reservados por su autora


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autora.