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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

TIEL Iniciación a la Escritura Literaria

 

(TIEL) Módulo II Relatos del yo

Consigna dieciséis a Usted es Emilio Renzi y le envía una carta a Bartolomé Marconi en la que critica la actitud que tuvo con respecto a las cartas de la mujer fea. Renzi, como buen intelectual, enmarca su comentario en un tema más amplio: la relación vida/literatura.


Querido Bartolomé Marconi:

Hace poco más de tren meses tuvimos una larga conversación en el club social de Concordia, estábamos con Tardewski de lo más bien,  inmersos en conversaciones profundas, llenando el tiempo, a la espera de la llegada de un tío. Luego, a partir de una cita de nuestro gran escritor Borges, apareciste como de un llamado a la acción, ¿recordás? “En esta remota provincia del litoral agentino ¿Quién está citando de memoria a J. L. Borges?”, y te sentaste con nosotros a discutir literatura. Misteriosa la maquinaria del destino que trabaja para coincidir hechos y personas en un punto. Aquí estoy escribiéndote una misiva, mejor dicho, comencé con el intento de hacer algo concreto, pero mi genio puede más que mi propia voluntad, será una carta algo extendida que la pensada primeramente, ya que debido a mi profesión de escritor, se me da por escribir, mucho mejor que lo llano y lo concreto que a esta altura podría ser un llamado telefónico.

 

Aquella noche en el club,  después que te fuiste a terminar una nota de ya no recuerdo quién, para el diario de Concordia, cosa que dudo hayas podido terminar, a menos que la ginebra te siente tan bien que despierte la reflexión necesaria para escribir un artículo. Aquella noche, con Tardewski nos quedamos hasta altas horas de la madrugada, seguimos conversando sobre cuestiones,  como te imaginarás, embebidos en la ginebra. Pero la cosa no termina ahí, sino que después fuimos al hotel a buscar al profesor, y seguimos enredados en nuestra charla, más bien, era yo quien escuchaba a Tardewski, siempre impresionado por su filosofía, y por el hecho de haber conocido e interactuado con J. Joyce; creo que esto último me seducía mucho más que lo otro.

Tardewski me refirió esa noche, tu historia con la mujer de perfecta literatura, pero de un aspecto horrendo. No voy a precisar los detalles del relato, confío que Tardewski fue muy preciso en ello. Y no lo culpemos por el hecho de haberme contado algo que te implica, ya que entonces yo estaba impactado por tu sabiduría literaria, hasta después de esta historia, y no precisamente por el acto de desprecio por aquella mujer, que será fea, pero ¿a los ojos de quién?, sino, el desprecio a la literatura en sí. Ella vive por sí misma, y no es en todos los casos un reflejo de la vida de quien la escribe.  Ya lo dijo W. Benjamin: «Es sabido que Proust no ha descrito en su obra una vida, tal como realmente es, sino una vida tal como la recuerda quien la haya experimentado». Y los recuerdos pueden manipularse hasta hacerlos propios de una existencia ya pasada. Pero también existe otra alternativa aplicada por  grandes escritores, que al parecer han de haber sido muy feos, según tu criterio: narrar sobre otros.

En una de las tantas charlas que hemos tenido con mi amigo Ricardo Piglia, cuando él me contaba sus experiencias con la escritura, y me decía Ricardo, que “vivir en un hotel es el mejor modo de no caer en la ilusión de tener una vida personal, de no tener quiero decir”, decía Ricardo, “nada personal para contar, salvo los rastros que dejan otros”.

Si algún día andás por estos lares, voy a presentarte a Ricardo Piglia, y tendrás el honor de haber conocido en verdad a un maestro de la literatura borgeana, pero con el riesgo de que tus conocimientos queden sepultados para siempre, bajo un recuerdo de lo que alguna vez creíste haber sido.

Sé de tu arrepentimiento por la actitud con respecto a ella, Tardewski no omitió ese detalle que hace a los seres vivos, humanos. Tu egoísmo fue más fuerte que tu sabiduría, y no querrás destacarte por ególatra. La inseguridad de que un amateur destrone tu carrera, querido colega, está latente en todos los ámbitos, pero peor que esto, es intentar opacar aquello que brilla por sí solo.  Por eso propongo en estas líneas finales, juntarnos en un proyecto que podrá hacer historia en la literatura agentina, escribir una novela epistolar, enteramente hecha de correspondencia, con sus idas y vueltas, en las cuales incluiremos estas cartas de excepcional calidad literaria, sin dejar de hacer mención a su verdadero remitente.

Sin más que decir, espero tu respuesta lo antes posible.

E. Renzi

 

 

Consigna dieciséis b Como en un juego de cajas chinas, incluir esta carta dentro de un relato que explique la necesidad de la publicación de la mencionada carta (extensión máxima 3 carillas)

Vivía con su hermana, en una casa heredada por sus padres en las afueras de Concordia, se ganaba la vida bordando manteles, la ayuda de su hermana en el labor  del trabajo era primordial, a veces se juntaban tantos pedidos que era necesario dividir las tareas de bordado y costura entre las dos para poder llegar a tiempo con las entregas; las dos formaban un buen equipo de trabajo. Pero lo cierto es que su hermana Beatriz solo ayudaba cuando era necesario, ella estaba convencida de que su vida había sido creada para algo más trascendente que solo bordar manteles, y Florencia la veía deprimida todo el día sola en su casa.

Beatriz amaba la literatura universal, y cuando el trabajo era poco, se pasaba el tiempo leyendo sus autores favoritos, que apilaba en su biblioteca centrada en el medio del gran living de su casa, autores clásicos, Shakespeare en su idioma original, Miguel de Cervantes, Oscar Wilde, y muchos más. Su gran deseo era escribir como ellos, sabiendo que era imposible igualarlos, pero al menos con la práctica de la escritura, podría hacer algo de lo cual sentirse orgullosa.

Florencia sabía aquel deseo de su hermana, también sabía que tenía las condiciones suficientes para  dedicarse exclusivamente a la escritura. Entonces tomó una decisión, ir a hablar con un amigo de su infancia, que hace tiempo se había convertido en un poeta muy respetado en la ciudad de Concordia.

Le contó a su amigo Marconi las condiciones que reunía su hermana para la literatura.  El poeta no era un tipo caracterizado por su empatía, pero su actitud fue distinta a la que hubiera tomado cualquier otro día, entonces comenzó a contar una historia de antaño, cuando era un joven estudiante. “Recuerdo aquella noche como si fuera hoy”, decía Marconi, “me sentía enervado por la música de Beethoven, y un poco sedado por culpa del vino que ya llegaba a distorsionar mis pensamientos, recordé unas cartas que me enviaba una muchacha que se decía fanática mía, por mis poemas que escribo para el diario matutino de Concordia, que no son la gran cosa”, decía Marconi, mientras Florencia lo escuchaba atentamente, “eran de una literatura excepcional en todo sentido, con una perfección inigualable, en cada una de sus cartas temblaba mi pulso”, decía Marconi, “al pensar que yo jamás podré escribir así, esa noche cometí el peor de mis errores, la llamé para conocerla y vengarme de su perfección literaria, aquella que yo jamás podré igualar, le dije que sus cartas eran pésimas, que no era necesario utilizar ese método algo arcaico y latinizado para impresionar a nadie, que no valía la pena escribir en este mundo, a menos que tu vida tenga algo valioso que contar”. En la medida que Marconi relataba esa anécdota a Florencia, sus ojos se contenían de unas lágrimas de pura tristeza. Marconi sacó una carta de su cajón de escritorio, en ella explicaba la razón de su compasión,  sabía que el daño había sido muy fuerte para esa mujer, pero más fuerte aún a la literatura en general.

Florencia volvió a su casa con una gran noticia para su hermana, había logrado que la consideraran para un proyecto que se estaba gestando, le pidió que escribiera cartas destinada al poeta local Bartolomé Marconi, que incluyera sus cuentos que tanto amaba escribir.

Beatriz se paró frente al espejo, esta vez no se vio tan fea y desalineada como siempre, lloró y abrazó a su hermana, agradecida por su acto. Y comenzó esa misma tarde a escribir cartas con relatos de su autoría, con un talento absolutamente fuera de lo común, capaz de impresionar al mejor de los escritores de habla hispana.

El poeta Marconi supo esa misma tarde en que Beatriz escribía, que el mundo de la literatura volvía a brillar en secreto.

 


Buscar viejas fotografías familiares a través de las cuales se pueda establecer una secuencia de recuerdos, es decir, una historia familiar. Tomar a uno de sus personajes como narrador protagonista y/o testigo y escribir el tramo de su diario íntimo correspondientes a esos acontecimientos.

Consigna quince delta Cualquiera haya sido la opción elegida, agregar al texto una nota al pie de página firmada por El Editor, o un prólogo, o un relato que sirva de marco como en el inicio de “loco” y justifique su publicación.


1942

20 de Septiembre

Hace más de 20 días que estoy en cama, por eso no he podido escribir nada, recién hoy pude salir un poco de mi habitación a tomar algo de aire fresco. ¿Saldré de ésta? Siento muy cansado el cuerpo, pero en cuanto entra la noche profunda, me da ganas de escribir; aquí estoy.

Pobre Julia, hace lo que puede con tanto trabajo, qué fuerte que es, estoy orgulloso de ella, tendría que decírselo un día de estos las chicas siguen sus pasos, la ayudan en todo.

Ella me dijo que Antonito salió a vender los cueros en la carreta con el percherón, con tan solo 15 años salió solo a hacer el recorrido, ¿y los demás?

21 de Septiembre

Esta mañana pensaba en Antonito, ¡qué encarador que es!, espero haya llevado abrigo grueso, sin olvidar que las heladas nocturnas aún forman parte de este paisaje.

A veces hablo con Dios mirando al cielo, para que me dé más tiempo de vida, y así poder cumplir la temporada con todos mis clientes, fieles clientes, y terminar de darle los mejores consejos a Antonio;  por lo que veo, será un gran comerciante.

26 de Septiembre

Cinco días sin escribir, estuve ocupado terminando dos poesías de ocho estrofas cada una, compuesta por seis versos por estrofa; los enviaré a Bs. As. mañana temprano,  espero que esta vez la paga sea mejor.

En cuanto a mi estado, voy mejorando, ya puedo ayudar a Julia en las tareas de la casa.

Antonito llegó ayer, lo vi muy cansado, pero entusiasmadísimo, ¡vendió todos los cueros! Y lo más valioso, es que los cobró a todos sin excepción. Los clientes supieron entender la situación, Dios bendiga a esta gente.

Antonio tiene habilidad para el negocio, “este tiene pasta”, como diría mi amigo Giuseppe, italiano de la región de Liguria, ¡estos italianos tienen cada dicho!

En tres días salgo a hacer las compras de los cueros, sea como sea.

28 de Septiembre

Me siento mucho mejor, debe ayudar el clima, en estos tiempos de sol que templa el suelo, de la misma manera templa mi pecho y mi alma; la tos ya se fue y mi respiración deja de ser pausada y disonante, ahora fluye continua y ancha como en mi juventud trepando el monte Hermón.

Pedro y Felipe quieren venir conmigo a hacer la compra, pero la verdad es que le voy a decir a Antonito, se lo merece. Prometo enseñarle todo sobre el oficio en los próximos días.

30 de Septiembre

Mi hermano Máximo debe estar llegando a Bs. As. ¿Habrá sufrido mucho el viaje en barco?

Como me gustaría recibirlo en el puerto, cobijarlo y traerlo en mi carreta hasta estos lados. Tarea imposible con tanto trabajo que hacer. Cuando llegue a casa, voy a decirle a Julia que prepare el Kepi que tan exquisito le sale.

Mañana salgo a hacer el recorrido de compra de los cueritos de cordero nonato, dicen que en Bs. As. los están pagando muy bien. Antonio está encantado de acompañarme al recorrido, voy a enseñarle todo lo que sé.


NOTA PARA EL LECTOR

Este es un libro dedicado a mi abuelo Antonio, no siendo mis escrituras las que relatan los hechos más que sus palabras, envueltas en estas letras que aquí dejo de testigo.

¿El destino nos viene marcado? ¿O será que hacemos camino al andar? Al encontrar estos fragmentos correspondiente al diario personal de Manzur, padre de Antonio, me doy cuenta que la vida es una combinación de ambas.

Para su entendimiento, traduje algunas palabras escritas en su natal árabe.  Comienzo el primer capítulo con estos fragmentos, luego prosigo con la vida misma de Antonio en su juventud hasta el día de hoy. Y al final del libro lo que considero excepcional en todo sentido, las poesías, que de manera críptica dejan un testamento de enseñanza a toda una familia.

 


Copyright©ANTONIO C

Noviembre, 2019.  Todos los derechos reservados por su autor


Nota: las correcciones finales de los textos estuvieron a cargo de su autor