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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo IV La literatura y los géneros discursivos de uso cotidiano

Consigna nueve Escribir una receta, un reglamento o unas instrucciones con un objetivo a elección.


MÉTODO PARA MANTENER AL NIÑO QUE SOMOS

AÚN EN LA ADULTEZ


El método carece de la instrucción “ingenieril” a la que estamos acostumbrados, una cosa encastra con la otra y así en sucesión hasta terminar con el armado de la cuestión. Esto no es ingeniería, sino una rama de la metafísica, de la más inexplicable.

En caso de que usted sea un adulto,  aférrese a estas instrucciones para tratar de doblegar por unos instantes tal régimen. Y si usted no lo es, lea atentamente este instructivo para ralentizar el proceso (próximas investigaciones intentaremos detener el tiempo), ya que este traspaso hacia la adultez se inmiscuye en la vida de uno de manera sigilosa y, sin darse cuenta, un día se encontrará en medio de un desierto atediado de sinsaberes.

El método correspondiente a la niñez eterna, consiste en aprender a distinguir la esencia de las cosas,  la abstracción de todo aquello que lo rodea, utilizando los sentidos corporales. Le ha ocurrido a usted en alguna ocasión, determinante de la causa, quedar ajeno de su propia voluntad, y ver el tiempo detenerse. Puede ocurrir al sentir una brisa de viento que trae consigo el olor a tierra mojada, previa a la lluvia; o el olor al jazmín en flor en el mes de noviembre;  podría ser también un gusto por algún alimento en particular, por ejemplo, una medialuna mojada con el café con leche, y esto lo retrotrae a un recuerdo, a un sentimiento de antaño, o a un deseo, y se mantiene en nuestro ser como un bálsamo que condensa el ambiente mientras el mundo sigue su camino, dejándonos aislado de todo, con la sensación de estar flotando en el aire, sin entender a ciencia cierta qué esta sucediendo; en ese instante debe usted cerrar los ojos (procure hacerlo) y prestar mucha atención cómo el alma se ahínca, llenándose de una encantadora magia (usted sabrá darse cuenta), prosiguiendo en un retumbo del corazón, sin caer en una arritmia, con un contragolpe de más, una o dos veces, y finaliza con una incipiente doblez hacia arriba en las comisuras de los labios. No tema, esto es insignificante a la vista del otro. A saber, la abstracción comienza desde lo inexplicable: el alma;  pasa por el interior del cuerpo tocando el corazón, y concluye con un sutil reflejo en los contornos de los labios,  promovido por la intra musculatura facial. La importancia de este método está en captar el momento y, cuando todo esto sucede, cierre los ojos y trate de perpetuar lo más que pueda ese instante, en conciencia de la experiencia. Ahí, y sin miedo a equivocarse, estará en presencia de su niño interior, procure cuidarlo eternamente, y hacerlo revivir cuantas veces sea posible.

Solo un niño es capaz de entender la esencia de la vida misma, los sentimientos inmortales, la felicidad genuina; y una vez despierto podrá escapar por unos instantes de este fenómeno a nivel mundial llamado idiotez,  en todo caso, lo que está justo del otro lado de la niñez.

 


Consigna diez Imaginar la siguiente situación: dos mecánicos intercambian chismes en un taller de barrio, mientras trabajan en la reparación del vehículo de una señora/señorita. La charla de los dos se mezcla con la enumeración de las acciones de los mecánicos, llevada a cabo por un narrador objetivo (que se limita a referir acciones del modo más neutro posible). 

Utilizando esta idea, escribir un relato en el cual se parodie el lenguaje de los mecánicos (extensión máxima: 1 carilla).

La mujer de vestido floreado  se baja del auto con bronca y camina hacia el taller, mientras los dos mecánicos la ven venir. «José, me parece que la piba viene para acá». «Mira lo buena que está, dejame atenderla». «Qué vivo que sos, al flaco anterior ni lo saludaste». «Este auto no anda ni para atrás, siempre me deja a pata» –dice la señorita de vestido floreado.

Los dos mecánicos metidos en el capot del vehículo se miran mientras sonríen. La mujer habla por celular. José desarma unos cables provenientes de la bobina mientras hace gesto de preocupación. La mujer hace un lapsus en su charla telefónica  «Estoy apurada, tengo una reunión en un bar, ¿se puede arreglar ahora?». Mientras, los mecánicos trabajan en la reparación.

–Marcelo, pasame los instrumentos para desarmar la tapa de cilindro. –Dice José en voz alta– (“esta piba no tiene idea de nada, hago unos golpecitos para ganar tiempo”).

–José, no hagas lo mismo que la vez pasada –dice Marcelo en voz bajita.

–Vos dejame a mí, acá estamos para ganar unos mangos también.

–Por favor, necesito el vehículo lo antes posible, me quedo esperando acá. (“El próximo año me compro un cero kilómetro”).

La mujer sigue con su celular en mano, enviando mensajes (“disculpame, pero voy a llegar un poco más tarde, no lo tomes a mal, se me rompió el auto”). «Qué mina linda esta, pero debe ser una loca terrible». «Sí, fíjate cómo nos apura, el novio debe ser profesor de yoga tántrico para bancarse a esta loca». “Será loca, pero yo me caso con esta”. Después de una hora y media de transcurso bajo el capot del vehículo. «Marcelo, terminemos con esta payasada, pasame la francesa que ajusto el tornillito de la manguera de líquido hidráulico y ya está». Una vez cerrado el capot del auto, José sacude sus manos como limpiándolas con un chasquido. «Hemos terminado el trabajo, como verá, tuvimos que hacer unas cuantas reparaciones para que pueda seguir en marcha por mucho tiempo más». «¡Ay muchas gracias, señores!, ¿Cuánto les debo?» “estos tipos más van a cobrar cualquier cosa”. José piensa unos segundos. Mira fijo a Marcelo como intercambiando un pensamiento. Mientras la mujer expectante comienza a sacar el monedero de su cartera.  «Escuche, no nos debe nada, el tipo que la espera en el bar ya se encargó de todo, no puedo decirle mucho más que esto». «¡Pero si ni lo conozco!» “En realidad hace años que no lo veo”. «Bueno muchas gracias por todo». La mujer saluda a los mecánicos mientras retira el auto de taller. «José, ¿cuánta plata te dejó el muchacho del mandado?». «Mucho más de la que te imaginás, vamos a contarla». Los mecánicos contaron el dinero en total silencio, sabían que cualquier comentario los haría cómplices de algo oscuro.

 


Consigna once Elaborar un relato que se construya a partir de una sucesión de telegramas y/o mensajes de correo electrónico, anotaciones de agenda, avisos fúnebres, recetas médicas, mensajes de texto (sms), etc., y que tenga como elemento en común la figura de un personaje que será su emisor o destinatario. Extensión máxima: una carilla. 

Muro de Facebook: “Ayer algún maldito me robó el celular, cualquier mensaje escriban por acá, en privado”.

Nati, qué mala suerte, ¿te hicieron algo los chorros?, a la tarde paso por tu casa a buscar los apuntes y estudiamos un poco.

Hola, Lucre, me lo sacaron de la cartera mientras estábamos almorzando con Tomas, no me di cuenta. Dale, te espero a la tarde. Besos.

Natiii, ¡qué mal!, seguro fue el tipo que se acercó mientras almorzábamos, el de las flores, ¡qué bronca! No vamos más a ese lugar. A la tardecita paso por tu casa, besos.

Sí, también sospecho lo mismo, se acercó mucho y justo tenía la cartera en la silla, ya no se puede estar tranquilo en ningún lado. Te espero, voy  estar estudiando con Lucre.

Muro de Facebook: “Nena, ¿podés ir a sacarme plata al cajero esta tarde? Se me vence la supervivencia y yo estoy muy cansada para salir del departamento”.

¡Abuela! Te mando este audio desde el teléfono de Lucre, para avisarte que me escribiste en el muro de Facebook, ¡todos pueden ver ese mensaje!, por favor, borralo urgente. A la tardecita paso por tu casa, voy con Tomás que me acompaña. Besos, te quiero mucho.

Muro de Facebook: “¿Y cómo hago para borrarlo, nena?”

Abuela, seguís escribiendo en el muro, ya voy para tu casa a acomodar todo esto, esperame, no escribas más.

Tomás, te espero en lo de mi abuela, tengo que borrar las macanas que hace escribiendo en el muro de Facebook.

Hola, Natalia, soy José y tengo tu celular, nadie te lo robó, lo encontré ayer en el restaurante antes de irme, estaba tirado en el piso debajo de una mesa,  esta noche voy a vender flores al mismo sitio, si te parece nos vemos ahí y te lo doy.

Hola, José, te escribo desde el celular de un amigo, ¡qué bueno que me avises!, es un alivio, pensé que me lo habían robado, por suerte existe gente como vos en este mundo, gracias por ser tan amable, ya salgo para allá con Tomás y te invitamos a cenar con nosotros. ¡Gracias!

 


Copyright©Antonio C.

Diciembre, 2019.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor