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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo II Relatos del yo: ficción, realidad y cajas chinas

Consigna quince alfa. Siguiendo el modelo de los textos anteriormente citados, o inventando uno propio, elaborar un diario íntimo fragmentario donde se reescriba en primera persona la historia contenida en alguna crónica periodística, la que se pueda desprender de algún aviso clasificado, o de alguna anécdota personal


1 de enero

Hoy vino de visita la tía Pochi. Me trajo de regalo una planta. Una monstera. Para la segunda rueda de mates, y cuando ya no quedaban parientes vivos ni muertos para despellejar, la tía Pochi piantó un lagrimón y, por fin, se animó a preguntarme: «¿Cómo vas con el tratamiento?» Le juré que estaba bien y que sí, que comía sano. Pobre. ¿De qué serviría decirle que me siento como si fuera la monstera que me regaló?, espléndida por fuera, pero por dentro llena de agujeros como los que tienen las hojas. En las tres horas y pico que estuvimos juntas, jamás se mencionó la palabra cáncer.

 

7 de enero

Hoy me quedé una hora observando a la monstera, se la ve feliz, lo noto a simple vista en el verde vivo de las hojas que se mueven saltarinas con la brisa que pasa por la galería. Tiene todo lo que necesita: el calor del sol, sombra, agua, pájaros que le cantan, ¿por qué no supe comprender a tiempo que la vida tiene que ser así de simple?, que podemos ser felices con muy pocas cosas. Puse la maceta al lado del lazo de amor y de la , en estos casos las amistades son muy importantes, y si son variadas mejor aún.


14 de enero

Algo le pasa a la monstera. En el borde de una de sus hojas tiene una mancha parda que, cuando la toco, se me quiebra entre los dedos. Preparo funguicida y la rocío, tal y como a mí me inyectan las drogas de la quimioterapia. Yo sé que no se debe sentir bien, porque es algo muy agresivo, pero es para salvarla, para salvarnos ambas. No quiero que muera y yo tampoco me quiero morir.


21 de enero

La espera se hace eterna, la monstera y yo estamos a merced de productos químicos. Extremo los cuidados, a ella la riego con agua mineral y yo me tomo tres litros. Le agrego un poquito de fertilizante para aumentarle las defensas y yo le doy al limón, jengibre, algas, verduras y frutas, más todo lo que voy descubriendo por el camino.


28 de enero

La hoja de la monstera sigue con la mancha por lo que decido cortársela. Se la nota tristona, ella no puede hablar pero yo sé lo que siente. Está pensando en que si bien la hoja enferma ya no está, nada ni nadie nos puede garantizar que el ácaro o el tumor siga dando vueltas por ahí, y que en algún momento se le ocurra despertarse para seguir haciendo daño.


31 de enero

La monstera volvió a mecer sus hojas al viento y yo continúo con el tratamiento. La vida es muy sabia, pase lo que pase, ella no puede detenerse por una planta o por un ser humano. Nosotros, en cambio, sí podemos parar y replantearnos nuestra propia existencia, volver a lo simple y abrazar la fe.

 


Consigna quince delta. Cualquiera haya sido la opción elegida, agregar al texto una nota al pie de página firmada por El Editor, o un prólogo, o un relato, que le sirva de marco como en el inicio de “Loco” y justifique su publicación.

En una de mis visitas dominicales al cementerio que queda justo atrás de la capilla, me llamó la atención un tumba, no por lo fastuosa, al contrario, era una simple lápida de cemento alisado gris que contrastaba con el verde prístino de una monstera. Al acercarme veo una pequeña bolsa de nylon con papeles, la abro, son dos hojas que ya se han vuelto amarillentas y la firma, algo borrosa, coincide con el nombre escrito en la lápida.

 


Copyright©Diana Cornejo

Febrero, 2020.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor