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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo I  Variaciones

Consigna uno Escribir dos nuevas variaciones para agregar a las que fueron transcriptas en el inicio de este módulo respetando el argumento mínimo de alguno de esos textos.


SUPUESTOS

Esa mañana (esa, y no otra) dará para tomar un café solo (sin leche, ni compañía), leer el diario y dejar pasar las horas. Ubicarse cerca de una ventana, y tal vez mirar a una mujer en alguna mesa aledaña (pero que no dañe). Contemplar (con temple y no con valor) a la mujer. Suponer que también tomó café (no el último café, tal vez el primero), que ya haya vaciado su tacita, y que esté  aburrida (pero no de burros y asnos) o a la espera (pero no desesperada) de alguien, tal vez un hombre, una cita (una cita a pie de página).  El hombre va a llegar (porque todo llega en la vida), y va a pedirse un café (el primero), le colocará leche y luego le pondrá azúcar al café con leche.  Y después  hablarán, él le dirigirá la palabra (aunque ella no la digiera) y gesticularán,  y se mirarán fijo (sin plazos ni esperas) a los ojos. Y sus murmullos entremezclados con los de la máquina express  de café, las voces (y las veces repetidas) de las órdenes que el mozo les indica a los de la cocina, las conversaciones vanas (sin vinos) de otras personas,  llegarán a mis oídos (a oídos necios, palabras sordas). Mientras tanto, ya habré tenido tiempo (al mal tiempo buena cara) suficiente para haber leído lo más llamativo del diario, y tal vez me quede con lo que me pronostique el  horóscopo.  Será ese momento (ese, y no otro) en que levante la vista y siga mirando a la pareja (tal vez despareja). La mujer ahí,  preciosa (sin precio), de unos treinta años, dirá que sí y en la afirmación, la cabeza caerá con  el  mentón (que no huele a menta) hacia el pecho,  y entre su escote verá que se le asoman tempestivos, debajo del escote floreado (balcones sin ninguna flor) del vestidito de seda, sus senos exultantes. Después, se acomodará la cartera sobre el hombro (es ligero equipaje para tan largo viaje) llegará hasta la puerta y se irá sin mirar atrás. Cuando salga, la veré entre la gente que espera el colectivo en la parada (y no que espera parada el colectivo), como queriéndose ocultar.  Simultáneamente (con la mente atenta) el hombre que la había acompañado (sin haberla apañado) adentro del bar, la seguirá sin encontrarla, como un perro, husmeando (pero sin orinar) las baldosas húmedas en busca de  las huellas de los zapatos rojos.

 

SÓLO PARA CHICAS

Horóscopo: ¿Qué te traerá el zodíaco para este viernes?

Trabajo

Jamás dudes de tus posibilidades. Este es el momento y se acerca la hora de recoger tu premio. Tu predisposición para la tarea te hará ganar una batalla laboral. 

Dinero

Valoramos el dinero porque nos genera bienestar y tiempo para nosotras mismas. Deberías analizar nuevas alternativas para conseguirlo, no dudes en aceptar ofertas, aunque creas que éstas no son las que deseabas. Lograrás más estabilidad.  

Salud

Tu estado físico está bien, sin embargo, deberías hacer más deporte para liberar tensiones. Ser ordenada y metódica te salvará de cometer errores. Aléjate de las bebidas que puedan causarte insomnio a menos que las ingieras con un poco de leche.  

Amor

Tal vez te guste  experimentar y probar cosas nuevas, ¡anímate!, la rutina no es buena para el amor. Nuevos planes, nuevos compromisos. Pero, ¡cuidado! tu sentido de la compasión podría jugarte una mala pasada.

Suerte  

Algún viaje o desplazamiento cerca de tu residencia será la clave de un cambio en tu vida. En ese encuentro se halla una respuesta a tu futuro. Suerte en los juegos de azar.

Un color para hoy: ROJO

Elige alguna prenda de color rojo, aunque te parezca llamativo, despertará la pasión en quienes la vean. Anímate a combinarla con algún accesorio, un par de tacones por ejemplo.

 


Consigna dos alfa Inventar una nueva anécdota nimia (siguiendo las instrucciones transcriptas más abajo) y realizar tres variaciones (de extensión máxima: media carilla cada una). Ampliar una de ellas de modo que derive en un relato breve (extensión máxima: una carilla y media). Enviar al orientador solamente las variaciones y el relato. La anécdota debe ser construida a partir de las siguientes instrucciones:

-que haya un encuentro aparentemente efímero entre un hombre y una mujer;

-que la acción transcurra en un lugar público o semipúblico (una plaza, el baño de un bar, un museo, un hotel, un tren, etc.);

-que haya otro/s personaje/s que mire/n (y/o cavile/n sobre) ese encuentro;

-que haya más de una acción encadenadas lógica y cronológicamente y alguna acción secundaria;

-que haya un intercambio gestual o verbal entre dos personajes (cualquiera de ellos).


EN LA TERMINAL

El quiosquero no miraba a los ojos a las personas. Era muy bizco y siempre le incomodaba ver cómo sus interlocutores zigzagueaban los ojos en busca de una  posible conexión visual con él, sin lograrlo. Pero ese día en la vieja terminal de micros fue diferente. Cuando la vio bajar del colectivo que venía de Santa Rosa, acomodándose el cabello a causa  del viento y de la tierra, no le pudo despegar su mirada. La siguió desde que apoyó el único bolso que traía en los asientos gastados, hasta que cruzó todo el salón y  conversó con don Méndez. Y no fue el único. Don Méndez, el encargado de la boletería, hablaba por detrás del vidrio de la ventanilla y de sus anteojos, como hipnotizado con ella. Maricarmen, Alicia y la Mimí, que esperaban las encomiendas y no habían parado de susurrar desde que se ubicaron en la terminal, se cruzaron de brazos y, por un momento, querían adivinar las palabras que don Méndez le decía a la mujer. Es cierto que Maricarmen no tanto, parecía estar afectada por otros pensamientos. Fue la única que se mostró desinteresada ante la presencia de la mujer. Siguió conversando consigo como lo hacía siempre, mirando fijo a un rincón donde, precisamente, las telarañas comenzaban a hacerse visibles por el fino polvillo que se pegaba en sus hilos.  Pero los chicos no. Cesaron sus juegos. Dejaron de cruzar corriendo de una a otra pared. Se quedaron callados, y el rusito se aferró a la pierna de su mamá, a lo mejor para ver mejor. Tanto el rusito como su hermano bebé, eran el ejemplo de esos niños que se crían sin saber bien el lugar de parentesco que se ocupa dentro de un grupo familiar. No recordaba a su padre, no sabía del todo quiénes ciertamente eran sus tíos. Sólo sabía  quién era su mamá. En ese momento la figura de la mujer también le llamó la atención y, al igual que los otros, la siguió con la vista. La miraban atentos cómo se pasaba la mano por la falda antes de sentarse y cómo se  enrulaba con el dedo índice la punta del pelo para un lado del hombro. Mientras, el playero, indiferente, descargaba las tres cajas que el chofer del micro le indicaba, las encomiendas dejaron de ser lo más importante. Afuera el viento y la tierra desdibujaban las pocas casas cercanas que se podían ver y cubrían de un polvo pesado los frondosos olmos que rodeaban la calle de ripio. Tal vez las lluvias casuales de primavera volverían a lavar las hojas y a descubrir el paisaje. La última lluvia había sido justo el día del entierro de la señora de Ramírez. Una viuda que por treinta y cinco años había dado clase en la escuela rural. Muchos en el lugar decían que ese cargo no se iba a cubrir más. Algunos de los pocos chicos que estaban internos los habían traído a la escuela del pueblo y  los otros sólo serían un número más de la estadística de  desescolarización en el próximo censo. La pobre señora de Ramírez no había ganado jamás un concurso para directores, siempre fue maestra titular de su cargo, aunque era la directora de la escuela por ser personal único. No era buena maestra, pero era buena persona. Por eso, ese puesto debía cubrirse con alguien así, alguien parecido a una madre que cocine, revise cabezas con piojos y sepa escuchar secretos de niños maltratados. A pesar de saber  que la escuela rural corría peligro de cierre, por no contar con la matrícula suficiente, la Mimí deseó profundamente que esa mujer no fuera la enviada por el Consejo. Pensó en el Cacho, su sonrisa de dientes parejos y su facilidad para la conquista. Se acercó  y le preguntó. La mujer movió negando su cabeza.

 


VERSOS Y REVERSOS

 

El viento,

 cuatro niños pequeños

             que corren sofocados

 tres señoras indiscretas

           que murmuran por lo bajo

 dos hombres libidinosos

         que miran provocados por el asombro

 una mujer llamativa

        que pregunta por su destino

 un pueblo vacío

       que duerme la siesta

 y el colectivo,

      que parte solo

      perdido detrás de la tierra y

 el viento.

 


EPÍTETOS

Un intenso viento, tibio y persistente no deja cabellera en paz. La vieja y sombría terminal a la hora de la siesta es para muchos una costumbre arraigada y una posibilidad de encuentro y charlatanería  en los pueblos chicos. Una bella mujer, joven, esbelta, de talle citadino es el centro de las miradas. Un silencio insondable, profundo, acompaña sus pasos desde la entrada hasta la boletería. Los niños transpirados, enrojecidas sus mejillas detienen sus juegos al verla pasar. Nadie puede escuchar lo que habla con el viejo boletero. Nadie sabe lo que busca en ese día ventoso. Entonces, se escucha el ruinoso sonido del motor del micro. Arranca, su rumbo bamboleante por la calle de ripio hace lenta su partida. Y el viento, perseverante como siempre, borra  sus huellas y la mujer comienza a ser un recuerdo más para relatar infinitas veces.


LA ENCOMIENDA

-Creí que ibas a venir antes.

­-Nunca sé en qué momento se va a dormir  el bebé, tuve que traerme al rusito.

-¿Tu vieja, bien?

-Como de costumbre, siempre le duele algo.

-Acomodate los pelos, ¿Querés? ¡Parecés un carancho!

-¡El viento! Ya me tiene cansada, y encima, el bebé.

-¿No supiste nada del Cacho?

-¡Ni me hablés de ese turro! A ver si se acuerda de mandarme la encomienda. ¿Y la Maricarmen?

-Ahí la ves, perdida como siempre.

-Llegó. ¡Qué tierra! ¿Yesa mina? ¿Será la suplente de la señora Ramirez? Pobrecita, en paz descanse.

-¿Tan pronto? No, no creo.

-¡Pero mirálo al viejo Méndez! ¡Baboso! ¡Se le empañan los lentes! ¡Verde hasta las medias!

-Vos porque no lo viste al tuerto del quiosco, quedó paralizado el infelí.

-¿Y los chicos?, me dan risa, se quedaron quietitos!

-Ésta no es de Santa Rosa, ni ahí. Preguntale.

-¿Te parece?... ¡Má sí, yo le pregunto!

 


Copyright©Lidia Jaureguiberry

Junio, 2020.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor